miércoles, 16 de septiembre de 2009




El ALBA en la mira. Organizar la defensa
Pedro Campos

Miércoles, 16 de septiembre de 2009

El imperialismo, ese fenómeno económico, político y social que va más allá de gobiernos e intenciones, identificó claramente al ALBA, Alianza Bolivariana para Las Américas, y a los procesos democrático-revolucionarios que implican una nueva concepción hacia el socialismo desde la democracia, como los peligros estratégicos fundamentales en el continente americano.

Claro estuvo, desde el primer momento, que el ataque militar colombiano-norteamericano al interior del Ecuador para asesinar al Comandante Raúl Reyes, Segundo Jefe de las FAR, tenía también el fin político de debilitar el prestigio del gobierno de Correa en el Ecuador, que se había declarado desde el principio partidario de las ideas del Socialismo del Siglo XXI y crear complicaciones políticas y diplomáticas a los gobiernos de la región, especialmente al de Chávez.

La campaña mediática de descrédito y aislamiento contra las FAR y sus supuestos vínculos con los gobiernos de Chávez y Correa, buscaban justificar la agresión, poner a la defensiva a ambos estados y crear condiciones para nuevas escaladas contra los tres.

La no aceptación de tales vínculos debió y debe ir unida al reconocimiento del derecho que asiste al pueblo colombiano a defenderse por todas las vías posibles de un gobierno comprobadamente genocida y pro imperialista como el de Uribe y a una clara estrategia de aislamiento contra el mismo. La ausencia o baja presencia de ambos elementos en las posiciones diplomáticas y políticas en los gobiernos de la región, han facilitado el camino posterior al golpe en Honduras y a las nuevas bases militares en Colombia.

“La lucha contra el terrorismo” que Washington ha pretendido justificar con los acontecimientos del 11-9, ha querido ser extendida al movimiento guerrillero colombiano, sobre los mismos argumentos, cuando nada han tenido que ver unos y otros. Siempre obre los movimientos armados en la región ha pendido la campaña de acusaciones imperialistas de “terrorista”, más sin razón que con ella. Aceptando que en todo proceso de lucha armada se comenten errores, no hay comparación posible entre los asesinatos masivos atroces, sofisticados o no, del gobierno de Uribe, con los excesos de las guerrillas colombianas. Pero el predominio mediático hace la diferencia contra las guerrillas.

El zarpazo en Honduras, fue realizado en el eslabón más débil del ALBA y cuando el Presidente Zelaya se proponía empezar a crear condiciones para introducir cambios en la constitución que le permitieran ampliar la participación del pueblo en la toma de decisiones y realizar posteriores transformaciones dirigidas a satisfacer los intereses de las grandes mayorías.

El reciente anuncio de la implantación de nuevas bases militares norteamericanas en Colombia es un nuevo paso de avance en dirección al desmantelamiento del ALBA y encaminado a tratar de destruir definitivamente a las FAR.

Se pretende especialmente que Venezuela y Ecuador se enrolen en una carrera de armamentos, que obstaculice los planes generales de integración y ayuda mutua económica del ALBA, obligue a Chávez a concentrar recursos en el fortalecimiento de las Fuerzas Armadas, afectar los medios que dedica su gobierno a los programas sociales para debilitar su posición con miras a las próximas elecciones y disminuya la ayuda económica a Cuba y demás países en el ALBA.

La estrategia es clara: desorganizar las potencialidades económicas y políticas del ALBA, para destruirla, especialmente al gobierno bolivariano venezolano, alma y eje del proyecto.

El ALBA no debe caer en la provocación de impulsar la carrera armamentista, el militarismo y sus gastos interminables. La historia ha demostrado que los procesos revolucionarios son mejor guardados por las milicias formadas por trabajadores, campesinos y estudiantes armados, entrenados y dotados de la técnicas modernas de comunicación y demolición para defender sus intereses inmediatos concretos, que por ejércitos elitistas, dotados de armamento sofisticado, con estructuras verticales y bajo control autoritario que pueden terminar sirviendo al mejor postor y no defendiendo posiciones ideológicas de principios: se vio en Europa ex socialista y en las recientes guerras en Asia.

En una concepción integral de la Defensa Nacional, el militar es solo uno de los componentes de la Defensa, donde pasan a primer plano el apoyo popular masivo al sistema económico-político-social y el desarrollo económico en función de los intereses de todos los nacionales y no de una parte de ellos.

La reciente reunión de UNASUR, aún cuando evidenció todo el contenido de la estrategia militar norteamericana en la región con base en el gobierno de Uribe y puso a éste a la defensiva y bajo escrutinio, no dejó una respuesta contundente integral contra la presencia de bases militares norteamericanas en Colombia y el resto del continente, dada la diferencia de intereses que allí se mueven.

Esa reunión demostró la necesidad de estrechar los vínculos internos del ALBA, sobre todo en su núcleo duro, más allá de los planes de integración general en la región sur-americana que deben ser incluso reforzados, pues la idea de la unión latinoamericana constituye una estrategia imprescindible para el futuro de la región.

Ante la clara ofensiva del imperio, urge al ALBA organizar una estrategia común integral de enfrentamiento que combine tácticas de cooperación internas y externas y abarque política, economía, diplomacia y asuntos militares, algo que algunos compañeros ya han empezado a abordar, la cual podría comprender –también- estas cinco direcciones principales:

1-Acelerar todo lo posible los planes de integración económica, política y militar del ALBA, que posibilite una actuación mancomunadamente en la arena internacional. La integración debe conllevar a la moneda común corriente más allá del intercambio entre países y a la eliminación de las fronteras entre ellos, de manera que pueda consolidarse en las bases, pueblo a pueblo, a nivel macro y micro económico-social. Acabemos de echar a un lado egoísmos, protagonismos y fronteras nacionales para que lo mejor de cada nación se generalice. De esa manera el bloqueo norteamericano a Cuba quedaría hecho trizas.

2-Perfeccionar en cada país, el sistema político y económico-social de participación democrática y autogobierno popular sobre todos los asuntos que le conciernen a la ciudadanía, a los colectivos laborales y sociales, especialmente en el área económica, que potencie el desarrollo del nivel de vida de todos y comprometa cada vez más a mayores grupos de trabajadores de la ciudad y el campo, manuales e intelectuales y de la población en general, en la defensa activa de sus propios intereses concretos, sus medios de producción, sus industrias, territorios y bosques, sobre la base de una concepción tipo estrategia de la guerra de todo el pueblo.

3-Concentrar los recursos del ALBA, en lugar de dispersarlos. Es loable la intención de tratar de llegar a la mayor cantidad de países de la región, pero la complicada situación económica sugiere no expandir más sus alcances y concentrarlos en los países que se integren plenamente a la Alianza.

4-Trabajar en una estrategia común para aislar al gobierno golpista de Honduras y al de Uribe en Colombia a fin de inmovilizarlos, hacerles pagar un alto costo económico y político por su alianza con el imperio, así como desarrollar un amplio plan de solidaridad popular con los movimientos democráticos y revolucionarios de esos países.

5-Externamente debería concertarse una estrategia común de los países del ALBA tendiente a negociar en bloque los intereses comunes frente a EE.UU. , a fin de llegar a acuerdos sobre la no presencia de bases militares extranjeras en la región, así como de seguridad mutuos que garanticen la no utilización de la fuerza en los litigios entre ambos, retomar el espíritu de la política que llevó al Tratado de Tlatelolco sobre la prohibición de ensayo, uso, fabricación, producción o adquisición de armas nucleares que firmó en su momento EE.UU., y desarrollar acciones regionales y de cooperación con las autoridades norteamericanas en otros temas de interés bilateral.

De manera que los intereses de EE.UU., como vecino, no puedan ser utilizados para encubrir su penetración político-militar-económica en la región.

Claramente el ALBA está en la mira del Imperio. Urge organizar una estrategia integral de enfrentamiento.

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