miércoles, 4 de agosto de 2010

"ZAMURO CUIDANDO CARNE". CON ESTA DECISIÓN LA ONU CAVA SU TUMBA MAS RÁPIDO DE LO QUE SE PENSABA.


Uribe, un indeseable investigador.

Rebelión...04/08/2010


¿Alguien se imagina a Pinochet investigando los crímenes de la dictadura argentina de Videla y compañía o al General Videla investigando los crímenes de la dictadura pinochetista?

¿Alguien podría imaginarse al dictador Somoza investigando los crímenes de Trujillo en República Dominicana o a Trujillo investigando los crímenes de Somoza en Nicaragua? ¿O a Pinochet, Videla y Somoza investigando los crímenes del fascismo?

Es imposible imaginarse una cosa así o parecida. Pero la realidad es más sorprendente que los hechos de la imaginación.

El Secretario General de la ONU ha anunciado que habrá una Comisión Internacional que investigará la masacre (llamada por la ONU incidente) realizada el 31 de mayo contra la flotilla humanitaria que se dirigía a Gaza.

Dice el Secretario General que Israel y Turquía están de acuerdo con el Comité Investigador.

El Comité será presidido por el ex primer ministro de Nueva Zelanda Geoffrey Palmer y el vicepresidente será ….. ¡Álvaro Uribe Vélez!

Nada más absurdo, escandaloso y aberrante.

Hay más de un millón de razones.

Uribe ha sido el más firme aliado político y militar de Israel en América Latina. Israel está estrechamente relacionado con el surgimiento del paramilitarismo en Colombia. Sobre el gobierno de Uribe y muchos uribistas cursan investigaciones y procesos por miles de crímenes de lesa humanidad.

Al salir de la presidencia Uribe debe ir a un Comité investigador, es cierto. Pero como investigado.

EL PAYASO ENVIADO POR URIBE A LA OEA, MONTO UN CIRCO PERVERSO PARA OCULTAR LAS FOSAS COMUNES RECIÉN ENCONTRADAS, CRÍMENES DE LESA HUMANIDAD.


Supuestas pruebas colombianas contra Venezuela carecen de condición jurídica

teleSUR..04/08/2010


La fiscal general de Venezuela, Luisa Ortega Díaz, sostuvo este martes que los elementos presentados por Bogotá ante la Organización de Estados Americanos (OEA) como pruebas de la supuesta existencia de guerrilleros de Colombia en su territorio, carecen de condición jurídica porque no han sido consignadas a las autoridades del Gobierno Bolivariano.

"Respecto a las coordenadas igual vale la carga de la prueba, estas coordenadas no han sido presentadas ante una autoridad venezolana, no han sido presentadas ante la cancillería venezolana por la vía diplomática", por lo que carecen de condición jurídica, explicó a teleSUR la fiscal.

"Mucho menos (las
supuestas pruebas ) han sido de conocimiento del Ministerio Público (MP) venezolano, en consecuencia, el MP no tiene en sus manos ningún elemento que le permita iniciar una investigación o corroborar la certeza o no de esto", argumentó.

El embajador de Colombia ante la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Alfonso Hoyos, quien se encuentra inhabilitado de por vida por corrupción, presentó el pasado 22 de julio, durante una sesión extraordinaria del sistema hemisférico, las cuestionadas pruebas, que se resumían en una serie de fotos, videos, y mapas de Google.

Entre los elementos que Bogotá presentó como pruebas ante la OEA había fotos en la selva sacadas de supuestos ordenadores entregados por desmovilizados y mapas de Google con las coordenadas donde, según afirmó Hoyos, se encuentran guerrilleros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y del Ejército de Liberación Nacional (ELN) en territorio venezolano.

Las fotos presentadas muestran a guerrilleros comiendo en medio de la selva, rodeados de árboles, asando cochinos, y unos videos donde según afirma Hoyos se muestra al guerrillero de las FARC, Iván Márquez, mientras se da un baño.

Ese 22 de julio, el Gobierno venezolano resolvió romper relaciones con la saliente administración colombiana de Álvaro Uribe.

"Lo anuncio con una lágrima en el corazón: Venezuela rompe a partir de este momento todas las relaciones con el gobierno de Colombia", anunció el presidente, Hugo Chávez, en una declaración a periodistas en el Palacio de Miraflores (Palacio de Presidencial) ese 22 de julio.

Chávez aseveró que se trató de una decisión adoptada por dignidad ante las continuas acusaciones del Gobierno del saliente mandatario Álvaro Uribe, contra su país.


Fuente: http://www.telesurtv.net/noticias/secciones/nota/76059-NN/supuestas-pruebas-colombianas-contra-venezuela-carecen-de-condicion-juridica/

martes, 3 de agosto de 2010

EL GOBIERNO QUE SURGIÓ DE ESE HECHO HISTÓRICO RECONOCIÓ A LOS TRABAJADORES COMO PARTE DE LA ESCENA POLÍTICA.

El legado de Getulio Vargas y el proyecto de poder popular de las mayorías

Rebelión...03/08/2010





Para los navegantes que necesitan del viento, la memoria es un punto de partida. Eduardo Galeano

El olvido vergonzoso de los muertos es profanación. José Martí.


Muchos luchadores y luchadoras sociales niegan que exista un legado de Vargas para las luchas para la liberación nacional y social del pueblo trabajador brasileño. Basados en una visión eurocéntrica de la lucha de clases en el Brasil y en América Latina terminan por reducir ese legado a un cuestionable concepto de populismo, de corporativismo sindical y al control y cooptación de los trabajadores a partir de mecanismos jurídicos y legislativos.

Reducen las acciones políticas de los trabajadores identificados con el legado de Vargas a una conspiración (sic) de las clases dominantes para decir al pueblo trabajador de sus “reales” y “verdaderos” intereses de clase. No logran verlas como manifestaciones legítimas de un sector de los trabajadores brasileños que extraían de la era Vargas los recursos necesarios para sus reivindicaciones y luchas y el fortalecimiento de sus nociones de dignidad y de justicia social.

La era Vargas comienza con la revolución del 30, cuyo líder incuestionable fue Vargas. El gobierno que surgió de ese hecho histórico reconoció a los trabajadores como parte de la escena política y así se intensificó el cúmulo de experiencias en las luchas cotidianas por la reivindicación de sus derechos, violentamente interrumpida en marzo de 1964 cuando el pueblo trabajador aumenta su comprensión tanto acerca de quienes son sus enemigos como de su propio papel para transformar la historia.

En 1930 el gobierno constitucional de Getulio Vargas crea el Ministerio de Trabajo y los trabajadores son reconocidos por el Estado como ciudadanos. La cuestión social ya no es vista por el gobierno como un tema policial, sino político. De modo que con el avance de la organización sindical como resultado de numerosas huelgas y movilizaciones, los derechos de los trabajadores son reconocidos mediante leyes y extensivos a todos los trabajadores. La burguesía boicotea las leyes laborales de muy diversas maneras y la diferencia entre lo que establecían las leyes y la realidad en los lugares de trabajo produce muchas movilizaciones y huelgas en la década del 30. De allí la presión de la burguesía sobre Vargas que lleva al establecimiento en 1937 del Nuevo Estado y que al no ser entendidas se instalan como respuesta definitiva a la lucha de clases y al “desorden social”.

En 1943, esa misma burguesía, entendiendo que el Estado no respondía a sus intereses inmediatos y particulares asume claramente una oposición a Vargas, liberal, anti–trabajadores asociada a los intereses imperialistas de los EEUU. Como respuesta Vargas lanza en 1943 una fuerte campaña pro sindicalización y el impuesto sindical. El empresariado denuncia este impuesto como un instrumento de agitación huelguista. Getulio establece la consolidación de las Leyes Laborales unificando las que se hallaban dispersas y la Justicia del Trabajo. Ambas permitirían teóricamente un mayor control de la aplicación de tales leyes. Queda claro que en lo cotidiano existía gran distancia entre lo que establecían las leyes y la realidad de los trabajadores en sus lugares de trabajo. Y a partir de allí se reanudan las movilizaciones en los sindicatos y las reivindicaciones.

Contra el deseo del capital y del imperialismo, el Estado Nuevo se desintegra produciendo la mayor movilización popular de la década en defensa de los derechos de los trabajadores y de la candidatura de Vargas a la Presidencia. Los trabajadores ven a los candidatos del PSD y de UDN defender la “flexibilización” de las leyes laborales y a Vargas impedido de ser candidato por un golpe de palacio explícitamente apoyado por la burguesía y el gobierno usamericano. Aún así esas movilizaciones populares conducen a la formación del Partido Brasileño de los Trabajadores y garantizan en la Constitución del 46 los derechos laborales y la Justicia del Trabajo y las estructuras sindicales son reconocidas por los constituyentes.

El gobierno de Dutra, elegido con el tímido apoyo de Vargas y con la desconfianza del pueblo trabajador, se caracteriza por la persecución del movimiento sindical y la política de subordinación a los intereses del capital y del imperialismo usamericano.

En consecuencia en 1950, Getulio Vargas es elegido presidente por el PTB. Vargas retoma el diálogo entre el gobierno y el movimiento sindical, duplica prácticamente el salario mínimo a valores reales y asume una lógica nacionalista cada vez más radical. Impone serias restricciones a las remesas al exterior de las ganancias de las multinacionales y a los capitales extranjeros que para entrar en el país deben estar asociados a capitales nacionales. Invierte en la creación de Petrobras y de Electrobras con la convicción de que son empresas estatales fundamentales para reducir la dependencia del Brasil del capital internacional y estimular el desarrollo nacional. No acepta enviar tropas al conflicto de Corea y se acerca a los gobiernos de Argentina y de Chile con el objeto de iniciar un proceso de integración latinoamericana frente al imperialismo usamericano. En una reunión con Perón afirma “Mi patria es nuestra América”.

Para la burguesía brasileña y para el imperialismo usamericano son posturas imperdonables y se desencadena una ola de difamaciones en los medios de comunicación que crean un clima golpista. Acosado por sus enemigos, entre rendirse a un posible capitalismo integrado y entreguista y la imposibilidad de instrumentar su proyecto de capitalismo autónomo no subordinado a los intereses internacionales, Vargas no encuentra otra salida política que la del suicidio.

Su carta Testamento es uno de los mayores legados de Vargas. Una vehemente denuncia de los intereses de las multinacionales y del imperialismo. Deja a las próximas generaciones la clara orientación de que la la libertad nacional y social no es posible dentro de los límites impuestos por el capital a los países dependientes.. Los millones de trabajadores que al día siguiente de su suicidio salen indignados, respondiendo a la llamada de su carta Testamento impiden el golpe que estaba en marcha y que recién se consumará en 1964.

La Era Vargas no fue por lo tanto un lazo diluyente de la acción de los trabajadores sino un elemento formador de su cultura y de su experiencia cuyo legado rompió con y sobrepasó la lógica de las tentativas de cooptación política. La cultura política de los trabajadores se apropió de ese legado de acuerdo con sus experiencias, expectativas y sobre todo con los avances de su conciencia de clase, influyendo en los desplazamientos de los significados y propósitos originales.

Un proyecto histórico de poder popular de las mayorías en nuestro país tiene que reconocer la “palabra del obrero y del pueblo” en la lógica de la solidaridad que prevaleció en la movilización política del pueblo trabajador alrededor de ese legado. Un legado que continuó con las posturas antiimperialistas de Jango y fue profundizado mediante una óptica nacionalista y revolucionaria con Brizola.

Aquellos luchadores y luchadoras sociales que olvidan la importancia de rescatar el hilo de la historia, del pasado de luchas del pueblo trabajador en sus proyectos están condenados a repetirla como farsa. La crisis política por la que está pasando el PT que siempre se negó a rescatar ese legado de los trabajadores asi como el raquitismo de los agrupamientos que rompieron con el PT, pero no con la miopía histórica del sectarismo petista, son la comprobación de esa realidad.

Los luchadores y las luchadoras sociales de nuestro país pueden quedar prisioneros de esa lógica. Tienen que superarla apostando a retomar el hilo de la historia que solo será posible mediante la construcción de un amplio frente político antiimperialista que en la lucha popular y clasista se transforme en el instrumento político de un proyecto histórico de poder popular para las mayorías en dirección al socialismo.

Retomado el hilo nos quedará construir la historia…


Aurelio Fernandes es Brizolista, Bolivariano, Guevarista y comunista…siempre patriota, humanista y revolucionario. Cuarenta y nueve años, licenciado en Historia por la UERJ con especialización en Historia del Brasil y Educación a Distancia. Profesor de Historia de la Red Pública estatal. Forma parte de la Coordinación nacional del Movimiento Revolucionario Nacionalista – Círculos Bolivarianos/MORENA- CB Asesor de FAFERI, dirigente del MTST y de la Central Sindical y Popular -Conlutas

Traducido del portugués para Rebelión por Susana Merino

"SUS ÚLTIMOS DÍAS DE GOBIERNO LOS ESTA DEDICANDO URIBE A RASPAR HASTA LA COSTRA DE LA OLLA DE LAS FINANZAS".



Crisis Colombia-Venezuela
El otoño del padrino

Alai-amlatina...03/08/2010


La crisis desatada por el gobierno saliente de Colombia, está siendo acotada por el resto de los gobiernos de la región, que dieron prioridad a la UNASUR en detrimento de una OEA que siguen en caída libre por estar más aferrada al pasado que al futuro.

“SANTOS DEBE HACER su mejor esfuerzo para que Uribe acepte la embajada en Beijing”, escribió la revista británica The Economist como consejo sencillo para evitarle al nuevo presidente lo que puede convertirse en una pesadilla: la interferencia de Álvaro Uribe en todo lo que suceda en Colombia durante su ausencia en el Palacio de Nariño. A estas alturas son pocos los que dudan que detrás de la fuerte denuncia contra Venezuela exista otra cosa que no sea el temor a perder pie en la política interior, con riesgos graves para su propia persona.

Del lado bolivariano son también las cuestiones domésticas las que llevaron a Hugo Chávez a escenificar el drama de la agresión al país, con anuncio mediático que incluyó la presencia de Diego Armando Maradona, convirtiendo el asunto en un sainete diplomático. Si el colombiano teme por su futuro inmediato, el venezolano mira de reojo las elecciones legislativas del 26 de setiembre que, por primera en sus diez años de gobierno, pueden resultarle adversas llevando al régimen a una situación compleja y delicada.

Luiz Inazio Lula da Silva fue el más cáustico de los presidentes de la región: “Lo que me pareció extraño es que esto ocurre a pocos días de que el compañero Uribe deje la presidencia. El nuevo presidente dio señales claras de que quiere construir la paz. Marchaba todo bien hasta que Uribe hizo la denuncia” (Telam, 25 de julio). La pregunta que todos se hacen, es qué llevó al presidente de Colombia a desempolvar un tema archisabido, la presencia de miembros de las FARC en suelo venezolano, apenas dos semanas antes de abandonar el cargo.

Colonia del imperio

La revista Semana pasa por ser un medio vinculado a la familia Santos, uno de los apellidos incrustados en la elite colombiana desde el período colonial. En la columna semanal de Antonio Caballero, uno de los más brillantes periodistas del país, el sábado 17 de julio, se develan algunos pormenores de la fuerte pugna entre Uribe y Santos. “Es una bofetada a Uribe nombrar canciller a la única funcionaria de su gobierno que tuvo la dignidad de renunciarle porque discrepaba de su clientelismo”, escribió en referencia a María Ángela Holguín, canciller designada por el presidente electo.

“Historia de romanos” se titula la formidable pieza periodística. Porque los emperadores de la decadencia romana solían asesinar a su antecesor, pero siempre fue imposible asesinar al sucesor. “Es precisamente eso lo que está intento hacer en los últimos días de su mandato: asesinar al presidente electo”. Caballero interpreta la denuncia de Uribe sobre la presencia de las FARC en Venezuela como un intento de sabotear la normalización de las relaciones cuando Chávez ya había sido invitado a la asunción del mando el próximo 7 de agosto.

Más aún. La canciller designada había manifestado su deseo de “aclarar las diferencias” a raíz del bombardeo del campamento de Raúl Reyes en Ecuador, lo que supone el intento por despolarizar las relaciones bilaterales, algo que podría ser beneficioso para Colombia pero en modo alguno para el Comando Sur que ha diseñado una política anclada en escalar los conflictos como forma de ganar presencia en el patio trasero.

No quedan ahí las diferencias entre Uribe y Santos. El ministro de Agricultura designado, Juan Camilo Restrepo, se opuso durante años a las políticas agrarias del uribismo. Santos declaró su intención de propiciar la reconciliación entre los poderes Ejecutivo y Judicial, que tuvieron choques casi permanentes durante el uribismo, ya que el segundo denunció decenas de casos de parapolítica (parlamentarios financiados por los narcoparamilitares) en las filas del partido oficialista y finalmente impidió la segunda reelección de Uribe pese a que las encuestas lo daban como favorito.

“Sus últimos días de gobierno los está dedicando Uribe a raspar hasta la costra la olla de las finanzas públicas, dejando comprometidos para 20 años los gastos de la nación”, denuncia Caballero. Entregó minas de oro, firmó obras para el metro y un tren de cercanías, y llegó a nombrar embajadores. Ese es Uribe. El hombre venido de abajo que la oligarquía colombiana, a quien Santos encarna, nunca terminó de aceptar.

Pero las disputas no van a terminar con el emperador acuchillado. “Este país no es un imperio, sino una colonia del imperio. Así que es más probable que la cosa se resuelva con la extradición de Uribe a los Estados Unidos”, concluye Caballero. ¿Exagerado? Sin embargo, de eso se habla en voz baja en Bogotá, por lo menos desde hace cinco años. No es probable que algo así suceda, pero no son pocos los que le tienen ganas a Uribe. Y que se diga en voz alta, como se a hace ahora, es más que significativo.

Uribe integró el narcotráfico y fue aliado de los paramilitares, según figura en el Archivo de Seguridad Nacional de los Estados Unidos revelado por la revista Newsweek (8 de agosto de 2004). Allí se establece que Uribe formaba, en los años 90, parte del cartel de Medellín, comandado por el narcotraficante Pablo Escobar, de quien era amigo íntimo.

El informe de la inteligencia estadounidense fue emitido en 1991, incluye a más de cien traficantes, sicarios y abogados vinculado a Escobar y dice textualmente: “Álvaro Uribe Vélez, un político colombiano y senador dedicado a colaborar con el cartel del Medellín desde altos niveles del gobierno”. En el mismo párrafo asegura que “es un amigo personal cercano de Pablo Escobar”.

¿Quién dijo cambios?


Nadie debe esperar cambios de fondo con el gobierno de Santos. Como ministro de Defensa de Uribe, fue quien dio la orden de atacar el campamento de las FARC en Ecuador y es responsable directo de los “falsos positivos”, los cientos de jóvenes asesinados por el ejército para hacerlos pasar por bajas de la guerrilla. Sin embargo va a promover algunos cambios. Hasta ahora mantuvo silencio en la disputa Uribe/Chávez, y en su gira regional anunció que va a renovar totalmente la cúpula militar, colocando por vez primera a un almirante e como comandante en jefe.

Mientras Uribe y el canciller saliente, Guillermo Bermúdez, lanzaban gruesos ataques a Venezuela, el futuro vicepresidente, Angelino Garzón, ex sindicalista y hombre de izquierdas en los ochenta, valoró positivamente las declaraciones de Chávez al pedirle a la guerrilla que reconsidere su estrategia “porque el mundo de hoy no es el de los años sesenta”.

Las relaciones internacionales serán la prioridad de Santos. Su estrecha alianza con Estados Unidos está fuera de discusión, pero se propone diversificar las relaciones, darle prioridad a la diplomacia, la integración y la cooperación, y proceder a institucionalizar los vínculos internacionales. De hecho, antes de asumir realizó una gira por Europa y luego por Sudamérica.

“Para avanzar hacia la prosperidad democrática, será necesaria una mayor diversificación de las relaciones internacionales de Colombia, tanto en el ámbito multilateral como también en la búsqueda de nuevos socios y alianzas estratégicas en el ámbito internacional”, dijo Santos al delinear lo que serán los próximos cuatro años. La “prosperidad democrática” sustituye como prioridad la “seguridad democrática”, lo que representa una nueva apuesta estratégica.

Derrotada la guerrilla luego de ocho años de cerco y aniquilamiento, reducida a su mínima expresión (menos de 10 mil combatientes aislados), fortalecido el Estado y sus aparatos armados, se trata de recuperar la economía como forma de pavimentar la estabilidad. En suma, la misma política que se inauguró en 2002 con Uribe, pero adaptada a las nuevas realidades, entre las que destaca un mundo multipolar y una superpotencia en declive gobernada por Barack Obama.

Mejorar las relaciones con los vecinos y pasar de la “diplomacia del micrófono” a una diplomacia más profesional. Por eso la opción de nombrar a Holguín como canciller: “Hasta ahora los nombramientos en esa cartera se han manejado como forma de pago por compromisos políticos”, dice un experto en política exterior a Semana, que llevó a que “en las embajadas el personal de carrera es tan sólo del 12 por ciento”. El objetivo sería pasar de las reacciones en caliente a una planificación a largo plazo.

Recomponer las relaciones con Venezuela tiene una lectura estrictamente económica. El ex vice caniller Diego Cardona opina que el modelo económico de Santos es similar al de los tigres asiáticos, “pero para poder hacerlo realidad necesita un mercado como el de Venezuela, que es un mercado natural”. En efecto, el país vecino fue siempre el segundo mercado de las exportaciones colombianas hasta que las sucesivas crisis diplomáticas lo hundieron.

En 2008 Venezuela importó de Colombia por 7.000 millones de dólares, cifra que caerá a menos de 1.500 millones este año. La industria manufacturera es la más afectada (papel, cartón, plásticos, material eléctrico, vestimenta y alimentación) que ahora busca otros destinos. En las zonas fronterizas la crisis es total y el contrabando creció hasta un 70 por ciento. La caída de sus exportaciones hacia el vecino explica por lo menos la caída de un punto del producto bruto que este año apenas crecerá un 2,5 por ciento, frente a un promedio de 4 por ciento de la región.

Por otro lado, Colombia ostenta el mayor nivel de desempleo y la mayor tasa de informalidad de Sudamérica. La pobreza llega al 46 por ciento y la indigencia al 16, tasas que se vienen reduciendo de forma demasiado lenta. Este conjunto de problemas estructurales convenció a Santos de la necesidad de priorizar la economía para poder sustentar los éxitos militares, ya que un crecimiento acelerado sería la mejor forma de evitar un renacimiento de la guerrilla y la protesta social.

La UNASUR, otra vez

El gobierno bolivariano aprovechó la crisis para cohesionar a su electorado con un discurso centrado en la dignidad nacional y disparando la sensación de país agredido por su vecino y, sobre todo, por Estados Unidos. Hasta que Uribe disparó las denuncias sobre la presencia de guerrilleros en Venezuela, los temas dominantes eran la pérdida de 120 mil toneladas de alimentos por mala gestión, equivalentes a 7.000 millones de dólares en un país jaqueado por la escasez, la caída del producto bruto de casi un seis por ciento en lo que va de 2010 y una inflación del 30 por ciento en el primer semestre.

Por eso muchos observadores estiman que la crisis no resolverá hasta el 27 de setiembre, el día después de las legislativas. En la coyuntura internacional actual, a todos los países conviene una rápida solución del diferendo y un restablecimiento del buen clima regional, que no sólo lubrica las relaciones comerciales sino la integración.

Uno de los aspectos más destacados es el papel que está jugando la UNASUR como eje de resolución de conflictos. Si Uribe prefirió la OEA como escenario para sus denuncias contra Venezuela, el resto de los países optaron por la alianza sudamericana que ya jugó un papel relevante en 2008 cuando tomó cartas en el conflicto interno boliviano respaldando a Evo Morales ante los intentos desestabilizadores de los autonomistas de Santa Cruz.

En la siguiente crisis, en 2009 ante la cesión de instalaciones militares a Estados Unidos por el gobierno de Uribe, la UNASUR sirvió como espacio para que Colombia defendiera el acuerdo que había firmado con Washington. Ahora muestra su consolidación como la institución en la que los países decisivos de la región confían para vehiculizar sus relaciones y resolver conflictos. La creciente marginación de la OEA es uno de los resultados más esperanzadores de la crisis actual.


Raúl Zibechi, periodista uruguayo, es docente e investigador en la Multiversidad Franciscana de América Latina, y asesor de varios colectivos sociales.


Fuente: http://alainet.org/active/39917

lunes, 2 de agosto de 2010

EL COLAPSO DE LA TRADICIÓN MILITAR OCCIDENTAL DEJA POCAS ALTERNATIVAS A ISRAEL, NINGUNA DE ELLAS ATRACTIVA.

EE.UU., Israel y el fracaso del estilo de guerra occidental
¿El fin de la historia (militar)?

Tom Dispatch...02/08/2010




“Al observar el flujo de los acontecimientos de la última década, difícilmente podemos evitar la sensación de que algo muy fundamental ha sucedido en la historia del mundo”. Este sentimiento, que introduce el ensayo que convirtió a Francis Fukuyama en un nombre muy reconocido, exige atención renovada en la actualidad, pero desde una perspectiva diferente.

Los eventos durante los años ochenta, sobre todo el fin paulatino de la Guerra Fría, habían convencido a Fukuyama de que estaba próximo el “fin de la historia”. “El triunfo de Occidente, de la 'idea' occidental,” escribió en 1989, “es evidente… el total agotamiento de alternativas al liberalismo occidental que sean sistemáticas y viables.”

Hoy en día, Occidente ya no parece tan triunfante. Sin embargo, los eventos durante la primera década de este siglo han llevado a la historia a otra especie de punto final. Aunque es posible que el liberalismo occidental siga conservando considerable atractivo, el estilo occidental de guerra llegó al fin de su camino.

Para Fukuyama, la historia implicaba competencia ideológica, una contienda que enfrentaba al capitalismo democrático contra el fascismo y el comunismo. Cuando escribió su famoso ensayo, esa contienda llegaba a lo que parecía ser su conclusión definitiva.

Sin embargo, desde el principio hasta el final, el poder militar había determinado el curso de esa competencia tanto como la ideología. Durante gran parte del Siglo XX, las grandes potencias habían competido en la creación de instrumentos de coerción nuevos, o más efectivos. La innovación militar asumió muchas formas. Del modo más obvio, estaban las armas: acorazados y portaaviones, cohetes y misiles, gas tóxico y bombas atómicas –la lista es larga-. En su esfuerzo por lograr una ventaja, sin embargo, las naciones dedicaron la misma atención a otros factores: doctrina y organización, sistemas de entrenamiento y de movilización, recolección de inteligencia y planes de guerra.

Toda esta furiosa actividad, bien fuese emprendida por Francia o Gran Bretaña, Rusia o Alemania, Japón o EE.UU., derivaba de una creencia común en la plausibilidad de la victoria. Expresada en los términos más simples, la tradición militar occidental podría ser reducida a esta proposición: la guerra sigue siendo un instrumento viable del arte de gobernar, y el boato de la modernidad sirve, si para algo, para realzar su utilidad.

Grandiosas ilusiones

Eso era teoría. La realidad, sobre todo las dos guerras mundiales del siglo pasado representó una historia diametralmente diferente. El conflicto armado en la era industrial alcanzó nuevas cimas de letalidad y destructividad. Una vez iniciadas, las guerras lo devoraban todo, infligiendo un tremendo daño material, psicológico y moral. El dolor excedió vastamente las ventajas. En ese sentido, la guerra de 1914-1918 fue emblemática: incluso los vencedores terminaron por ser perdedores. Cuando los combates cesaron por fin, los vencedores no pudieron celebrar, sólo lamentar. Como consecuencia, mucho antes de que Fukuyama escribiera su ensayo, la fe en la capacidad de la guerra para la solución de problemas había comenzado a debilitarse. Ya en 1945, esa fe había desaparecido por completo en varias grandes potencias –que, gracias a la guerra, ahora eran grandes sólo por sus nombres.

Entre las naciones clasificadas como democracias liberales, sólo dos resistieron esta tendencia. Una fue EE.UU., el único beligerante de importancia que emergió de la Segunda Guerra Mundial más fuerte, más rico y más confiado. El segundo fue Israel, creado como consecuencia directa de los horrores desatados por ese cataclismo. Al llegar los años cincuenta ambos países, suscritos a la misma convicción común: seguridad nacional (y, podría decirse, supervivencia nacional) reivindicaron una superioridad militar inequívoca. En el lenguaje de la política estadounidense e israelí, “paz” era una palabra en clave. El requisito previo esencial para la paz era que todos y cada adversario, real o potencial, aceptara una condición de permanente inferioridad. Al respecto, las dos naciones –que todavía no eran aliados íntimos– se diferenciaban del resto del mundo occidental.

De modo que aunque profesaban su devoción por la paz, las elites civiles y militares en EE.UU. e Israel se preparaban obsesivamente para la guerra. No veían contradicción alguna entre la retórica y la realidad.

Sin embargo la creencia en la eficacia del poder militar genera casi inevitablemente la tentación de poner en acción ese poder. “Paz mediante la fuerza” se convierte con gran facilidad en “paz mediante la guerra”. Israel sucumbió a esa tentación en 1967. Para los israelíes la Guerra de Seis Días fue un momento decisivo. El valeroso David derrotó a, y luego se convirtió en, Goliat. Incluso mientras EE.UU. se debatía en Vietnam, Israel había evidentemente tenido éxito en el dominio definitivo de la guerra.

Un cuarto de siglo después, las fuerzas de EE.UU. aparentemente se pusieron al día. En 1991, en la Operación Tormenta del Desierto, la guerra de George H.W. Bush contra el dictador iraquí Sadam Hussein, mostró que las tropas estadounidenses, como los soldados israelíes, sabían cómo vencer rápido, a poco coste, y de modo humano. Generales como H. Norman Schwarzkopf se persuadieron de que su breve campaña en el desierto contra Iraq había reproducido –incluso eclipsado– las hazañas en el campo de batalla de guerreros israelíes tan famosos como Moshe Dayan y Yitzhak Rabin. Vietnam pasó a ser irrelevante.

Tanto para Israel como para EE.UU., sin embargo, las apariencias resultaron ser engañosas. Fuera de dar alas a grandiosas ilusiones, las espléndidas guerras de 1967 y 1991 no llevaron a grandes decisiones. En ambos casos, la victoria resultó más aparente que real. Peor todavía, el triunfalismo propició masivos errores de cálculo en el futuro.

En las Alturas del Golán, en Gaza y en toda Cisjordania, los propugnadores de un Gran Israel –haciendo caso omiso de las objeciones de Washington– se propusieron ejercer un control permanente sobre el territorio capturado por Israel. Pero “los hechos en el terreno”, creados por sucesivas olas de colonos judíos, hicieron poco por realzar la seguridad israelí. Tuvieron éxito sobre todo en que Israel oprimiera a una población palestina resentida en rápido crecimiento, que no pudo ni apaciguar ni asimilar.

En el Golfo Pérsico, los beneficios logrados por EE.UU. después de 1991 también fueron efímeros. Sadam Hussein sobrevivió y se convirtió desde el punto de vista de sucesivos gobiernos estadounidenses en una inminente amenaza para la estabilidad regional. Esta percepción causó (o suministró un pretexto para) una reorientación radical de la estrategia en Washington. Sin darse por satisfecho con haber impedido que una potencia exterior inamistosa controlara el Golfo Pérsico rico en petróleo, Washington trató ahora de dominar todo Gran Oriente Próximo. La hegemonía se convirtió en su objetivo. Sin embargo EE.UU. no tuvo más éxito que Israel en la imposición de su dominio.

Durante los años noventa, el Pentágono se embarcó de cualquier manera en lo que se convirtió en su propia variante de una política de asentamientos. Sin embargo, las bases de EE.UU. esparcidas por el mundo islámico, y las fuezas de EE.UU. que operan en la región, apenas probaron ser más bienvenidas que los asentamientos israelíes que salpican los territorios ocupados y los soldados de las Fuerzas Israelíes de Defensa (FDI) [ejército israelí] asignados a su protección. En ambos casos, su presencia provocó (o suministró un pretexto para) resistencia. Tal como los palestinos dieron rienda suelta a su cólera contra los sionistas en su medio, islamistas radicales atacaron a estadounidenses, a quienes consideraban infieles neocolonialistas.

Atascados

Nadie dudó de que los israelíes (regionalmente) y los estadounidenses (globalmente) gozaban de una indiscutible dominación militar. En todas las áreas vecinas de Israel sus tanques, cazas-bombarderos, y buques de guerra operaron a su gusto. Lo mismo hicieron tanques, cazas-bombarderos, y buques de guerra estadounidenses dondequiera eran enviados.

¡Y qué! Los eventos hicieron cada vez más evidente que la dominación militar no se traduce en ventajas políticas concretas. En lugar de realzar las perspectivas para la paz, la coerción produjo aún más complicaciones. No importa cuán desbaratados y derrotados, los “terroristas” (un término comodín aplicado a cualquiera que se resiste a la autoridad israelí o estadounidense) no fueron intimidados, se mostraron impenitentes, y siguieron volviendo a por más.

Israel se topó directamente con este problema durante la Operación Paz para Galilea, su intervención en el Líbano en 1982. Las fuerzas de EE.UU. volvieron a encontrarlo una década después durante la Operación Devolver la Esperanza, la incursión de nombre glorioso de Occidente en Somalia. El Líbano poseía un ejército insignificante; Somalia no tenía ninguno. En lugar de producir paz o devolver la esperanza, sin embargo, ambas operaciones terminaron en frustración, embarazo y fracaso.

Y esas operaciones sólo resultaron ser presagios de cosas peores. Al llegar los años ochenta, los días de gloria del ejército israelí habían pasado. En lugar de ataques relámpago en lo profundo de la retaguardia del enemigo, la narrativa de la historia militar israelí se convirtió en un recital desconsolado de guerras sucias –conflictos poco convencionales contra fuerzas irregulares que produjeron resultados problemáticos. La Primera Intifada (1987-1993), la Segunda Intifada (2000-2005), una segunda Guerra del Líbano (2206) y la Operación Plomo Fundido, la tristemente célebre incursión contra Gaza en 2008-2009, se ajustaron todas a este modelo.

Mientras tanto, el diferencial entre las tasas de nacimiento palestina y judía israelí emergieron como una amenaza inminente, Benjamin Netanyahu la calificó de “bomba demográfica. Eran nuevos hechos en el terreno, que las fuerzas militares, a menos que fueran empleadas para imponer una política de limpieza étnica, podían hacer poco por corregir. Incluso mientras el ejército israelí trató repetidamente y fútilmente de coaccionar a Hamás y a Hizbulá para que se sometieran, las tendencias demográficas siguieron sugiriendo de tal forma que dentro de una generación una mayoría de la población dentro de Israel y los territorios ocupados será árabe.

Siguiendo las huellas de Israel más o menos una década después, las fuerzas armadas de EE.UU. tuvieron, a pesar de todo, éxito en la duplicación de la experiencia del ejército israelí. Hubo momentos de gloria, pero resultaron ciertamente pasajeros. Los esfuerzos de Washington por transformar (o “liberar”) el Gran Oriente Próximo fueron lanzados a toda marcha después del 11-S. En Afganistán e Iraq, la Guerra Global contra el Terror de George W. Bush comenzó de un modo bastante impresionante, con fuerzas estadounidenses que operaron con una velocidad y un ímpetu que había sido otrora una característica israelí. Kabul cayó gracias a “impacto y espanto”, seguida menos de un año y medio después por Bagdad. Como explicó al Congreso en 2004 un importante general del ejército, el Pentágono tenía todo calculado sobre la guerra:

“Ahora somos capaces de crear superioridad en las decisiones, posibilitada por sistemas conectados por redes, nuevos sensores y capacidades de comando y control que están produciendo conocimiento circunstancial sin precedentes cerca de tiempo real, más disponibilidad de información y la capacidad de lanzar municiones de precisión a todo lo ancho y profundo del espacio de la batalla… En combinación esas capacidades de la futura fuerza conectada por redes impulsarán la dominación en la información, rapidez y precisión y resultarán en superioridad en las decisiones.”

La frase clave en esta masa de tecno-chorradas fue repetida dos veces: “superioridad en las decisiones”. En aquel entonces, el cuerpo de oficiales, como el gobierno de Bush, todavía estaba convencido de que sabía cómo vencer.

Semejantes afirmaciones de éxito, sin embargo, resultaron obscenamente prematuras. Campañas que se publicitaron diciendo que terminarían en semanas se extendieron durante años, mientras las tropas estadounidenses luchaban contra sus propias intifadas. Cuando llegaba el momento de lograr decisiones que tuvieran verdadero efecto, el Pentágono (como el ejército israelí) siguió sin tener la menor idea.

Sin victorias

Si alguna conclusión predominante emerge de las guerras afgana e iraquí (y de sus equivalentes israelíes), es la siguiente: la victoria es una quimera. Contar con que un enemigo actual ceda ante una fuerza superior tiene casi tanto sentido como comprar billetes de la lotería para pagar la hipoteca: más vale tener mucha suerte.

Mientras tanto, cuando la economía de EE.UU. caía en picada, los estadounidenses tuvieron su equivalente de la “bomba demográfica” de Israel –una “bomba fiscal”. Hábitos arraigados de despilfarro, tanto individuales como colectivos, ofrecían la perspectiva de estancamiento a largo plazo: ningún crecimiento, ningún puesto de trabajo, ninguna diversión. Los gastos descontrolados en interminables guerras exacerbaron esa amenaza.

Al llegar el año 2007, el propio cuerpo de oficiales estadounidenses renunció a la victoria, aunque sin renunciar a la guerra. Las prioridades cambiaron primero en Iraq, luego en Afganistán. Generales de alto rango defirieron sus expectativas de ganar –por lo menos tal como un Rabin o un Schwarzkopf hubieran comprendido el término. En su lugar trataron de no perder. En Washington, como en los puestos militares de comando de EE.UU., apareció el nuevo estándar dorado de éxito: evitar una derrota total.

Como consecuencia, las tropas estadounidenses no salen de sus bases para derrotar al enemigo, sino para “proteger a la gente”, lo que es consistente con su última moda doctrinaria. Mientras tanto, los comandantes toman té y cierran tratos con señores de la guerra y caudillos tribales en la esperanza de persuadir a las guerrillas para que depongan sus armas.

Una nueva sabiduría convencional se ha impuesto, apoyada por todos, desde el nuevo comandante de la guerra afgana David Petraeus, el soldado más celebrado de esta era estadounidense, hasta Barack Obama, comandante en jefe y Premio Nobel de la Paz. Las “soluciones militares” no existen para los conflictos en los que EE.UU. se ve entrampado. Como ha subrayado el propio Petraeus, “no podemos salir matando” del lío en el que estamos metidos. De esta manera, también pronunció un elogio de la concepción occidental de la guerra de los últimos dos siglos.

La pregunta no formulada

¿Cuáles son entonces las implicaciones de la llegada al fin de la historia militar occidental?

En su famoso ensayo, Fukuyama advirtió contra la idea de que el fin de la historia ideológica pueda anunciar la llegada de la paz y la armonía globales. Los pueblos y las naciones, predijo, todavía encontrarían lo suficiente para reñir.

Con el fin de la historia militar, se aplica una expectativa similar. La violencia políticamente motivada persistirá y en casos específicos incluso podría retener una utilidad marginal. Sin embargo, es probable que la perspectiva de Grandes Guerras que resuelvan Grandes Problemas haya desaparecido para siempre. Ciertamente, nadie en su sano juicio, israelí o estadounidense, puede creer que la continuación del recurso a la fuerza remedie lo que sea que nutre el antagonismo anti-israelí o anti-estadounidense en gran parte del mundo islámico. Esperar que su persistencia produzca algo diferente o mejor es una tontería.

Queda por ver si Israel o EE.UU. son capaces de aceptar el fin de la historia militar. Otras naciones lo hicieron hace tiempo, ajustándose a los ritmos cambiantes de la política internacional. El que lo hagan no es una evidencia de virtud, sino de sagacidad. China, por ejemplo, muestra poco entusiasmo por el desarme. Sin embargo, mientras Pekín expande su alcance e influencia, coloca el acento sobre el comercio, la inversión y la ayuda al desarrollo. Mientras tanto, el Ejército Popular de Liberación se queda en casa. China ha robado una página de un viejo cuaderno de jugadas estadounidense, y se ha convertido en un destacado practicante de la “diplomacia del dólar”.

El colapso de la tradición militar occidental deja pocas alternativas a Israel, ninguna de ellas atractiva. Si se considera la historia del judaísmo y la del propio Israel, es comprensible una cierta renuencia de los judíos israelíes a confiar su seguridad y protección a la buena voluntad de sus vecinos o a los calurosos sentimientos de la comunidad internacional. En sólo seis décadas, el proyecto sionista ha producido un Estado vibrante y floreciente. ¿Por qué arriesgarlo todo? Aunque la bomba de tiempo demográfica puede estar en marcha, nadie sabe realmente cuánto tiempo queda. Si los israelíes tienden a seguir depositando su confianza en sus armas (suministradas por EE.UU.) mientras esperan lo mejor, ¿quién puede culparlos?

En teoría, EE.UU., sin compartir ninguna de las restricciones demográficas o geográficas de Israel, y con muchas más riquezas, debería gozar de mucha más libertad de acción. Por desgracia, Washington tiene un interés creado en la preservación del statu quo, no importa cuánto le cueste o dónde lo lleve. Para el complejo militar-industrial, hay contratos que conseguir y mucho dinero que ganar. Para los que habitan las entrañas del Estado de seguridad nacional, hay prerrogativas que proteger. Para los funcionarios elegidos, hay donantes para sus campañas que agradar. Para los funcionarios nombrados, civiles y militares, hay ambiciones que satisfacer.

Y siempre hay una clique militarista que habla hasta por los codos, llamando a una yihad e insistiendo en esfuerzos aún mayores, mientras se mantiene alerta ante cualquier indicio de repliegue. En Washington, miembros de este campo militarista, que incluyen –de ninguna manera por coincidencia– muchas de las voces que defienden con más insistencia la belicosidad israelí, colaboran tácitamente en la exclusión o marginación de los puntos de vista que consideran heréticos. Como consecuencia, lo que pasa por una discusión sobre asuntos relacionados con la seguridad nacional es un engaño. Por lo tanto se nos invita a creer, por ejemplo, que el nombramiento del general Petraeus como el enésimo comandante estadounidense en Afganistán constituye un hito en el camino hacia el éxito final.

Hace casi 20 años, una quejumbrosa Madeleine Albright quiso saber: “¿Qué sentido tiene tener estas espléndidas fuerzas armadas de las que siempre se habla si no podemos utilizarlas?” Hoy en día, una pregunta completamente diferente merece nuestra atención: ¿Qué sentido tiene utilizar nuestras espléndidas fuerzas armadas si hacerlo no surte efecto?

La negativa de Washington a plantear esa pregunta refleja una medida de la corrupción y de la deshonestidad que impregna nuestra política.

Andrew J. Bacevich es profesor de historia y relaciones internacionales en la Universidad Boston. Su libro más reciente: Washington Rules: America’s Path to Permanent War, se acaba de publicar.

Copyright 2010 Andrew Bacevich

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

Fuente: http://www.tomdispatch.com/post/175278/tomgram%3A_andrew_bacevich%2C_giving_up_on_victory%2C_not_war__/#more

LOS CONTENIDOS DE LOS CABLES DE LA AGENCIA EFE NO DAN LUGAR EQUIVOCACIONES, SON TENDENCIOSOS Y MERCENARIOS COMO TODO LO QUE INFORMA.

La EFE contra Venezuela

Rebelión...02/08/2010


A René Préval no le fue posible reunirse con Chávez en Venezuela el pasado 8 de julio de 2010. El presidente haitiano visitaba Jamaica con ocasión de la reunión del Caricom. La razón expuesta era que se cumplía el primer semestre de la catástrofe sísmica y tenía que estar en Haití en los preparativos para el 12 de julio. En un cable de la EFE (julio 8 de 2010), inmediatamente reproducido por la prensa golpista internacional y, en especial, de Venezuela(1), se sembraba la cizaña: “Se desconocen los motivos de la cancelación... Una fuente de la Presidencia haitiana reveló a Efe que el viaje de Préval ‘estaba cancelado por el momento’. La información no precisó sobre los motivos de la cancelación”. Falso. Los motivos sí fueron claramente expuestos, sólo que la agencia EFE los ocultó para hacerlo ver sospechoso.

Durante “el encierro” de Uribe (al buen argot de la tauromaquia española y la estirpe de mayordomo de finca ganadera del presidentico que nos jalamos los colombianos) con el virrey imperial y sus áulicos directores de medios de comunicación, acérrimos críticos de Venezuela, se comenzó a sospechar que el sainete en la OEA era un plan previamente elaborado para desprestigiar al gobierno de Chávez, la revolución Bolivariana y para “darle cranque” (como dicen en Cuba) a las intenciones del Complejo Industrial Militar contra Venezuela.

Las fotos expuestas en la grosera exposición del interdicto embajador colombiano, Luis Alfonso Hoyos, eran viejas y fueron “bajadas” de páginas de internet así como tomadas de los medios oficiales de las FARC-EP. Una de ellas, por ejemplo, que dijeron ser tomada “en julio de 2010”, muestra al comandante guerrillero, Iván Márquez, sin gafas, 20 años más joven, cabello y barba sin canas y bien delgado. Cuando apenas dos meses atrás aparecía, en una película filmada por cineastas argentinos, más robusto, con visibles canas en su cabello y barba, y mucho mayor a la foto exhibida como “prueba” por parte de Colombia. Lo que abre la pregunta: ¿No sería que la famosa “encerrona” con los directores de medios y el virrey imperial fue más bien para intercambiar y plantar las fotos y videos?

El periodista español, Pacual Serrano (Julio 29, 2010), hace mofa del Diario ABC y la agencia EFE cuando presentan una foto que es parte de “las pruebas”(2), en la que cuatro guerrilleros descuartizan un chanchito. La profundidad de campo (que cualquier fotógrafo serio y profesional sabe a qué me refiero) es moderada y no permite definir cuál es el lugar en que fue tomada: “Nadie discutirá que basta una rápida mirada para comprobar que se trata de cuatro intrépidos y peligrosos guerrilleros, que cuentan con armamento sofisticado de última tecnología, que disponen de suministros alimentarios para soportar una dura guerra contra el ejército colombiano, y que el paraje donde han sido sorprendidos por el fotógrafo no permite albergar dudas de que es territorio venezolano. Comprobado todo esto, es lógico concluir que cuentan con la complicidad y ayuda del presidente venezolano Hugo Chávez”.

Mas hubo un detalle que adornó la componenda: se venía rumorando de tiempo atrás los coqueteos que agentes de un gobierno extranjero hacían al embajador de Ecuador ante la OEA, Francisco Proaño, llenándolo de agasajos, propuestas económicas, becas de estudio para él y miembros de su familia. No en vano dio “la voltereta” justo cuando presidía el Consejo Permante aduciendo que “recibía presiones” de su propio gobierno. Un diplomático profesional se debe a su país y no a gobiernos o entidades bajo el control de los extranjeros. Y si discrepa de su gobierno, regresa a su país y renuncia ante su canciller. No hace el show de hablar en público. Hasta un periodista salvadoreño cuyos escritos parecen favorecer a la extrema derecha, radicado en Washington D.C., reconocía(3): “La confesión pública de Proaño es una rareza en un mundo en donde las palabras se pronuncian con sumo cuidado y en donde hay que leer entre líneas para descifrar la verdad”. Claro está entonces que Proaño tenía la orden de sus patrones extranjeros de hacer el escándalo para hacer quedar mal a su gobierno. De esa manera pudo sentarse en la silla de Proaño un fiel servidor de ARENA, exembajador de El Salvador en Colombia y amigo cercano a los círculos de Bogotá. ¿Dónde está hoy Proaño? ¿Dónde está su familia? ¿Lo está investigando la inteligencia ecuatoriana?

Para seguir con los planes, inmediatamente, RCN(4), unos de los medios más obsesionados por atacar al proceso venezolano, dijo que“Diplomáticos estadounidenses aseguraron que las presiones provenían desde Caracas” Y por otro lado, El Espectador(5), cerrando el coro, titulaba: “Líderes del Senado EE.UU. condenan deterioro de derechos humanos en Venezuela” (no sobra aclarar que estos “líderes” son miembros del “partido del NO” o sea, el republicano, que desde la llegada del primer afroamericano a la presidencia de Estados Unidos se han dedicado a bloquear todas las propuestas de Obama. Fueron estos “líderes” quienes aprobaron la reducción de impuestos a los ricos y quienes se oponían a la extension por apenas 4 meses del seguro de desempleo a los pobres. Algunos abiertos simpatizantes del racista partido del té (Tea Party). En cuanto al “independiente”, Joe Lieberman, era el mejor republicano dentro del partido demócrata. Michael Moore encabezó un boicot contra su reelección y luego los demócratas le quitaron su respaldo y por eso le tocó irse de “independiente”. Lieberman apoyó a McCain y no a Obama en las presidenciales). El mismo periódico titulaba ese mismo día que tropas venezolas cruzaban la frontera. ¡El circo estaba armado!

Uno de los derechos universales de todo acusado es conocer y controvertir las pruebas. Venezuela no tuvo oportunidad de ello pues éstas fueron maliciosamente escondidas hasta la sesión de la OEA (bien conocida como el ministerio de colonias de Estados Unidos). Tal y como ocurre con los supercomputadores de Raúl Reyes, a los cuales “ordeñan” –palabra del periodista cubanoestadounidense, Edmundo García- cada vez que les es necesario para echar el agua sucia contra un gobierno o persona natural, sin que nadie tenga acceso a ellos para inspeccionarlos y de los cuales ya la Interpol advertía sobre la rotura de la cadena de custodia y manipulación de su contenido.

Decía la agencia de noticias IPS (diciembre 1°, 2008): “El noticiero de televisión Noticias Uno mostró, en su emisión del domingo, un aparte de la declaración del capitán Ronald Coy Ortiz.

El experto de la Policía dice bajo juramento a la Fiscalía colombiana, en el proceso contra la diputada ecuatoriana a la Asamblea Constituyente, María Augusta Calle, que no había correos electrónicos como tales en los computadores de ‘Raúl Reyes’.

Estos contenían documentos Word, que no sirven para probar un intercambio de comunicaciones mediante correos entrantes o salientes. La diputada Calle, además periodista de la agencia Altercom, y ex becaria de Ashoka, aparece en un correo pidiéndole a ‘Reyes’ plata para el arriendo, según las autoridades colombianas”.(6)

Obviamente, sobre lo anterior, la gran prensa española y la EFE han hecho caso omiso a estos eximientes y por lo contrario han decidido tomar como ciertos los contenidos de los computadores de Reyes y ensañarse contra dos pueblos dignos como el cubano y el venezolano que decidieron definir y ser dueños de su propio destino. Los contenidos de los cables de la EFE no dan lugar a equivocaciones. Son tendenciosos con una clara finalidad de descontextualizar los hechos, las palabras y las imágenes. No es difícil encontrar similitudes en la forma y fondo de los escritos apócrifos contra Cuba y Venezuela que se publican en la gran prensa internacional, generalmente acompañados de una foto de la EFE, con los producidos bajo el nombre de esta agencia española. Es decir, hay un doble juego de decir las cosas sin dar a conocer de dónde provienen o quién la hizo y, otra, de producir material “más suave” bajo el sello EFE pero con igual fin.

De los mapas de Google Earth, sí que menos se puede confiar. En el programa de televisión estadounidense “Democracy Now” (viernes, julio 31 de 2010), Noah Shachtman (editor y colaborador de la revista Wired y editor de su blog de seguridad nacional: Cuarto de Peligro) y John Simpson(Director de “El Consumidor Vigilante: Desde el interior del proyecto Google” director of Consumer Watchdog’s Inside Google project) denunciaron los estrechos vínculos de Google con una empresa fachada de la CIA que opera Google Earth.

Vea la denuncia acá: http://www.democracynow.org/2010/7/30/google_teams_up_with_cia_to

En marzo de 2010, escribí para ANNCOL: “Descubren pacto entre Google y las NSA: Ningún sistema de correo electrónico es confiable. Guarden eso en su memoria. Documentos desclasificados por el Centro de Información Electrónica Privada, permitieron descubrir que Google había autorizado trabajar conjuntamente con la Agencia Nacional de Seguridad de los Estados Unidos (NSA). Google también es dueño de YOUTUBE.

Pero la cosa no quedó ahí, pues organizaciones de derechos humanos y libertades civiles protestaron por la estrecha vinculación de la NSA con otras compañías privadas. Los programas Einstein 1, 2 y 3 son programas de recolección, monitoreo y preservación de información de los operadores de internet”.

Así que este aguaje de las FARC-EP en Venezuela no es gratuito ni obdece a una simple e inocente “denuncia” de Colombia. Esto es parte de un entramado infame, peligroso y cuidadosamente calculado para intervenir en Venezuela y del cual la EFE parece ser parte integrante.

La agencia EFE fue fundada en 1939 por Ramón Serrano Súñer y Manuel Aznar Zubigaray, ministro de Prensa y Propaganda del criminal dictador Francisco Franco. Aznar Zubigaray es abuelo del también criminal de lesa humanidad, José María Aznar. No es por lo tanto extraño que el mismo año en que iniciaba la dictadura franquista naciera la agencia EFE y que durante la estricta censura impuesta por el dictador, sólo la EFE funcionara a sus anchas, libremente. Según José de Miguel(7), fuente fidedigna y exmiembro del grupo promonárquico de extrema derecha llamado Tradición Familia y Propiedad, conocidos como “los Covandongos”, el nombre de la agencia proviene de la expresión: “España para la FE”. “FE” era la abreviación con la que se reconocía a la “Falange Española”, cuya extensa expresión era: “España para la FE de la JONS” o sea “España para la Falange Española de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista”. Según la misma fuente, al morir Franco y durante el período llamado “de Transición”, se inventaron la historia de que EFE provenía de las antiguas agencias Fabra, Faro y Febus (lo lógico sería entonces “EFES”). Esto, con el fin de deslindarla de su fiel servicio a la dictadura.

Se lee en Wikipedia (traducción del inglés): “Esta agencia mintió bajo el “Interés Nacional” de Franco, como al estilo de la filosofía del fascismo de Hitler y todavía sigue mintiendo hoy”(8), destancando que la agencia reportó 56 mil manifestantes el pasado 10 de julio de 2010 por la independencia de Cataluña, mientras otros medios reportaban un millón cien mil personas y hasta un millón quinientos mil.(9)

Según su página web(10), la agencia EFE tiene cuatro casas de edición, una de las cuales está en Miami y otra en Río de Janeiro. Pero en Wikipedia(11) se agrega una más en Bogotá. Raro que la agencia no la “declare” y la pase por alto en su página web.

Escribe Andrés Sal.lari (Rebelión, junio 27 de 2009), sobre el golpe de estado en Honduras y el “cubrimiento” (¿no será mejor decir “encubrimiento”?) de la agencia EFE: “Son unos sinvergüenzas. Eso sí, debemos respetar su libertad, pues sino somos antidemocráticos. No importa que avalen, justifiquen o sustenten golpes de Estado”.(12)

El portal Aporrea(13) desenmascara a El Espectador (14) y la forma como descontextualiza una declaración del presidente Chávez, titulando “Chávez asegura estar revisando ‘planes de guerra’ contra Colombia”. La expresión “planes de guerra” fue sacada del contexto en su participación en el programa “Dando y Dando”(15), pues el presidente Chávez se refiere a todos los factores de violencia que amenazan a Venezuela, cuenta de sus experiencias de guerra, las enumera, agrega un comentario sobre la situación de derechos humanos, fosas communes y falsos positivos y el conflicto en Colombia:

“… En el caso nuestro que aquí pasamos por una Guerra, yo fui soldado antiguerrillero. Yo estuve en teatro de opereaciones por allá en la frontera del Táchira… En una guerra que aquí, bueno, pasamos durante una década… La estrategia del imperio yanqui de la cual se sirve jugar el gobierno de Colombia, es que la guerra se internacionalice para luego tener la excusa de intervenir a Venezuela como quieren intervenir a Colombia. Es decir, Uribe quiere que nosotrosnos incorporemos a esa Guerra de exterminio que él tiene en Colombia dirigida por los yanquis, pues…

… Fuerzas militares, fuerzas guerrilleras, fuerzas paramilitares, hampa común, sicarios, narcotráfico, bueno, es que estamos expuestos…

… Estamos evaluando todas esas cosas… Le dije hace como tres noches al vicepresidente, ya de madrugada, le dije, oye, qué tristeza me da y en verdad y lo confieso públicamente, no, qué tristeza me da a mí estar invirtiendo 4 ó 5 y 6 horas revisando planes de guerra. Qué tristeza, a mí me da tristeza…”.

Escuche la participación del presidente Chávez aquí y el contexto real de sus palabras:

http://www.aporrea.org/actualidad/n162445.html

Obviamente eso no le importa a El Espectador ni a la gran prensa. Lo curioso y coincidente es que el artículo es apócrifo y se acompaña de una foto de la EFE.


*Escritor y analista político internacional

Notas:

  1. Preval cancela visita a Venezuela | Internacional| El Nacional.com 8 Jul 2010 ... Se desconocen los motivos de la cancelación, aunque una fuente gubernamental aseguró que el gobernante haitiano está a la espera de que ...

  2. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=110487

  3. http://www.laprensagrafica.com/revistas/septimo-sentido/133632-presiones-verdaderas.html

  4. http://www.canalrcnmsn.com/noticias/colombia_est%C3%A1_lista_para_sesi%C3%B3n_ante_oea_en_la_que_denunciar%C3%A1_venezuela

  5. http://www.elespectador.com/noticias/elmundo/articulo-214567-lideres-del-senado-eeuu-condenan-deterioro-de-derechos-humanos-vene

  6. http://www.ips.org/blog/cvieira/?p=216

  7. Cambiado su nombre por petición de la fuente

  8. http://en.wikipedia.org/wiki/EFE

  9. http://www.elpais.com/articulo/espana/Calculo/asistentes/elpepuesp/20100711elpepinac_21/TesÒmnium Cultural ha cifrado la participación en 1,5 millones de personas, 400.000 más que los cálculos de la Guardia Urbana. EL PAÍS realizó a las 19.30 horas un cómputo cuyo resultado fue 425.000 personas. Se controlaron las zonas ocupadas, entre el paseo de Gràcia (76.264 metros cuadrados), la Rambla de Catalunya (13.088), Diagonal y aledaños (46.674), y la Gran Via (9.430). Las densidades aplicadas oscilaron entre una y cuatro personas por metro cuadrado. La evaluación con base fotográfica encargada por Efe a Lynce dió una cifra de 56.000 personas con un margen de error al alza del 15%.

  10. http://www.efe.com/quesefe/principal.asp?opcion=1&idioma=INGLES

  11. http://es.wikipedia.org/wiki/Agencia_EFE

  12. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=87679

  13. http://www.aporrea.org/venezuelaexterior/n162451.html

  14. http://www.elespectador.com/noticias/elmundo/articulo-216368-chavez-asegura-estar-revisando-planes-de-guerra-contra-colombia

  15. http://www.aporrea.org/actualidad/n162445.html

domingo, 1 de agosto de 2010

EN LOS ÚLTIMOS 25 AÑOS MÉXICO HA RETROCEDIDO DESDE EL PUNTO DE VISTA SOCIAL, ECONÓMICO Y POLÍTICO COMO CONSECUENCIA DE LA OFENSIVA NEOLIBERAL IMPUESTA

El Sindicato Mexicano de Electricistas contra el Presidente Calderón
Clase social, lucha, represión y auge del poder del narcotráfico

Rebelión...01/08/2010




    «Estamos enfrentando a un monstruo; una fuerza que se ríe, se burla y nos quiere aplastar.»

    Miguel Ángel Ibarra, miembro del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), al cumplir 80 días en huelga de hambre. (La Jornada, 18 de julio de 2010).

Existe relación directa entre el auge de las bandas delictivas, la profundización del neoliberalismo y la represión de los movimientos sociales y los sindicatos.

El despido llevado a cabo por el Presidente Calderón de más de 44.000 electricistas sindicados es el último de una serie de actos de represión que ha hecho pedazos el tejido social. La negación de un puesto de trabajo coherente y bien remunerado y la criminalización de organizaciones sindicales legítimas como el Sindicato Mexicano de Electricistas (SME) han desembocado en emigración masiva y en un incremento del número de jóvenes que se incorporan a bandas dedicadas al narcotráfico. La represión estatal y la corrupción electoral han impedido que los trabajadores mexicanos canalicen sus quejas por vías legales y han contribuido y fomentado la aparición de un narco-Estado paralelo que controla grandes regiones del país y recluta a los hombres y mujeres jóvenes que pretenden huir de la pobreza.

En los últimos 25 años, México ha retrocedido desde el punto de vista social, económico y político como consecuencia de la ofensiva neoliberal iniciada con las elecciones fraudulentas de 1988, en las que Carlos Salinas arrebató la presidencia a Chuahtemoc Cárdenas. A continuación, Salinas suscribió el tratado de libre comercio, el NAFTA, que llevó a la quiebra a más de 10 millones de agricultores, campesinos y pequeños comerciantes mexicanos, lo que impulsó a muchos de ellos a emigrar, a otros a unirse a movimientos sociales y, a algunos, a rebelarse, como sucedió con el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). Desde la firma del NAFTA han emigrado más de 10 millones de mexicanos.

La represión estatal y el aislamiento forzoso del EZLN, en Chiapas, y de otros movimientos de ámbito rural en Guerrero, Michoacán y otras zonas, y la denegación de justicia agraria obligaron a muchos campesinos a huir a suburbios urbanos donde finalmente algunos ingresaron en las bandas emergentes dedicadas al narcotráfico.

A principios del nuevo milenio, el experimento de México con las «reformas» neoliberales agravó las crisis sistémicas: las desigualdades se agudizaron, la economía se estancó y la pobreza aumentó. En consecuencia, millones de mexicanos huyeron cruzando la frontera para penetrar en Norteamérica o se unieron a movimientos populares que pretendían transformar el sistema.

Surgieron dos movimientos sociales y políticos poderosos que trataron de invertir el deslizamiento de México hacia la descomposición política y la desintegración social. En el frente político, Andrés Manuel López Obrador, el candidato presidencial de una amplia coalición ciudadana, condujo a millones de ellos a una victoria electoral en el año 2006, que le negaron mediante el fraude electoral masivo perpetrado por los partidarios de Calderón. El segundo movimiento, una coalición de sindicatos y movimientos sociales liderada por el SME, luchó para preservar el sistema público de seguridad social y evitar la privatización y explotación de la red eléctrica de la voraz depredación de la clase capitalista nacional y extranjera.

En Ciudad de México y en todas las demás provincias hubo movilizaciones masivas en las que se manifestaron miles de personas, mientras millones de consumidores expresaban su solidaridad, como hicieron todos los principales sindicatos de Europa, América Latina y otras regiones.

Lo que estaba en juego no era sólo el empleo de los trabajadores sindicados del sector eléctrico y el sistema de seguridad social, sino uno de losmovimientos sociales más eficaces a la hora de defender una red de protección social para la clase trabajadora.

Al atacar al SME y al sistema de seguridad social, una de las últimas grandes instituciones sociales que proporciona cohesión social, Calderón y el sistema judicial estaban negando además a los mexicanos instrumentos sociales y políticos legales mediante los cuales pudieran aspirar a defender su nivel de vida.

Al desbaratar la red social a través de la privatización de programas e instituciones públicos mediante la represión de movimientos sociales esenciales como el de los zapatistas de Chiapas, los maestros y sindicatos de Oaxaca o el SME de Ciudad de México, el Estado mexicano está negando de hecho las esperanzas de mejora a través de procesos políticos democráticos.

El estancamiento neoliberal, la represión que sufren los movimientos populares democráticos a manos del Estado y el robo reiterado de victorias electorales obtenidas por movimientos populares en 1987 y 2006 se ha traducido, como siempre, en un desencanto profundo y generalizado hacia la política. Y lo que resulta aún más amenazador: ha convertido a miles de jóvenes mexicanos en enemigos del Estado y los ha impulsado a integrarse en las numerosas bandas violentas dedicadas al tráfico de droga. El rechazo de los estados de México a los cambios electorales pacíficos, su insistencia en reprimirlos y la negación de los derechos de los movimientos sociales como el SME han dejado pocas salidas a la frustración generalizada que se filtra bajo la superficie de la sociedad.

En los últimos cuatro años han sido asesinados en el conjunto de las regiones del país más de 25.000 policías, soldados, civiles y narcotraficantes. Pese a la militarización impuesta por Calderón en todo el territorio nacional, los 40.000 soldados presentes en las calles no han logrado impedir la escalada de violencia, lo que demuestra con claridad el fracaso de la opción represora para poner fin a la violencia e impedir en México una desmembración que lo convierta en «Estado fallido».

La recuperación y reconstrucción de México pasa por el fortalecimiento del tejido social mexicano: la promoción de los movimientos sociales y urbanos y, concretamente, de los sindicatos democráticos de masas como el SME.

Estos movimientos y sindicatos son los ladrillos fundamentales para la transformación de la sociedad mexicana: el fin del neoliberalismo, la anulación del NAFTA y la reconstrucción de un sector público pujante bajo el control de los trabajadores. Para combatir los males gemelos que representan el Estado neoliberal corrupto y militarizado y su versión paralela, el narco-Estado violento que estalla de forma recurrente y aterroriza al país, se debe aglutinar un nuevo movimiento político y social de masas que aúne la solidaridad con los sindicatos como el SME y el carisma popular de líderes políticos como López Obrador para presentar un programa radical de reconstrucción nacional y justicia social. La alternativa es una desintegración mayor del Estado mexicano y una degradación que deje sumido al país en una situación de violencia generalizada e interminable, donde los ricos vivan en fortalezas armadas y los pobres queden sometidos a la depredación violenta del Ejército y de los narco-terroristas.

Traducido para Rebelión por Ricardo García