martes, 26 de junio de 2012


         
Golpe en Paraguay
Los intereses convergentes que derrocaron a Lugo


La Jornada...26/06/2012

Tres intereses convergieron para el derrocamiento de Fernando Lugo: los intereses de las transnacionales del agronegocio y del sector financiero; los de la oligarquía terrateniente, aliada al capital transnacional, y los de los partidos políticos de derecha. Todos apadrinados por Estados Unidos.
Los objetivos estratégicos son: reinstalación de una democradura exclusivamente regenteada por la derecha, con apoyo de Estados Unidos y algunos países europeos como en los tiempos de la guerra fría; arrinconamiento y criminalización de la izquierda y los movimientos sociales; avance de la producción meramente extractivista agroexportadora, con la postergación indefinida de la industrialización del país; consolidación violenta del proceso de descampesinización del campo.
En el campo geoestratégico, Paraguay se convierte aceleradamente en un problema cada vez más grave para Brasil y las posibilidades de la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur), y tiende a consolidarse como una base importante de operaciones de Estados Unidos en el proceso de disputa por el control de América del Sur.
La Unión de Gremios de Producción (UGP), que integra a los productores mecanizados del país, pero que en la práctica sirve de refugio a los terratenientes, especuladores y rentistas de la tierra, pivoteó toda esta trama contra Lugo. Cuando la trasnacional Monsanto tuvo inconvenientes para imponer su semilla transgénica de algodón y de maíz por incumplimiento de normativas legales, empezó a ascender la presión de la UGP. Monsanto facturó –sin pagar impuestos– en concepto de regalías 30 millones de dólares, sólo en 2011, por su soya transgénica, sin contar la facturación por la venta de semillas. Parte de ese monto se distribuye anualmente entre los tecnócratas de la UGP.
Este gremio presionó primero por la destitución de Miguel Lovera, un técnico que dirigía la institución de control y uso de semillas y agroquímicos en el país. Luego amenazó con una protesta nacional, denominada tractorazo, consistente en el cierre de rutas con maquinarias agrícolas, y por último presionó por el juicio político de Lugo.
La UGP está dirigida por Héctor Cristaldo, empresario ligado estrechamente al grupo empresarial de los Zuccolillo.
Este grupo es socio de Cargill, otra trasnacional del agronegocio. El grupo Zuccolillo también tiene en su haber el diario ABC Color, dirigido por su propietario Aldo Zuccolillo. La línea editorial de este periódico está plagada de incitaciones y provocaciones a las fuerzas armadas y a los partidos políticos para derrocar a Lugo desde los inicios de su gobierno.
En enero del corriente año, Aldo Zuccolillo se reunió con el político del Partido Colorado, el también agroempresario Horacio Cartes. El senador colorado Juan Carlos Galaverna manifestó que Cartes salió deslumbrado de la entrevista con Zuccolillo. Según los cables de Wikileaks, publicados por el propio Zuccolillo el año pasado, Cartes fue involucrado por la DEA, la agencia antidrogas de Estados Unidos, en narcotráfico y lavado de dinero. El Departamento de Estado lo ha blanqueado.
Llamativamente, en el último tramo del gobierno de Lugo, Cartes fue el principal propulsor dentro de su partido para el juicio político a Lugo, apoyado por el diario ABC de Zuccolillo. Finalmente, Cartes arrastró a su partido –que había sido derrotado por Lugo en 2008, luego de 60 años en el poder– para promover la destitución del presidente.
Esto ocurrió tras los sangrientos sucesos de Curuguaty del 15 de junio pasado, donde murieron seis policías y 11 campesinos, en un desalojo de un latifundio propiedad del ex presidente del Partido Colorado, Blas Riquelme. Estas muertes sirvieron de principal excusa para acelerar el derrocamiento de Lugo.
En un giro de 180 grados, el Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA) abandonó el cogobierno con Lugo y de la mano de su presidente, Blas Llano, también se acopló al juicio político impulsado por el Partido Colorado, el diario ABC Color y la UGP.
Hoy, al PLRA, en el poder luego de 70 años de llanura, con Federico Franco como presidente del Paraguay, le quedan poco más de 13 meses para gobernar y deberá hacer el trabajo sucio de reprimir a sus ex aliados en el gobierno: a la izquierda y a los movimientos sociales, que iniciarán una sistemática resistencia al gobierno liberal, destruyendo cualquier posibilidad de ganar las elecciones del otro año. Horacio Cartes, precandidato por el Partido Colorado, sonríe y ve mejorar sus chances con apoyo de ABC Color, la embajada estadunidense y la UGP.
Finalmente, en estos días, Lugo y sus asesores deberán reconocer que cometieron un grave error: Pensaron que podían cogobernar con el imperialismo, con la oligarquía feudal y con los partidos de derecha, tributarios de los poderes fácticos y traidores a la patria. Como dice Atilio Borón, es un error creer que un gobierno tímidamente progresista, como fue el de Lugo, pudiera prosperar transigiendo con los intereses oligárquicos e imperiales, sin articular a los movimientos sociales y a los partidos de izquierda.
Idilio Méndez Grimaldi. Periodista, investigador. Autor del libro Los Herederos de Stroessner. Miembro de la Sociedad de Economía Política de Paraguay, SEPPY. 
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2012/06/25/index.php?section=opinion&article=032a1mun

lunes, 25 de junio de 2012


Golpe de Estado constitucional en Paraguay
El aliento del lobo en la nuca


Rebelión...25/06/2012

Pueden existir los golpes de Estado constitucionales. El que ha tenido lugar contra Fernando Lugo es, desde luego, un claro ejemplo de ello.Los análisis de este tipo de sucesos suelen estar plagados de lugares comunes poco sólidos con un mínimo de profundización. Que si se trata de los instrumentos parlamentarios que hace más fuerte a la democracia, que si al fin y al cabo se ha aplicado la Constitución que se dieron los paraguayos, que si todos los actos se han realizado en el marco constitucional... Muchas de estas razones, desde luego, son esgrimidas para defender el mantenimiento del Estado de Derecho y el normal funcionamiento de las instituciones.
Y es que el normal funcionamiento de las instituciones se suele dar, fundamentalmente, en las dictaduras. Si por "normal" se entiende simplemente "dentro del marco legal", no duden ustedes de la existencia de una institucionalidad bien fortalecida en el Pinochet de Chile, o en la Italia de Mussolini. De hecho, en las democracias las cosas suelen ser más cambiantes, y las Constituciones, si son realmente normativas y democráticas, van avanzando a medida que los pueblos así lo deciden. Sin traumas ni tapujos. La voluntad democrática es la única que puede sostener a la Constitución democrática: el resto, como nos demuestra el caso paraguayo, no es democracia. Es otra cosa.
¿De dónde proviene la Constitución de 1991, más vigente que nunca en Paraguay? De una alianza entre los partidos políticos destinada a transitar desde la dictadura hacia una sociedad algo más libre y con un maquillaje democrático. Los noventa ya no parecían años de dictaduras en América Latina, y la caída de los bloques avecinaban nuevos vientos. Los regímenes militares no atraían capitales internacionales, y los movimientos de derechos humanos habían complicado la aplicación de férreas disciplinas, vitales para la supervivencia de los sistemas autoritarios. Todos los participantes en la brutal Operación Cóndor fueron cayendo uno a uno: las juntas militares en Brasil, Bolivia y Argentina, el pinochetismo, la dinastía de los Somoza... Al estilo del "puntofijismo" venezolano, que marcó la pauta de lo que se conocería por "transición democrática" (competitividad electoral, finalmente) con la salida de Pérez Jiménez, América Latina fue indudablemente avanzando hacia un marco de mayores libertades, pero bajo la vigilancia de la coalición de partidos políticos que no prometían grandes avances democráticos. Sólo Perú, a un costo altísimo, dio marcha atrás con Fujimori.
En Paraguay, los que derrotaron la dictadura de Stroessner fueron los mismos colorados que lo apoyaron desde el parlamento y legitimaron el régimen. Fue, finalmente, la traición a uno de los suyos cuando perdió los apoyos en el partido del que formaba parte. El objetivo: una transición controlada, con algunos tintes de pluralidad, hacia un sistema de gobierno donde la incorporación de los opositores, los liberales, relegitimaran el poder en la época de las democracias. Pero la partidocracia no es una democracia auténtica. Es una democracia limitada basada en el acuerdo de los partidos políticos que forman parte del sistema con los factores de poder (ejército, iglesia, grandes capitales...) y la exclusión de cualquier alternativa democrática que vaya más allá de ellos. De trata de un régimen más abierto y plural que las dictaduras, pero a su vez autoreproductivo e incapaz de regenerarse por él mismo, que usa mecanismos conocidos (leyes electorales, sistemas clientelares, dominio de medios de comunicación...) para garantizar la estabilidad y la institucionalidad. Lógicamente, dentro del marco constitucional. La Constitución partidocrática es muy diferente a la democrática: no surge de un poder constituyente popular, sino que es el certificado de bautismo de un espejismo de democracia y libertad.
En el caso paraguayo, la ceremonia tuvo lugar el 20 de junio de 1992, cuando se aprobó la Constitución partidocrática. No es casualidad que el 82% de los miembros de la convención constituyente que sancionó la Constitución vigente estuviera formado por miembros de los dos partidos del sistema, el colorado y el liberal. Entre 1947 y 1963, los colorados fueron los únicos que podían legalmente presentar candidatos a las elecciones paraguayas, y la dictadura de Stroessner se basó en el control del partido durante más de tres décadas. Los liberales, tradicionales opositores a los colorados, se adaptaron rápidamente a las nuevas condiciones partidocráticas tras el fin de la dictadura que ellos mismos ayudaron a derrocar, y por lo que algunos de ellos fueron perseguidos y torturados. Pero las mieles del poder producen extraños compañeros de viajes.
Frágil cesto se podía conseguir con esos mimbres. La Constitución de 1992, por lo tanto, fue un texto negociado para el mantenimiento de la estabilidad partidista, con el visto bueno del ejército, y que impedía, como se ha demostrado, cualquier sorpresa dentro del marco constitucional. Cuando el outsider Fernando Lugo ganó las elecciones en 2008 con una coalición que incluía al Partido Liberal, la suerte estaba echada. Aunque tuviera amplio apoyo popular y de varios pequeños partidos al margen del sistema, sin una regeneración democrática la fórmula Lugo-Franco estaba condenada a acabar mal. La historia demuestra la dificultad de derribar murallas desde la fortaleza. Luis Federico Franco Gómez, médico de profesión, se afilió al Partido Liberal Radical Auténtico a los catorce años. Contó con el carnet de afiliado nº 250. Era una criatura de la partidocracia. Posiblemente Fernando Lugo entendió que contando con un vicepresidente del sistema las cosas iban a ser más fáciles, y que el contexto internacional impediría cualquier alteración de la voluntad ciudadana. Nada más lejos de la realidad. En su momento, Lugo no vio la necesidad de sustituir las normas del juego de la partidocracia por unas realmente democráticas, lo que suponía necesariamente convocar a un proceso constituyente popular. Ahora, que debe someterse a las reglas de los de siempre, ya sabe de lo que ha sido víctima, y su vicepresidente es en estos momentos, constitucionalmente, el Presidente de la República.
En Paraguay, como en Honduras hace unos años, hemos sido testigos de que cuando se siente el aliento del lobo en la nuca, es muy probable que muerda.
Rubén Martínez Dalmau es Profesor Titular de Derecho Constitucional de la Universitat de València

domingo, 24 de junio de 2012


       
Paraguay: Un golpe largamente planeado


Página 7...24/06/2012

Un Parlamento en manos de los viejos partidos oligárquicos, un Poder Judicial funcional al capitalismo mafioso y un Presidente débil pero que acabó con seis décadas de reinado colorado' el plan de un golpe de Estado soft, al estilo del que en Honduras sacó del poder a Manuel Zelaya en 2009, estaba desde hace años a la espera del momento justo.

Justamente a fines de 2009 -a un año de la asunción de Fernando Lugo- se comenzó a hablar de un juicio político por parte del Congreso, en el que el Presidente casi no tiene representación, en complicidad con el vicepresidente Federico Franco, del Partido Liberal Radical Auténtico. En ese entonces escribimos un artículo - Paraguay, ¿una nueva Honduras? (www.rebelion.org/noticia.php?id=94901)- en el que dijimos: “Posiblemente, la derecha paraguaya haya aprendido de los gorilas hondureños que no es bueno sacar a Lugo en pijama, de madrugada, y enviarlo a algún país vecino en un ‘avión pirata’, pero eso no conduciría necesariamente a dejar de lado sus ambiciones desestabilizadoras sino, simplemente, a ser más cuidadosos”.

La política luguista del “Mbytetépe poncho jurúicha” (ubicarse en el centro, como la boca del poncho) no ahuyentó a los fantasmas que la burguesía paraguaya se hace sobre un tránsito de Paraguay hacia el “comunismo” de Chávez, Evo y Correa. En ese entonces, la razón en la que la derecha fundamentó el pedido de juicio político era tragicómica: que Lugo había afirmado que los ricos se oponen al proceso de cambio.

Lugo dijo exactamente: “Los que genuinamente quieren cambiar el país son los que no tienen cuentas bancarias, son los que no salen cada día en las páginas sociales de la prensa... Los que quieren seguir mirando el pasado en sus privilegios' en defensa de sus cajas de ahorros en bancos internacionales, ellos no quieren cambiar”.

¿Discurso inofensivo? Puede ser, pero no en Paraguay. Las reacciones fueron insólitas: el ex candidato presidencial Pedro Fadul, del partido Patria Querida, tildó de “criminal” el contenido del mensaje de Lugo debido a su carácter “confrontacional”, que “daña el alma y el espíritu”. Curiosa, en cualquier caso, la capacidad de indignación del “espíritu” de una élite que convivió sin la menor indignación con las peores desigualdades del continente.

Por su parte, el analista Carlos Redil comentaba: “Lugo hizo un discurso incendiario incentivando la lucha de clases y la oposición no podía quedarse callada”. Redil creía, “por ahora”, que no estaban dadas las condiciones para un juicio político. “Por ahora'”.

En ese entonces se conoció un mail del ganadero chileno Eduardo Avilés, residente en Paraguay hace más de 30 años, en el que pedía una contribución entre su pares empresariales para comprar armamento, formar escuadrones e identificar y liquidar comunistas . “Ya es la hora de ponernos los pantalones largos. Hasta cuándo tenemos que esperar para combatir a estos comunistas hijos de puta, que están queriendo destruir nuestro querido Paraguay, como lo hicieron los allendistas en Chile”, decía.

El anticomunismo es moneda corriente en Paraguay. El dictador Stroessner dijo que su país era “el más anticomunista del mundo” junto a Taiwán, uno de sus principales aliados. Los negocios -políticos y monetarios- entre ambas naciones están bien documentados en el apasionante libro El Paraguay de Stroessner, de Rogelio García Lupo, que contiene un largo detalle del anecdotario sangriento de las décadas de reinado del dictador.

Cualquier reforma social, por mínima que sea, activa el anticomunismo latente de una de las más rancias oligarquías de la región. Hacer un simple catastro de las propiedades agrícolas -para no hablar de una reforma agraria- ya es una medida revolucionaria en Paraguay, donde entre terratenientes nativos y brasiguayos (hijos de brasileños nacidos en Paraguay) controlan sus haciendas a punta de escopeta.

El momento de hacer el golpe de Estado llegó tras la masacre de 17 campesinos y policías el pasado 15 de junio. “La constante confrontación y lucha de clases sociales, que como resultado final trajo la masacre entre compatriotas, es un hecho inédito en los anales de la historia desde nuestra independencia hasta la fecha, en tiempo de paz”, decía una parte de los cargos para el juicio político exprés que busca, tras sacar al Presidente, restaurar el viejo orden apenas erosionado por la gestión de Lugo.

www.paginasiete.bo

sábado, 23 de junio de 2012


   
¿Cómo capta la CIA a sus agentes en Venezuela? (3/3)


Rebelión...23/06/2012

Luego del complicado proceso de conformación de planes operativos por los analistas de la CIA, su instrumentación operativa, selección del personal de agentura y determinación de las fuentes logísticas y de financiamiento, se llevan a cabo varias acciones que pueden desarrollarse en forma paralela o en momentos sucesivos. Entre estas se encuentran:1) Creación de condiciones para la puesta en marcha de los planes operativos.
2) Entrenamiento de los agentes seleccionados.
3) Establecimiento de las redes de espionaje y determinación de las formas de comunicación, control y monitoreo.
4) Evaluación de los resultados.
En el primero de los casos se necesita de un complicado conjunto de oficiales CIA, cuyas misiones son fundamentalmente de soporte a las tareas de los agentes que cumplen las misiones asignadas. Estos oficiales radican fundamentalmente en la embajada norteamericana y son los encargados de dirigir a las redes que actúan sobre el terreno.
Por sus funciones, existen diferentes tipos de oficiales y agentes cuya actividad puede ser claramente caracterizada:
Oficial de Enlace: Es un oficial CIA acreditado legalmente en Venezuela con una fachada diplomática y que subordina a un grupo de oficiales operativos en la misión diplomática. En este caso este oficial sirve de jefe de la actividad de inteligencia y coordina las acciones inter agencias representadas en el país, tales como la CIA, el FBI, la DIA, el NSA y la DEA, entre otras. Con independencia de que existen ciertas conjeturas que apuntan hacia James Derham como el principal COS en Venezuela, está bien claro que hay otros oficiales de la Agencia cuyo rol e importancia es cuidadosamente oculto con diversas tapaderas, entre las que se destacan principalmente las Oficinas de Prensa y Cultura, servicios consulares, agregados políticos y de la USAID.
La función de estos oficiales operativos es la de crear redes de espionaje, actividades de reclutamiento y sonsacamiento, atención a grupos provocadores que actúan públicamente, atención a la agentura operativa y recolección de información. Varios de estos oficiales se dedican a desarrollar la actividad de análisis sobre objetivos dentro del gobierno, movimientos sociales, partidos políticos, intelectuales, profesionales y líderes sindicales, campesinos e indígenas. Para ello cuentan con una vasta red de colaboradores en las filas de la oposición y que se encargan de tareas tales como seguimiento a dirigentes, acciones provocadoras, búsqueda de información, tareas de comprometimiento y muchas otras.
Muchos de estos agentes operativos o de campo cumplen tareas de apoyo para la instalación y ulterior funcionamiento de redes operativas, dedicándose a búsqueda de casas de contacto, adquisición de equipos de comunicación, armamento, transporte, colocación de medios de escucha, así como a la conformación de perfiles por encargo de personas susceptibles de ser captadas como agentes mediante diversas formas, que van desde el comprometimiento hasta la libre colaboración. Varios de estos agentes se dedican a tareas de seguimiento de personas de interés, al estudio de formas de acercamiento a los mismos, a recopilación de información sobre ellos y a detectar posibles vulnerabilidades.
Otros agentes operativos desempeñan labores de subversión ideológica actuando directamente con los representantes de la prensa opositora, de partidos anti bolivarianos y diversos grupos sociales para hacer valedero el discurso político contrarrevolucionario. De la misma manera, una de las misiones principales de la labor de los agentes operativos de la CIA en Venezuela es la orientación a sus agentes para la promoción de focos de tensión y la exacerbación del descontento popular ante las medidas gubernamentales. Parte de este trabajo radica en la desinformación y la tergiversación manipulada de las medidas gubernamentales, así como en la afectación deliberada de los servicios y el desabastecimiento artificial a la población, incitación a la violencia en los centros penales, afectaciones en el servicio del metro, cortes injustificados del servicio eléctrico y otras afectaciones creadas, en la mayoría de los casos, de manera solapada.
Es bueno destacar el papel de agentes operativos que realizan labores de infiltración dentro de los diferentes niveles gubernamentales, dentro de las filas de los sindicatos y de las fuerzas progresistas, con la finalidad de promover brechas en la unidad política e ideológica de los mismos. Durante largas décadas la CIA ha obtenido excelentes resultados con estos procedimientos de infiltración y los daños ocasionados aún perduran y tienen efectos nocivos dentro de Venezuela. A la larga, estos agentes provocadores terminan sumándose públicamente hacia posiciones de derecha, manteniendo sus vínculos con la agencia como elementos de desestabilización y ataques ideológicos. Han sobresalido en estos casos Armando Díaz, de Bandera Roja; Andrés Velázquez; Rafael Pizani Jr.; Teodoro Petkoff; Pompeyo Márquez; Douglas Bravo; Gumersindo Rodríguez y Américo Martín; entre otros. Fueron, en esencia, topos de la CIA.
Un factor clave del trabajo de la CIA en Venezuela lo es el disponer de una extensa red de colaboradores e informadores, que no necesariamente se involucran como agentes. Simplemente su colaboración parte de posiciones ideológicas, ambiciones personales, necesidad de favores y otras motivaciones, cooperando de manera activa con los oficiales operativos que los han logrado convencer de su apoyo.
Gracias al trabajo de los agentes de campo y de los colaboradores, la CIA ha logrado contar con un apreciable y efectivo grupo de personas capaces de ofrecer las tapaderas, coberturas y apoyo necesarios a los agentes que ingresan desde el exterior para cumplir sus misiones o que se mueven como agentes flotantes dentro del país, sobre todo para cumplir funciones de monitoreo en tiempo real, recepción de información, impartir orientaciones, realizar determinadas acciones violentas como secuestros, asesinatos y atentados, así como otras diversas misiones. Estos colaboradores contribuyen a dar un marco de legalidad a la presencia de los agentes de penetración o indicadores. Este tipo de colaboradores no excluye la existencia de un grupo que actúa por motivos diversos tales como estimulación monetaria, venganzas, etc., y que sirven para fortalecer ciertas fachadas a los agentes de campo, como son las prostitutas, maleantes, personajes corruptos y otros prototipos.
Un tema controversial para el contraespionaje en Venezuela lo representan dos tipos de agentes muy empleados por la CIA: los Agentes Bandera y los Agentes Liquidables. En el primero de los casos son agentes que ofrecen información y cumplen tareas del enemigo, sin pensar que están sirviendo a la propia CIA. Pasan información sobre dirigentes y otros temas sensibles a supuestos servidores del gobierno, quienes los han sonsacado con esta falsa imagen. Por ello, es importante no compartir información con personas a las que no se haya debidamente comprobado su papel dentro del gobierno. En el caso de Agentes Liquidables hay que entender que son parte del juego operativo y que, generalmente, ofrecen pistas demasiado evidentes que conllevan a su captura. Su fin, muchas veces no premeditado por ellos, es desinformar a los órganos de contrainteligencia bolivariano.
La segunda cuestión esencial es el entrenamiento del agente que cumplirá la misión diseñada por la CIA, y el que debe corresponderse con las características de la misma.
Un entrenador de la CIA, Chase Brandon, caracterizó los métodos y el complejo proceso de reclutamiento de su institución de la siguiente manera: “El entrenamiento que se lleva a cabo en la Agencia es muy interesante y, de hecho, tenemos un área dedicada exclusivamente al entrenamiento clandestino de nuestros oficiales de operaciones.” (…) “Yo soy consciente de que la gente cree que nosotros llamamos La Granja a esa área. En los términos más clásicos de la Agencia, yo no puedo ni afirmar ni negar que ese lugar exista efectivamente, pero lo que sí puedo decir es que si nosotros quisiéramos darle un nombre interesante a un lugar de entrenamiento como ese, La Granja sería probablemente un nombre más que adecuado.”
El propósito de un buen entrenamiento es, primero que todo, aprovechar las potencialidades específicas del futuro agente, así como desarrollar aquellas que le sean de utilidad en su trabajo posterior en el terreno. Los resultados deben lograr una combinación de conocimientos, aptitudes, habilidades y rasgos personales distintivos, entre los que sobresalgan la discreción, alto grado de socialización, estabilidad emocional ante situaciones de riesgo, creatividad, motivación, apego a las normas, versatilidad, capacidad de desdoblamiento, memoria efectiva, dotes histriónicas, capacidad de sonsacar, conocimiento de idiomas, rapidez de aprendizaje, adaptabilidad, alto poder de observación, destreza en la manipulación del armamento, dominio de tecnologías de la comunicación, poder distinguir lo importante y prioritario, don de gentes y compromiso.
Por norma general, el agente es aislado y se dedica a estudiar las características de la zona o país en el que operará. Debe estudiar la historia, la geografía, las costumbres y hábitos de las gentes, su forma de expresarse y todo lo que le permita pasar inadvertido de acuerdo con su leyenda. Si asume una identidad falsa, debe estudiar rigurosamente el leyendamiento de la fachada que asumirá. Esto es vital en esta fase del entrenamiento.
Los conocimientos generales que requiere dominar un espía son universales y comprenden estudios de tablas de indicios, chequeo y contrachequeo, escritura secreta, medios de comunicación, preparación de buzones y escondrijos, técnicas evasivas, defensa personal, reglas para el contacto con su oficial operativo y otros procedimientos elementales, que incluyen, desde luego, las técnicas para burlar el polígrafo y las técnicas de interrogatorio.
Aunque todas estas características han de ser afines a cualquier agente, con independencia de las tareas que realizará, existen otros conocimientos más específicos, según la misión sea relacionada a actividades violentas o lucha irregular. En este caso es indispensable tener un estado físico óptimo, ser experto en armas de diverso tipo, resistencia ante el aislamiento o la tortura, ser un tirador certero, especialista en explosivos, habilidad en el manejo de varios tipos de vehículos, experto en combate cuerpo a cuerpo, gran capacidad de movilidad, estar familiarizado en los procedimientos de combate en la selva o en las ciudades, enmascaramiento, etc.
Para la CIA es sumamente ventajoso reclutar y preparar agentes con cierta experiencia anterior que se corresponda con las tareas que realizará en Venezuela. Por ello son sumamente preciadas para la Agencia aquellas personas que han combatido con anterioridad y que hayan servido en las fuerzas armadas, en grupos paramilitares o como mercenarios a sueldo.
Actualmente muchos de estos agentes se entrenan, como señalamos anteriormente, en varios países y su finalidad es ser empleados como fuerzas agresivas contra Venezuela. Por el concepto de los planes estratégicos del Pentágono y la CIA, estos agentes no son realmente unidades regulares sino pequeños destacamentos móviles, de gran capacidad combativa y cuyas misiones son propias de las fuerzas irregulares.
Los planes estratégicos que incluyen una intervención militar directa no excluye, por supuesto, el empleo de estos grupos como teams de infiltración en la retaguardia. De la misma manera, su movilidad, versatilidad, capacidad de fuego, entrenamiento y otras fortalezas, los hacen efectivos para dar golpes sorpresivos a las fuerzas vivas y contra objetivos militares, políticos y económicos a lo largo del país, fundamentalmente en las zonas fronterizas.
Estos grupos, tanto por su diseño como su preparación, los hacen cercanos a los grupos contrarrevolucionarios que actuaron en Libia y lo hacen actualmente en Siria. De la misma manera, estos agentes están capacitados para llevar a cabo la eliminación selectiva de mandos militares, dirigentes políticos y otros objetivos de interés en las zonas en las que operan.
La CIA ha concebido este tipo de grupos operativos en situaciones coyunturales, derivadas del contexto político específico en que viva Venezuela. Son propensos a realizar provocaciones armadas, montajes bélicos en forma de autoagresiones, ataques relámpagos, secuestros y aniquilación, sabotajes y otras contingencias, relacionadas con la subversión.
La reciente aparición de armas sofisticadas por parte del Pentágono y la CIA, tales como un proyectil cuya alta sofisticación le permite, según sus creadores, "dirigirse por sí solo, corregir su vuelo e impactar en un blanco designado a través de un sensor óptico", a una distancia efectiva de hasta un kilómetro y el empleo de minúsculos drones conocidos como Switchblade (Navaja), empleados ya en Afganistán y que apenas pesan 2,7 Kg, siendo capaces de transportarse en una mochila, y de volar a una altura de 150 metros, con alta eficacia en la observación y eliminación de blancos, los hacen factibles de ser usados por fuerzas ligeras como estos grupos que están siendo entrenados por la CIA, en bases de EE UU, Colombia, Panamá, Israel, México, Honduras y, probablemente en Uruguay y Chile.
Estos grupos de choque actúan también como redes de espionaje, al igual a las que se preparan por la CIA en ciudades como Caracas, donde se han montado los requerimientos logísticos necesarios, como casas de contacto, buzones, armamento, transporte vehicular diverso, medios de comunicación sofisticados, fuentes de dinero fácilmente accesibles, apoyatura y monitoreo permanente por parte de los oficiales operativos.
Ya existen varias de estas redes actuando en Venezuela y no deben creerse impunes. La gran tarea de los órganos de contraespionaje bolivariano es penetrar a las mismas y mantenerse vigilándolas hasta que llegue el momento de su desarticulación. Eso, sin lugar a dudas, se está haciendo.
Estas mismas redes, que cumplen tareas diversas, disparan un flujo informativo permanente que va a parar al centro de la CIA en Caracas y Langley, así como al propio Pentágono. Allí son procesadas por los analistas de estas instituciones hasta el más mínimo detalle.
Estos analistas reúnen también ciertos requisitos como los propios agentes, aunque su misión parezca abstracta y diferente entre ellos. Sin embargo, un analista efectivo son curiosidad, objetividad, imparcialidad, paciencia, utilización de instrumentos de prospectiva, sistematización de datos, eficiencia en la formulación de hipótesis, alto nivel de especialización, alto grado de compartimentación, respeto a las reglas institucionales, etc.
Con el análisis de la información recopilada, más valiosa cuando se obtiene en tiempo real, parece cerrase un ciclo, que siempre generará otras acciones posteriores.
Hoy en día la CIA actúa en Venezuela, más no lo hace con completa impunidad. Siempre habrá un ojo que lo verá todo y un oído que sabrá lo que dicen sus agentes. Es una batalla de hombres con principios contra mercenarios y medios sofisticados. Es una batalla a favor de la verdad y la razón. Es una batalla por la Patria de Bolívar.
Leon Panetta se quedará con las ganas, ahora, como con las inútiles "sorpresas" que prepara para el 7 de octubre.