martes, 27 de diciembre de 2011


       
Kurdistán, bajo la sombra de la llamada “primavera árabe”


Gain...27/12/2011

A punto de cumplirse un año desde que se desencadenaron las primeras protestas en Túnez, que fueron el detonante de lo que posteriormente se ha conocido como la “primavera árabe”, la realidad en torno al pueblo kurdo ha estado marcada por una sibilina sombra que una vez más ha venido a “ocultar” , intencionadamente o no, las históricas demandas del mismo.
La historia de Kurdistán ha estado marcada durante décadas por los diferentes intentos de asimilación, de eliminación de su identidad (con especial incidencia en la persecución de la lengua y cultura kurdas), las masacres (como la de Hlabja en la zona ocupada por Iraq en 1988, o la de 2004 en Al-Qamishli, ésta a manos de las fuerzas gubernamentales sirias), impulsadas por los diferentes gobiernos que se reparten a día de hoy Kurdistán.
Junto a ello, el pueblo kurdo ha estado sometido a una política donde la prisión, las condenas a muerte, la tortura o desaparición ha sido el día a día impulsada desde Turquía, Siria, Iraq o Irán. Sin derechos civiles ni políticos en muchas ocasiones, discriminados en diferentes ámbitos, la realidad kurda parece condenada al ostracismo que algunos interesadamente han venido manteniendo desde hace décadas.
Dividido entre cuatro poderosos estados, los más de cuarenta millones de kurdos y kurdas siguen manteniendo en alto sus demandas para que la comunidad internacional acabe reconociendo sus derechos y sobre todo la voluntad manifiesta de esa nación sin estado para ejercer su derecho de autodeterminación.
Su privilegiada posición geoestratégica, sus importantes riquezas energéticas y otros recursos naturales le ha convertido en una codiciada realidad. Primero por parte de las potencias coloniales europeas (que no dudaron en incumplir las promesas en su momento para que el pueblo kurdo se configurara como una realidad estatal) y posteriormente por las fronteras estatales que han ido surgiendo en la región tras el proceso descolonizador de comienzos del siglo XX.
En los últimos tiempos hemos visto cómo la zona kurda ocupada por Iraq ha logrado convertirse en un referente relativamente atractivo para otras zonas kurdas ocupadas por otros estados. En Siria, la comunidad kurda asiste con cautela a los movimientos y protestas que se están sucediendo estos meses. En Irán la postura de Teherán no ha cambiado, pero nuevas generaciones de kurdos han decidido impulsar nuevas formas de resistencia. Y en Turquía, los dirigentes de Ankara siguen empeñados en tratar el tema como un “problema de terrorismo”, abandonando las débiles señales aperturistas de hace unos meses.
El norte de Kurdistán, ocupado por Turquía ha representado durante mucho tiempo una de las referencias centrales para el conjunto del pueblo kurdo, su resistencia a las políticas genocidas de los distintos gobierno turcos les han situado en la centralidad del mal llamado “problema kurdo” durante mucho tiempo.
El gobernante AKP y el propio Erdogan anunciaron algunos cambios en la histórica política represiva turca, pero el tiempo ha desinflado las expectativas creadas en su momento. Esos movimientos aperturistas se han mostrado con el paso del tiempo que eran parte de una estrategia para lograr el apoyo electoral de algunos sectores kurdos. Y una vez visto que eso no se ha logrado ( la victoria abrumadora de las formaciones kurdas han desmontado ese plan) se ha vuelto a la opción militarista, desechando además las diferentes ofertas negociadoras puestas sobre la mesa por el dirigente kurdo Abdullah Öcalan, encarcelado en una prisión turca.
Mientras que la política exterior de Ankara refuerza su peso en la región, aprovechando en buena manera la coyuntura creada en torno a la primavera árabe (algunos recuerdan el imperio otomano), la resistencia kurda sigue demostrando su capacidad armada, al tiempo que las formaciones políticas kurdas, como el Partido de la Democracia y la Paz, continúan recogiendo el apoyo popular en las citas electorales, a pesar de las trabas en forma de ilegalizaciones, detenciones, censura, que sufren por parte de los gobernantes turcos.
El sudoeste kurdo, dentro de las fronteras de Siria, está siguiendo con mucha atención los acontecimientos que tienen lugar en los últimos meses. Históricamente, la población kurda representa algo más d el 20% de la población del estado sirio, y a pesar de ello se les ha confiscado las tierras, se les priva de la ciudadanía, son perseguidos y tienen serias dificultades para mantener su lengas y su cultura.
Al hilo de las protestas sirias, y la atención mediática que las mismas han generado, llama la atención la poca información que sobre la realidad kurda en la zona se tiene en Occidente. En un principio, los primeros días de la revuelta tuvieron lugar protestas en torno a Hasaka, donde miles de kurdos salieron a las calles para demandar sus derechos, protestas similares tuvieron lugar en otras ciudades con presencia kurda. Posteriormente, a la vista del complicado panorama que estaba adquiriendo la situación en Siria, las fuerzas kurdas optaron por “replegarse” y observar el devenir de los acontecimientos, pero sin adoptar un protagonismo en los mismos.
Las dudas que mantienen los kurdos están directamente relacionadas con la presencia de actores islamistas (la actuación de éstos en Iraq contra la población kurda local perdura en las mentes de muchos kurdos en Siria), con el papel que está adoptando Turquía, apoyando claramente la oposición al régimen sirio, pero sin esconder su rechazo a cualquier demanda kurda, y también con el complejo escenario que se está desarrollando.
El este kurdo, dominado por Irán, también está en cierta medida sujeto a los acontecimientos del conjunto de la región. Desde Teherán se sigue manteniendo una dura represión contra los activistas kurdos, y éstos hace tiempo que han dado paso a una nueva generación que ha optado por mantener activas todas las formas de resistencia al régimen iraní.
En la zona aparece en ocasiones un factor unido a la presencia de terceros actores. Así, Irán mantiene una alianza de facto con Turquía a la hora de perseguir las expresiones del nacionalismo kurdo, temerosos ambos estados de los lazos y relaciones que mantienen algunas de las organizaciones kurdas de esos dos estados. Y al mismo tiempo los dirigentes iraníes temen la posible presencia de actores extranjeros (algunas fuentes apuntan a EEUU o Israel), que intentarían aprovechar las reivindicaciones kurdas para debilitar al actual régimen de Teherán. No obstante, la población kurda es muy consciente que en el pasado la defensa de sus derechos por terceros actores ha estado condicionada a la salvaguarda de los intereses de los extranjeros, que no han dudado en abandonar a su suerte a Kurdistán en todo momento.
El sur de Kurdistán, la región enmarcada dentro del actual estado iraquí, ha desarrollado durante estos años una situación que ha servido de referente para otras poblaciones kurdas. La coyuntura en torno a Iraq ha permitido un evidente despegue económico de la región, al tiempo que se considera como la zona más estable del país.
Sin embargo durante estos doce meses las protestas también han llegado hasta allí. Las disputas en torno al status final de Kirkuk, la corrupción, el mercado negro de petróleo, las carencias democráticas de los dos principales partidos kurdos (PUK y PDK), la irrupción de militares turcos persiguiendo a los militantes del PKK, son algunos ejemplos que muestran que la situación no es tan estable como algunos pretenderían.
El rumbo que tomen las protestas en el mundo árabe, y el futuro escenario que se diseñe en torno a Iraq, añadirán más gotas de incertidumbre en torno al sur de Kurdistán, sin descartar tampoco los intereses de otros actores para aumentar su peso en la zona también.
A la vista de todo ello, podemos observar que tras el manto de la llamada “primavera árabe” coexisten otros protagonistas “no árabes” (los casos de Irán, Turquía o Israel, son evidentes), pero al mismo tiempo ese manto mediático tejido en torno a esos acontecimientos nos impide ver la existencia de realidades como la del pueblo kurdo, que a día de hoy sigue siendo la mayor nación sin estado del mundo, y que sigue manteniendo firmes sus demandas, a pesar de que se obvie su existencia.

TXENTE REKONDO.- Gabinete Vasco de Análisis Internacional (GAIN) 

lunes, 26 de diciembre de 2011


El “padrino” de la Inteligencia Militar colombiana, absuelto en el caso del Palacio de Justicia

National Security Archive/Global Research...26/12/2011

WASHINGTON D.C., 16 de diciembre de 2011.– Un general colombiano absuelto hoy en uno de los casos más infames de derechos humanos del país colaboró “activamente” con escuadrones de la muerte paramilitares responsables de docenas de masacres, según registros estadounidenses hasta ahora secretos obtenidos según la Ley de Libertad de la Información por National Security Archive.Otrora el tercer oficial más importante de las fuerzas armadas colombianas, y posteriormente máximo consejero del Departamento de Seguridad Administrativa (DAS) del presidente Álvaro Uribe, Iván Ramírez Quintero, fue absuelto hoy de la tortura y desaparición de Irma Franco, una de varias personas detenidas por el ejército durante el desastre en el Palacio de Justicia de noviembre de 1985.
La absolución tiene lugar a pesar de evidencia sustancial, incluidos cables desclasificados de la embajada de EE.UU., que vincula a Ramírez con las desapariciones. Entre los documentos hay informes de que las personas desaparecidas fueron “torturadas y asesinadas por miembros de la Brigada Charry Solano, la unidad dirigida entonces por Ramírez.
Dos ex altos oficiales del ejército, el coronel Alfonso Plazas Vega y el general Jesús Armando Arias Cabrales, ya han sido declarados culpables en el desastre del Palacio de Justicia y siguen siendo las únicas personas sentenciadas en el caso que ahora tiene 25 años de antigüedad. Más de 100 personas, incluidos 11 jueces de la Corte Suprema, perecieron durante las operaciones militares para recuperar el Palacio de Justicia de manos del M-19, que se apoderó del edificio en noviembre de 1985. Un documento previamente publicado por el Archivo culpó a “los soldados bajo el comando del coronel Alfonso Plazas Vega" de las muertes de individuos detenidos por el ejército después del ataque.
El archivo desclasificado sobre el general Iván Ramírez Quintero, el llamado “padrino de la inteligencia del ejército”, lo presenta como un astuto y corrupto jefe de espías que compartía información confidencial con grupos ilegales de milicias, mantenía relaciones con narcotraficantes y personajes paramilitares tristemente célebres y utilizaba “tácticas de amedrentamiento” para derribar a sus enemigos políticos.
“Retrato de un general corrupto”
Los informes desclasificados se concentran en los vínculos entre Ramírez, narcotraficantes y grupos ilegales paramilitares en los años noventa, en particular mientras estaba a cargo de la Primera División del ejército, a lo largo de la costa atlántica de Colombia, donde mantuvo “vínculos directos con paramilitares”, según fuentes de los servicios de inteligencia citados en un cable de la embajada de 1996. Al año siguiente, un informe especial de la Agencia de Inteligencia de Defensa mostró a Ramírez junto al titular: “Retrato de un general corrupto” y junto a una foto de “Fuerzas paramilitares respaldadas por narcotraficantes”.
El embajador de EE.UU. Myles Frechette habló por lo menos con dos ministros de defensa colombianos diferentes sobre los “presuntos vínculos con narcotraficantes y paramilitares” del general. En una reunión de noviembre de 1997 con el ministro colombiano de defensa Gilberto Echeverri, Frechette citó “más evidencia que sugiere que Ramírez transmite inteligencia militar a los paramilitares y que la información se utiliza contra las guerrillas”. Frechette tenía buenos motivos para estar preocupado. Una nueva ley de EE.UU. que relacionaba la ayuda militar al extranjero con el desempeño en derechos humanos, había aumentado el enfoque de la embajada en oficiales abusivos, y Ramírez, a pesar de la presión de EE.UU. por su historial de derechos humanos, acababa de ser señalado como próximo inspector general del ejército. Frechette dijo directamente al ministro de Defensa “que si Ramírez adquiriera un rango o posición más elevada, se comprometería seriamente la capacidad del USG [gobierno de EE.UU.] de cooperar con los militares colombianos”.
“Padrino de la inteligencia del ejército” 
Los contactos estadounidenses en las fuerzas armadas colombianas también se mostraban escépticos respecto a Ramírez. Un ex coronel dijo que estaba “convencido [de que Ramírez] había ido mucho más allá de la fase pasiva con los paramilitares y los estaba apoyando activamente”. El coronel estaba “preocupado por la dirección que podría tomar el Colar [ejército colombiano] si Ramírez abusa de su posición como IG [inspector general], o peor todavía, si se permite que ascienda a posiciones aún más elevadas en la jerarquía de las fuerzas armadas”. Ramírez es caracterizado repetidamente como “padrino de la inteligencia del ejército” con influencia “tan penetrante dentro de la comunidad de la inteligencia militar” que mantiene control sobre tareas de inteligencia incluso desde puestos no relacionados con la inteligencia.
Otro oficial colombiano retirado dijo a la embajada que Ramírez había sido el “padrino” de la “mafia de la inteligencia” de Colombia durante más de 20 años. El general “se rodeó de subordinados leales que ‘lo encubrían’ y estaba conectado con ‘elementos sospechosos’ dentro de la Brigada 20 de Inteligencia Militar” del ejército, según un cable de información sobre la reunión.
La Brigada 20 fue establecida en 1990 por recomendación del equipo de inteligencia estadounidense y Ramírez fue su primer comandante. “Fundamentalmente creada para operaciones clandestinas”, los miembros de la brigada estaban conectados  con unidades del ejército en todo el país, según un informe del ejército de EE.UU. Su personal trabajaba “encubierto y con ropas civiles”, y estaba subordinado solo a comandantes de división y a otros oficiales de inteligencia.
La brigada se convirtió en el símbolo más visible del corrupto y abusivo establishment de los servicios de inteligencia de Colombia, y estuvo relacionada con asesinatos políticos, tortura de presuntos guerrilleros y con las brutales fuerzas paramilitares de Colombia. El informe del Departamento de Estado sobre derechos humanos de 1997 acusó a la brigada de inteligencia de “actividad de escuadrones de la muerte”, una acusación hecha también por el embajador Frechette cuando dejó el puesto en Bogotá a finales de ese año.
El “padrino” Ramírez llevaba el control entre bastidores. Un informe dirigido al subsecretario de asuntos políticos del Departamento de Estado, Thomas Pickering, aseveró que “Ramírez y algunos elementos de la Brigada 20 de Inteligencia basada en Bogotá, colaboran activamente con paramilitares suministrando inteligencia y otro apoyo”. La CIA relacionó a Ramírez con Carlos Castaño, tristemente célebre jefe de las poderosas Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (ACCU). Un informe de la embajada de EE.UU. de 1998 señaló la “reciente efectividad” del ejército “en la limitación de los paramilitares” desde que Ramírez fue sacado de la Primera División, y agregó que parecía “más que una coincidencia que las recientes acciones anti-paramilitares hayan tenido todas lugar desde la partida del norte de Colombia de personal militar considerado favorable a los paramilitares”.
En mayo de 1998, poco antes de que Colombia anunciara los planes de desmantelar la Brigada 20, el Departamento de Estado anuló la visa estadounidense de Ramírez. En un memorando inusualmente apasionado sobre el dilema moral enfrentado por los responsables políticos de EE.UU. en Colombia, el encargado de Asuntos Andinos del Departamento de Estado, David Passage, hizo un ruego retórico por auto-reflexión por parte del ejército colombiano y del sistema militar de inteligencia en particular. Colombia tenía que desarrollar “técnicas creíbles y defendibles de recolección de inteligencia, en lugar de baterías de 12 voltios y mangueras de goma”, afirmó Passage, implicando enérgicamente la preferencia de los militares colombianos por técnicas de tortura.
Sí, sabemos que los militares colombianos no controlan todas las organizaciones paramilitares, pero también sabemos que existen suficientes lazos entre muchas de ellas y los oficiales militares colombianos como para que imposibiliten que hagamos caso omiso. NO, no los vamos a identificar; sabéis quiénes son. ¡Sanaos mentalmente antes de pedirnos ayuda! Si no comprendéis por qué retiramos la visa del general Ramírez, estamos demasiado alejados como para que podamos cooperar.
Tres meses después, un informe de Washington Post detalló los amplios vínculos entre Ramírez y grupos paramilitares y también lo identificó como “enlace e informante pagado de la Agencia Central de Inteligencia”, acusaciones que negó airadamente. Hecho el daño, Ramírez fue ignorado en la promoción en 1999 y enviado fuera del país para que sirviera como agregado militar en Chile.
Sin haber sido acusado jamás de sus supuestos vínculos paramilitares, Ramírez fue nombrado por el presidente Álvaro Uribe consejero especial para la máxima organización civil de inteligencia del país, el Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) en 2006. Posteriormente se estableció que la agencia de espionaje estaba dirigiendo una operación ilegal de escuchas al estilo de Watergate contra periodistas, jueces y defensores de los derechos humanos.
Arrestado en 2008 por desapariciones en el caso del Palacio de Justicia, Ramírez pasó más de tres años en prisión preventiva a la espera de la investigación y el juicio. El ex jefe paramilitar encarcelado Salvatore Mancuso ha testificado que Ramírez y ex agentes de DAS colaboraron con sus fuerzas ilegales.
Las revelaciones sobre el general Ramírez han sido tomadas de Colombia and the United States: Political Violence, Narcotics, and Human Rights, 1948-2010, una reciente adición al Digital National Security Archive. Editado por Michael Evans y publicado por ProQuest, el conjunto consiste de más de 3.000 documentos diplomáticos y de inteligencia sobre el decenal conflicto en Colombia.


National Security Archive Electronic Briefing Book No. 368
Para más información contacte a: Michael Evans - 202/994-7029. mevans@gwu.edu  
© Copyright National Security Archive, The National Security Archive, 2011


Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

Fuente: http://www.globalresearch.ca/index.php?context=va&aid=28282  

domingo, 25 de diciembre de 2011


         
Guerra contra Venezuela: Las Falsas Acusaciones de Washington Contra el Gobierno de Chávez


Aporrea...25/12/2011


Desde el fracaso del intento de golpe apoyado por Estados Unidos en contra del Presidente Hugo Chávez en Venezuela en abril de 2002, Washington sigue buscando una variedad de estrategias para sacar del poder al abrumadoramente popular Jefe de Estado Suramericano. El financiamiento multimillonario a grupos antichavistas en Venezuela a través de los organismos del Gobierno estadounidense, como la Fundación Nacional para la Democracia (NED por sus siglas en inglés) y la Agencia del Desarrollo de los EEUU (USAID por sus siglas en inglés), se ha incrementado exponencialmente en los últimos diez años; así como el apoyo político directo a través de asesores, estrategas y consultores, todos buscando ayudar a una oposición impopular y desfasada para llegar al poder.

Los organismos gubernamentales estadounidenses, incluyendo el Departamento de Estado, la Agencia Central de Inteligencia (CIA por sus siglas en inglés), La Dirección Nacional de Inteligencia y el Pentágono, han abultado su lenguaje hostil contra el Gobierno de Venezuela en los últimos años. La importante nación productora de petróleo ha sido incluida en las innumerables e infundadas “listas” producidas anualmente por Washington, como por ejemplo, “incumplimiento en la cooperación en la lucha antinarcóticos”, “incumplimiento en el apoyo en la guerra contra el terrorismo”, “trata de personas” y otros, basados en decisiones políticas y no en evidencia concreta y sustancial para apoyar sus acusaciones. Estas calificaciones han permitido a Washington no sólo justificar el uso de millones dólares de los contribuyentes estadounidenses distribuidos a grupos antichavistas con fachada de ONG, sino incrementar la presencia militar en la región y convencer a la opinión pública de que Hugo Chávez es un enemigo.

A pesar de las “promesas” de relaciones respetuosas y de no intervención, el lenguaje hostil y las acciones hacia Venezuela del Gobierno de Obama han llevado a congelar las relaciones diplomáticas entre ambas naciones, sumado a los planes expansivos dentro de Washington para incluir a la nación Suramericana en el “eje terrorista del mal”. El proceso en contra de Venezuela, que comenzó durante la administración de George W. Bush, ha sido rápidamente acelerado por Obama. Con el Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes de EEUU en manos de los republicanos de Florida, Ileana Ros-Lehtinen y Connie Mack (ambos furibundos enemigos de Chávez), el Congreso ha estado presionando para lograr acciones directas contra Venezuela buscando provocar la expulsión de Chávez y colocar a un Gobierno “Amigable con EEUU” en el poder.

Venezuela no sólo tiene las reservas de petróleo más grandes del planeta, con posiblemente más de 500 billones de barriles, aproximadamente 300 certificables, sino que la posición geopolítica del país como puerto de Suramérica, con fronteras en el Caribe, los Andes y el Amazonas, la convierten en una de las naciones estratégicamente más importantes del mundo. Adicionalmente al petróleo, Venezuela tiene inmensas reservas minerales, metales pesados, uranio y agua.

El creciente liderazgo de Chávez y su influencia en la región han enojado a Washington desde hace algún tiempo. Los esfuerzos por demonizar, ridiculizar y hasta ignorar al Jefe de Estado venezolano han sido utilizados por el Gobierno de EEUU y los medios de comunicación masivos durante los últimos años, creando una percepción distorsionada de la realidad de Venezuela en la opinión pública. A pesar de las numerosas elecciones realizadas, todas supervisadas por observadores internacionales, en las cuales Chávez ha ganado con alrededor del 60% de los votos, los medios internacionales proyectan al Presidente venezolano como un “dictador” y a la nación como un “Estado fallido”. Sin embargo, la creciente y vibrante democracia venezolana, en la que una mayoría anteriormente excluida y silenciada por Gobiernos anteriores apoyados por EEUU, hoy participan libre y ampliamente, han logrado cambios extraordinarios en la nación, incluyendo una reducción de un 50% de la pobreza, garantía de asistencia médica y educación gratuitas, una tasa de desempleo del 6% (una baja respecto al 15% anterior) y un gran desarrollo en cuanto a infraestructura.

Aunque el Presidente Obama se había abstenido de hablar sobre Venezuela (igual que su predecesor Bush) una reciente entrevista en un periódico nacional antichavista, El Universal, evidencia un cambio en la política. La entrevista, que se apoya en una alarmante transmisión de un “reporte” no corroborado que intenta vincular a Venezuela, Cuba e Irán con un complot terrorista en contra de EEUU, aparecida en el canal latino más grande de Estados Unidos, Univisión, se lee como una página sacada del grueso libro de falsas acusaciones hechas en contra de Venezuela desde que Chávez llegó al poder en 1999.

En respuestas escritas al periódico venezolano, Obama (o su equipo de asesores) insinuó que Venezuela era una dictadura y manifestó su “preocupación por las medidas del Gobierno que han restringido los derechos universales de los venezolanos, amenazan los principales valores democráticos y fracasaron en contribuir con la seguridad en la región”. Por supuesto Obama omite citar ejemplos reales para confirmar su “preocupación”. Estas son simplemente el tipo de declaraciones que han sido regurgitadas por los voceros de Washington durante la última década, nunca con una sola prueba de evidencia viable para respaldar sus afirmaciones condenatorias.

Ningún derecho ha sido restringido en Venezuela por el Gobierno. De hecho, los derechos se han ampliado bajo la nueva Constitución que fue escrita y ratificada por los venezolanos en un Referéndum Nacional en 1999. Los venezolanos tienen los derechos básicos de atención médica, educación, alimentación, vivienda, trabajo digno, salario mínimo, participación, expresión, recreación y cultura, lo que los 300 millones de habitantes de Estados Unidos no tienen. Y es cínico decir que Venezuela, un país con un poder militar mínimo que jamás ha atacado a otra nación ni amenazado o invadido a ningún vecino, es “una amenaza regional para la seguridad”. La historia del Gobierno de EEUU de 200 años de invasiones, masacres, golpes, intervenciones y otras agresiones en contra de casi todas las naciones de América Latina y el Caribe no puede quedar “en el pasado” como quisiera Obama.

Obama no omitió mencionar su “preocupación” acerca de la relación de Venezuela con Irán, sobre la cual afirmó “Tomamos muy en serio las actividades de Irán, incluyendo las de Venezuela y continuaremos monitoreándolas de cerca”. No es coincidencia que estas declaraciones vinieron seguidas del documental al estilo Hollywood de Univisión, “La Amenaza Iraní”, que hace peligrosas afirmaciones difamatorias en contra de la administración de Chávez en un intento por incluir a Venezuela en un falso complot terrorista.

A pesar de la ridiculez de las afirmaciones de Univisión, miembros del Congreso están conversando con Obama para que tome acciones preventivas en contra de Irán y Venezuela. Otros “comentaristas” y “analistas” están ocupados escribiendo blogs y columnas advirtiendo sobre la creciente amenaza terrorista al Sur de la frontera estadounidense. Estas peligrosas e infundadas acusaciones pueden fácilmente ser usadas para justificar un ataque contra Venezuela, como usaron las armas de destrucción masiva en contra de Iraq y “proteger a la población” se uso en contra de Libia.

Irán y Venezuela tienen una relación comercial normal. Ambos países comparten tecnología y recursos para hacer carros y bicicletas, construir viviendas y operar fabricas de leche. Desde luego los carros, las viviendas y la leche no se equiparan a una amenaza terrorista. Una y otra vez, Venezuela ha demostrado que no hay “campos de entrenamiento terrorista” en su territorio. Ni tampoco está construyendo en secreto una bomba para atacar a EEUU. Venezuela es una nación pacifica. No invade, ataca ni amenaza a otros países.

Las temerarias agresiones de Obama en contra de Venezuela podrían llevar a una atrocidad innecesaria. Como dijo el Presidente Chávez, a Obama le iría mejor enfocándose en los problemas que tiene en casa, en lugar de crear otros más en el exterior.


Fuente: http://aporrea.org/tiburon/a135834.html

sábado, 24 de diciembre de 2011


            
El drone que cayó del cielo


Tom Dispatch...24/12/2011

Lo que nos dice un avión robot averiado sobre el imperio estadounidense en 2012 y el futuro.

Introducción del editor de Tom Dispatch 
Son las 10 de la noche. ¿Sabéis dónde está nuestro drone?
¡Oh! ¡Qué confusión! Los militares estadounidenses insisten ahora en que estaban profundamente confundidos cuando afirmaron que un súper-secreto drone avanzado RQ-170 Sentinel (conocido como “la bestia de Kandahar”) que cayó en manos iraníes el 4 de diciembre – evidentemente mientras buscaba presuntas instalaciones nucleares– se perdió mientras patrullaba la frontera afgana. Los militares, dijo un portavoz, “no entendieron bien lo que estaba ocurriendo porque se trataba de una misión de la CIA”.
Sea lo que se sea, la historia del drone perdido llegó a los titulares de una manera que permitió a todos sus 15 minutos warholianos de fama. Dick Cheney apareció para insistir en que el presidente Obama debiera haber enviado aviones de la Fuerza Aérea a Irán para hacer volar en pedazos el Sentinel aterrizado. (¿Qué importa que se provoquen hostilidades o aumentos astronómicos en los precios del petróleo?) El presidente Obama solicitó formalmente la devolución del avión, pero de alguna manera no parecía muy esperanzado de que los iraníes lo harían. (Como precedente recuerde a Gary Powers y el derribo de su avión espía U-2 sobre Rusia en 1960.) El secretario de Defensa Leon Panetta dijo que nunca detendríamos nuestra vigilancia de Irán con drones basados en Afganistán. El presidente afgano Hamid Karzai pidió que su país fuera mantenido fuera de cualesquiera “relaciones adversas entre Irán y EE.UU.”
(¡Ninguna probabilidad!) Los iraníes, que exhibieron el avión, insistieron orgullosamente que lo habían “hackeado”, “engañado” sus controles de navegación, y lo habían hecho descender en un aterrizaje relativamente suave.
Considerando todo, fue un pequeño circo robótico. Uno verdadero, de tres pistas. Mientras tanto los drones tampoco lo estaban pasando bien en otros sitios, aunque nadie les prestaba mucha atención. La historia, media oculta, de drones de la semana, no estaba del lado iraní de la frontera afgana, sino del lado paquistaní. Allí, en las zonas tribales fronterizas de ese país, la CIA ha estado realizando durante años una creciente campaña aérea de drones, cientos de ataques, a menudo varios por semana, contra presuntos militantes de al Qaida y talibanes. Sin embargo, después de un “incidente” en el cual ataques aéreos estadounidenses mataron 24 soldados paquistaníes en dos puestos fronterizos, los paquistaníes cerraron la frontera a suministros estadounidenses para la guerra afgana (aumentando significativamente el coste de ese conflicto), expulsaron a EE.UU. de la base aérea Shamsi, la principal instalación de drones de la CIA en el país, y amenazaron con derribar todo drone estadounidense sobre su territorio. Al hacerlo, parecen haber obligado al gobierno de Obama a terminar su campaña aérea encubierta de drones. Hasta el momento, no ha habido ataques de drones desde hace casi un mes.
Cuando todavía era director de la CIA, Leon Panetta calificó la campaña de drones de la Agencia de “único juego en la ciudad”. Ahora está “en espera” (“Hay preocupación de que otro ataque [por los drones] llevará las relaciones estadounidenses-paquistaníes a superar el punto de no retorno”, dijo un funcionario a The Long War Journal. “No sabemos hasta donde podemos empujarlos [a los paquistaníes], cuánto más están dispuestos a tolerar”.) Después de esos cientos de ataques y numerosas víctimas civiles, que han ayudado a volver contra EE.UU. la opinión pública paquistaní –según un sondeo reciente, un impresionante 97% de los paquistaníes se oponen a los ataques– es un cambio sorprendente, pero temporario y poco notado.
En otras palabras, hemos llegado muy lejos, desde el momento en 2001 cuando el secretario adjunto de Estado, Richard Armitage, supuestamente irrumpió en la oficina del director de inteligencia de Pakistán y le dijo que se aliara a Washington en la lucha contra al Qaida o arriesgara ser bombardeado “de vuelta a la Edad de Piedra”. Mientras EE.UU. se va de Iraq con el rabo entre las piernas, el revés en Pakistán (como en Irán) debe ser considerado como una medida de cuán poco la masiva ventaja de alta tecnología militar, drones y otros, de Washington, ha podido alterar la cambiante ecuación del poder en el planeta.
En el más reciente artículo de su nueva serie sobre la cara cambiante del imperio, el editor asociado de TomDispatch, Nick Turse, explora por qué, a pesar de las afirmaciones de sus propugnadores, la última arma maravilla de EE.UU. nunca representará un cambio radical en el juego. Tom

El drone que cayó del cielo
Lo que un avión robot averiado nos dice sobre el imperio estadounidense en 2012 y el futuro
Nick Turse 
El drone había estado en el aire durante unas cinco horas antes que el control de la misión notara que algo andaba mal. La temperatura del aceite en el turbocompresor del avión, notaron, había llegado al nivel “preventivo”. Una hora después, iba peor, y seguía subiendo con el paso de los minutos. Mientras el personal revisaba desesperado su lista de control de “sobrecalentamiento del motor”, tratando de descubrir el problema, la temperatura del aceite del motor también comenzó a subir rápidamente.
A esta altura, tenía ante sí una emergencia en vuelo hecha y derecha. “Todavía tenemos control del motor, pero la falla del motor es inminente”, anunció el piloto por la radio. Casi dos horas después de las primeras señales de problemas, el motor se detuvo. Volando a 217 metros por minuto, el drone rompió una cerca antes de desplomarse.
País de los drones perdidos 
Estos días parecería que los cielos estuvieran repletos de drones en caída. La más publicitada llegó a los titulares cuando Irán anunció que sus militares habían tomado posesión de una avanzada nave espía a control remoto, supuestamente un RQ-170 Sentinel.
Abundan las preguntas sobre cómo los iraníes llegaron a poseer uno de los equipos más sofisticados de los militares de EE.UU. Irán afirmó primero que sus fuerzas habían derribado el drone después que “violó brevemente” el espacio aéreo oriental del país cerca de la frontera afgana. Más tarde, la República Islámica insistió en que el vehículo aéreo sin tripulación había penetrado 241 kilómetros antes de ser abatido por un sofisticado ataque cibernético. Y hace solo algunos días, un ingeniero iraní presentó una explicación más detallada, pero aún no corroborada, de cómo un ataque de hackeo secuestró el avión.
Por su parte, EE.UU. afirmó inicialmente que sus fuerzas armadas habían perdido el drone mientras estaba en misión en Afganistán occidental. Más adelante, funcionarios no identificados admitieron que de hecho la CIA había estado realizando una operación clandestina de espionaje sobre Irán.
La caída del drone al principio de este artículo tuvo lugar en Afganistán –en Kandahar, para ser preciso– en mayo de este año. No se informó en aquel entonces y tuvo que ver no con un impecable RQ-170 Sentinel con alas de murciélago, sino con el más antiguo, macizo, aunque más famoso, MQ-1 Predator, una máquina cazadora/asesina –más bien un caballo de tiro– de la guerra afgana y de la campaña de asesinato por drone de la CIA en las áreas tribales fronterizas de Pakistán.
Un documento que detalla una investigación de esa caída del Predator por la Fuerza Aérea de EE.UU., examinado por TomDispatch, arroja luz sobre el ciclo de vida y los defectos de los drones –todo lo que puede ir mal en operaciones aéreas sin tripulación– así como el tenebroso sistema de bases y unidades esparcidas por todo el globo, que mantienen constantemente en el aire a esos drones mientras EE.UU. depende cada vez más de la guerra por control remoto.
Ese informe e impresionantes nuevas estadísticas obtenidas de los militares ayudan a comprender mejor defectos insuficientemente examinados en la tecnología de los drones. También recuerdan que periodistas no van más allá del sobrecogimiento cuando se trata de guerra de alta tecnología y de las últimas armas milagrosas de EE.UU. – su curiosa incapacidad de examinar las agudas limitaciones el hombre y la máquina que pueden hacer que incluso la tecnología militar más avanzada se desplome a tierra.
Juego de números 
Según estadísticas suministradas a TomDispatch por la Fuerza Aérea, los Predators han volado la mayor parte de las horas en las guerras de drones de EE.UU. Hasta el 1 de octubre, los MQ-1 habían pasado más de 1 millón de horas en el aire, 965.000 de ellas en “combate”, desde que fueron introducidos al servicio militar. El más nuevo, más fuertemente armado, MQ-9 Reaper, en comparación, ha volado 215.000 horas, 180.000 de ellas en combate. (La Fuerza Aérea se niega a revelar información sobre la carga de trabajo del R-170 Sentinel.) Y estas cifras siguen aumentando. Solo este año, los Predator han registrado 228.000 horas de vuelo en comparación con 190.000 en 2010.
Un análisis de datos oficiales de la Fuerza Aérea realizado por TomDispatch indica que sus drones se estrellaron de manera espectacular no menos de 13 veces en 2011, incluida esa caída del 5 de mayo en Kandahar.
Cerca de la mitad de esos incidentes, que resultaron todos en la pérdida de un avión o en daño a la propiedad de 2 millones de dólares o más, ocurrió en Afganistán o en la pequeña nación africana de Yibuti, que sirve de base para drones involucrados en las guerras secretas de EE.UU. en Somalia y Yemen. Todos, menos dos, de esos incidentes tuvieron que ver con el modelo MQ-1, y cuatro de ellos tuvieron lugar en mayo.
En 2010, hubo siete grandes percances de drones, todos, menos uno, relacionados con Predators; en 2009, fueron 11. En otras palabras, ha habido 31 pérdidas de drones en tres años, y al parecer ninguno fue derribado. Todos cayeron hacia el planeta por su propio problema mecánico o gracias a error humano.
Otras caídas publicitadas de drones no están incluidas en la estadística de accidentes importantes de la Fuerza Aérea para este año, como un helicóptero a control remoto de la Armada que cayó en Libia en junio y un vehículo aéreo sin tripulación cuya cámara fue supuestamente recuperada por insurgentes afganos después de una caída en agosto, así como la pérdida el 4 de diciembre del RQ-180 en Irán y una caída aún más reciente de un MQ-9 en las Seychelles.
Esfuerzo de grupo 
EE.UU. realiza actualmente su guerra de drones desde 60 o más bases repartidas por todo el globo. Varían desde sitios en el sudoeste de EE.UU. con filas de tráileres desde los cuales pilotos de drones “vuelan” esos aviones utilizando ordenadores, a otros mucho más cercanos al campo de batalla donde otros pilotos –sentados frente a un equipo semejante, que incluye múltiples monitores de ordenador, teclados, un joystick, unthrottle, un rollerball, un ratón, y varios interruptores – lanzan y hacen aterrizar a los drones. En otras bases, candidatos a pilotos de drones son entrenados en simuladores y los propios aviones son probados antes de ser enviados a distantes campos de batalla.
El accidente del Predator del 5 de mayo a cerca de media milla de una pista de aterrizaje en el Aeropuerto de Kandahar recuerda hasta qué punto las operaciones de drones se han hecho confusas, con múltiples unidades y bases que tienen un rol en una sola misión.
Ese drone Predator, por ejemplo, dependía del Tercer Escuadrón de Operaciones Especiales, que opera desde la Base Cannon de la Fuerza Aérea en Nuevo México, y forma parte últimamente del Comando de Operaciones Especiales de la Fuerza Aérea en Hurlburt Field, Florida. Cuando se estrelló, era piloteado por un piloto dentro del país del 62º Escuadrón Expedicionario en el Aeropuerto Kandahar, cuya unidad supervisora, el 18º Escuadrón de Reconocimiento, tiene su sede en la Base Creech de la Fuerza Aérea en Nevada, zona cero para las operaciones de drones de los militares. El operador que manejaba los sensores en el drone, por otra parte, era miembro de la Guardia Nacional Aérea de Texas basado en Ellington Field en Texas.
El tramo final de esa misión destinada al fracaso –en apoyo a fuerzas de elite de operaciones especiales– debía ser realizado por un piloto que había estado operando Predators durante 10 meses y había piloteado drones durante aproximadamente 51 horas durante los 90 días anteriores. Con menos de 400 horas en total de experiencia, era considerado “inexperto” según los estándares de la Fuerza Aérea y, durante su entrenamiento en el despegue y la recuperación de drones, había fallado en dos sesiones de simulador y un ejercicio de vuelo. Sin embargo, había sobresalido en lo académico, pasado sus evaluaciones, y era considerado un piloto cualificado de MQ-1, aprobado para vuelos sin supervisión.
Su operador de sensores había sido cualificado por la Fuerza Aérea durante la mejor parte de dos años, con calificaciones promedio o sobre el promedio en evaluaciones de rendimiento. Después de haber “volado” un total de 677 horas –cerca de 50 de ellas en los 90 días antes del accidente – era considerado como “experimentado”.
El hecho de que el dúo haya estado controlando un drone de operaciones especiales destaca la cada vez más fuerte y simbiótica relación entre las dos formas recientemente crecientes de guerra de EE.UU.: incursiones de pequeños equipos de fuerzas de elite y ataques de robots a control remoto.
Vida y muerte de drones estadounidenses 
Durante la investigación posterior al accidente, se determinó que el personal en tierra en Afganistán había estado utilizando regularmente un método no autorizado de drenaje del líquido de refrigeración del motor, aunque no quedó claro si eso contribuyó al accidente. Los documentos de la investigación indican además que el motor del drone tenía 851 horas de vuelo y por lo tanto se acercaba al fin. (La vida operacional del motor de un drone Predator es supuestamente cerca de 1.080 horas.)
Después del accidente, el motor fue enviado a la instalación de pruebas de California, donde técnicos de General Atomics, fabricante del Predator, realizó una investigación forense. Se descubrió que un sobrecalentamiento significativo había combado y deformado la maquinaria.
Finalmente, la Fuerza Aérea dictaminó que un mal funcionamiento del sistema de enfriamiento había llevado a la falla del motor. Un investigador del accidente también concluyó que el piloto no había realizado procedimientos apropiados después de la falla del motor, llevando a que la nave se estrellara poco antes de la pista de aterrizaje, dañando ligeramente la cerca del perímetro de la Base Aérea de Kandahar, y destruyendo el drone.
La conclusión clara a la que llegaron los investigadores en este accidente está en fuerte contraste con la falta de claridad sobre lo que ocurrió con el drone avanzado que ahora está en manos iraníes. Si este último se estrelló gracias a mal funcionamiento, fue derribado, descendido por un ciber-ataque o si terminó en el suelo por alguna otra razón completamente diferente, su pérdida y la del drone de operaciones especiales recuerdan hasta qué punto los militares de EE.UU. han llegado a depender de aviones robot de alta tecnología cuyos grandes accidentes exceden ahora los de aviones de ala fija mucho más costosos. (En 2011 hubo 10 grandes incidentes aéreos con semejantes aviones de la Fuerza Aérea.)
Guerra de robots en 2012 y en el futuro 
El que no se haya logrado la victoria en Iraq y Afganistán, en comparación con un éxito aparente en la guerra libia –librada significativamente mediante poder aéreo incluyendo drones– ha convencido a muchos en las fuerzas armadas de que no abandonen las guerras en el extranjero, sino también su enfoque. Las ocupaciones a largo plazo con la participación de miles de soldados y el uso de tácticas de contrainsurgencia serán permutadas por drones y operaciones de fuerzas especiales.
Aviones de pilotaje remoto han sido pregonados regularmente, en la prensa y por los militares, como armas milagrosas, de la misma manera como, no hace tanto tiempo, se promovían las tácticas de contrainsurgencia como un elixir para el fracaso militar. Como anteriormente el avión, el tanque y las armas nucleares, el drone ha sido pregonado como un elemento decisivo, destinado a cambiar la esencia misma de la guerra.
En cambio, como los otros, ha demostrado cada vez más que no es un arma determinante, con vulnerabilidades ordinarias. Su tecnología es falible y sus esfuerzos han sido a menudo contraproducentes en los últimos años. Por ejemplo, la incapacidad de pilotos que contemplan los monitores de ordenadores al otro lado del planeta para discriminar entre combatientes armados y civiles inocentes ha resultado ser un problema continuo para las operaciones de drones militares, mientras que se considera que el programa de asesinato de juez-jurado-verdugo de la CIA entra en conflicto con el derecho internacional – y, en el caso de Pakistán, enajena a toda la población. El drone parece ser cada vez menos un arma victoriosa que una máquina para generar oposición y enemigos.
Además, a medida que aumentan año tras año las horas de vuelo, las vulnerabilidades de misiones con pilotaje remoto salen regularmente a la luz. Han incluido el hackeo de información vídeo de drones, un virulento virus informático que afecta a la flota sin tripulación de la Fuerza Aérea, porcentajes elevados de pilotos de drones que sufren de “alto estrés operacional”, un aumento de la cantidad de accidentes, y la posibilidad de secuestros iraníes de drones.
Aunque errores humanos y mecánicos son inherentes en la operación de todo tipo de maquinaria, pocos comentaristas han concentrado una atención significativa sobre todo el espectro de fallas y limitaciones de los drones. Durante más de una década, los aviones a control remoto han sido el sostén principal de las operaciones militares de EE.UU. y el ritmo de operaciones de drones sigue aumentando todos los años, pero relativamente poco ha sido escrito sobre los defectos de los drones o los límites y peligros de las operaciones de drones.
Es posible que la Fuerza Aérea esté comenzando a preocuparse por cuándo habrá un cambio al respecto. Después de años de conducir regularmente a periodistas por las operaciones de drones en la Base Creech de la Fuerza Aérea para recibir un torrente de publicidad brillante, incluso impresionante, sobre las glorias de los drones y los pilotos de drones, este año, sin explicación alguna, se cerró el acceso de la prensa al programa, y se ocultó a la sombra la guerra robótica.
Las recientes pérdidas del robot Sentinel del Pentágono en Irán, del Reaper en las Seychelles, y del Predator en Kandahar, sin embargo, abren una ventana en la cual un futuro en el cual los cielos del globo estén repletos de drones puede ser mucho menos maravilloso de lo que se ha hecho creer a los estadounidenses. Es posible que EE.UU. se esté basando en una flota de robots con alas de barro.
Nick Turse es historiador, ensayista, periodista de investigación, editor asociado de Tomdispatch.com y actualmente es también profesor en el Instituto Radcliffe de la Universidad de Harvard. Su libro más reciente es: The Case for Withdrawal from Afghanistan(Verso Books). Tambien es autor de The Complex: How the Military Invades Our Everyday LivesPuede seguirlo em Twitter @NickTurse, en Tumblr, y en Facebook. Su sitio en la web es NickTurse.com.
(Copyright 2011 Asia Times Online (Holdings) Ltd. All rights reserved.)
 (Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens)
Fuente: http://www.tomdispatch.com/blog/175482/