miércoles, 31 de agosto de 2011

¿Cómo se arreglará la OTAN para esconder los actos terroristas?


Michelcollon.info...31/08/2011

Poco a poco se confirma la terrible verdad. La que en realidad ya denunciaban desde abril –en vano- varias organizaciones internacionales de investigación: las tropas de choque de los “democráticos rebeldes” no han cesado de cometer atrocidades, bárbaras violaciones, pillaje, linchamientos racistas y crímenes de guerra. Cuando no matanzas entre ellos mismos.

Estamos recibiendo, muchísimos testimonios desde allí: no es la libertad lo que hacen reinar en Trípoli sino el terror. No son ellos los que han matado a las fuerzas defensoras libias, sino las sofisticadas armas de la OTAN, los países más poderosos de la tierra aplastan al pequeño ejército de un país de cinco millones de habitantes luego de haber privado a su población de agua, alimentos y energía y lo llaman “liberación”.

La última explosión de los rebeldes racistas ha consistido en diezmar a decenas de civiles negros, torturándolos y ejecutándolos. Hemos divulgado las imágenes. Seguramente los presentarán como “mercenarios de Gadafi” pero eso es totalmente falso, nos lo han aclarado recientemente personas que han sido literalmente masacradas.

La “gestión de las malas noticias”

Ahora bien, ¿cómo podrán la OTAN y sus agentes de desinformación en los días venideros neutralizar el efecto de estas revelaciones? ¿Cómo tratarán de anestesiar a la opinión pública? Es muy simple, nosotros ya hemos estudiado los métodos del Pentágono para “gestionar las malas noticias” que nos fueron reveladas por el Coronel Darryl Henderson de la Fuerza Aérea estadounidense.

El primer día van a contemporizar. Dirán que no saben qué sector cometió tal acto y que se va a verificar. En realidad se sabe muy bien, pero esto permite sembrar confusión y ganar tiempo.

Al segundo día se reconocerá que son ciertamente los rebeldes sus autores, pero con mucha fluidez se anunciará que está en curso una investigación –para seguir ganando tiempo-. Al mismo tiempo, para desviar la atención, se mostrará una “masacre” atribuida a Gadafi que a continuación se desmentirá, pero demasiado tarde y discretamente, por lo que ya habrá producido su efecto. Es lo que se llama ahogar al pez.

Al tercer día se anunciará que se están llevando a cabo investigaciones para encontrar y castigar a los culpables y desde luego la investigación llevará su tiempo.

“Gestionar las malas noticias” consiste en ganar tiempo, sembrar la confusión y finalmente “ahogar al pez” y desviar la atención.

Luego es necesario plantearse la siguiente pregunta: ¿Cómo es que Estados Unidos, aliado de la rama libia de al-Qaida, se sorprende de estas atrocidades? ¿O es que el caos y los próximos enfrentamientos le resultarán “útiles” para imponer su presencia? Trabajando sobre la opinión pública cualquier cosa puede colar…

Traducido del francés para Rebelión por Susana Merino

martes, 30 de agosto de 2011

Entrevista a Pascual Serrano, periodista
“El periodismo independiente no existe”


El Argentino...30/08/2011

El fundador del sitio Rebelión, y autor de varios libros que revelan cómo desinforman los medios, es uno de los pensadores más lúcidos sobre la comunicación. En esta entrevista analiza las prácticas hegemónicas, el papel de las audiencias y los desafíos para sostener modelos alternativos al de los grupos dominantes.

Pascual Serrano es uno de esos periodistas e intelectuales cuya opinión es valorada y respetada en diversos rincones del mundo, sobre todo por quienes primero paran la oreja izquierda para escuchar. Este mérito se debe a una trayectoria prolífica de libros, artículos y reflexiones, cuyo vértice es una mirada crítica, lúcida y lapidaria de los grandes medios de comunicación.

Serrano nació en Valencia, España, en 1964, y casi treinta años más tarde se licenció en periodismo, en Madrid, donde vive, trabaja y pretende desenmascarar el poder mediático. Desde allí, también responde con entusiasmo las preguntas de Miradas al Sur que viajan en correo electrónico y cruzan el océano a velocidad cibernética.

Con la misma presteza, Serrano, junto a un grupo de colegas, fundó en 1996, el sitio Rebelión (www.rebelion.org ), uno de los máximos paradigmas de la comunicación alternativa en Latinoamérica. Durante 2006 y 2007, fue asesor editorial de Telesur, el canal que es hijo de los procesos de cambio de nuestro continente y cuya pretensión es generar un modelo de comunicación contrapuesto a los medios dominantes.

Antes y después, y en medio de sus habituales colaboraciones en periódicos españoles y latinoamericanos como Le Monde Diplomatique, La Jiribilla yDiagonal, publicó, sucesivamente, dos ediciones de "Perlas. Patrañas, disparates y trapacerías en los medios de comunicación", "Medios violentos. Palabras e imágenes para el odio y la guerra", "Desinformación. Cómo los medios ocultan el mundo", "El periodismo es noticia. Tendencias sobre comunicación en el siglo XXI", "Traficantes de información. La historia oculta de los grupos de comunicación españoles", y, en junio de este año, "¿El mejor de los mundos? Un paseo crítico por lo que llaman 'democracia'".

En ellos, en la línea de pensamiento de Ignacio Ramonet, Eduardo Galeano y Noam Chomsky, Pascual Serrano describe con precisión el perverso ADN de la desinformación mediática.

Y, ahora que pulsa la tecla “enviar”, también responde nuestras preguntas.

–En el último año, en la Argentina se instaló un antagonismo entre “periodismo militante” y “periodismo independiente”. En su opinión, ¿existe tal antítesis? ¿Por qué?

–Personalmente no me gusta ninguno de los términos. Para empezar, el periodismo independiente no existe, o mejor dicho, es indefinible. ¿Independiente de qué, de quién? Siempre dependerá de algo o alguien. Dependerá de los superiores jerárquicos de quien escriba y que decidirán si se publica o no, dependerá del marco económico en que se desarrolle el medio y que será decisivo para que sea viable o no el proyecto, dependerá de todos los poderes económicos y políticos que garantizan el funcionamiento del medio, dependerá del punto de vista del periodista que está escribiendo. El uso de esos términos es malicioso porque lo hacen los sectores privados que se arrogan sin fundamento alguno el carácter de “independiente” frente a un periodismo que actúa condicionado por principios y valores.

–¿Por qué los medios se muestran tan interesados en desdibujar desde dónde “informan” y a la vez ponderan la “objetividad” y la “libertad de expresión”?

–Los grandes medios han descubierto que, para influir, deben presentarse como asépticos, neutrales, virginales. Basta con observar el nombre neutro que dan a sus cabeceras: El Mundo, El País, La Razón, La Nación, ABC. De este modo, deslizan intencionalidades, valores y posicionamientos que disfrazan de información pura. Incluso mienten. Por último, el uso y abuso del término “libertad de expresión” es sólo un escudo a través del cual quieren mantener su impunidad para manipular y sus privilegios para dominar el mercado informativo.

–Usted ha señalado a los medios como “traficantes de información”. ¿Por qué es posible esa definición?

–Mi libro Traficantes de información recurre a ese título para presentar a las empresas de comunicación como meros tiburones de las finanzas. En su modus operandi se aprecian todas las tropelías de ese mundo: tráfico de influencias, especulación, atropellos laborales, accionariado cruzado con empresas que trafican con armas, complicidad con golpes de Estado y dictaduras e incluso con la delincuencia organizada. En realidad, nada diferente a cualquier otro gran sector de la economía privada.

–Los movimientos sociales suelen plantear la invisibilidad que les asignan los grandes medios, pero también alzan la voz cuando sus temas se incorporan en las agendas mediáticas porque éstas distorsionan la información. ¿Cómo es posible escapar de este laberinto?

–No voy a decir que deben desentenderse de buscar el modo de ser protagonistas de la agenda informativa, pero sí es bueno que sepan que en el panorama privado empresarial de la información nunca van a encontrar un trato plural y honesto. Ese sector se mueve en un marco económico y financiero determinado y a él se deben. Todo lo que se enfrente al modelo económico dominante será silenciado o castigado desde esos medios. Por eso deben ayudar y participar en la elaboración de otro modelo informativo diferente.

–Ante lo que usted describe sobre los medios, ¿qué futuro augura a los periodistas profesionales?

–La casuística del periodista profesional es muy amplia. Mi opinión es que el profesional honesto que quiera adaptarse a los nuevos tiempos debe practicar un periodismo de análisis e interpretación. El formato urgente, frívolo y superficial de nuestros medios va a ser arrasado por internet y el testimonio ciudadano gracias a las nuevas tecnologías.

–Señala las responsabilidades de los medios, pero estos suelen escudarse en la elección de “la gente”. ¿Qué responsabilidad le atribuye a las audiencias?

–Escudarse en las audiencias es muy habitual. Creo que es discutible que las audiencias exijan esta mediocridad en los medios. Podemos observar que el programa que logró más audiencia en las televisiones españolas la semana pasada fue la previsión del tiempo. Si de toda la programación televisiva de una docena de canales, lo más aceptado por la audiencia fue la programación del tiempo, es evidente que están diciendo que los contenidos son una mierda.

–En la Argentina se discute si la definición “medios alternativos” es pertinente, dado que parecería reducirlos, a perpetuidad, a ser los hermanos menores del sistema de medios. ¿Le parece válido este tipo de debate? ¿Se lo ha planteado alguna vez?

–Sí, claro que me lo he planteado. Me parece apropiado el término “alternativo” pero con vocación de dejar de serlo. “Alternativo” quiere decir que promueve algo diferente a lo dominante, es evidente que es lo que todos pretendemos. Ahora bien, anclarnos y congratularnos en esa "alternatividad" puede suponer condenarnos a la marginalidad. La verdadera vocación del alternativo, en política, en sociología, y también en medios de comunicación, debe ser conseguir la hegemonía.

Fuente: http://sur.elargentino.com/notas/el-periodismo-independiente-no-existe

lunes, 29 de agosto de 2011

Libia y nuestra propaganda de guerra


www.silviacattoti.net...29/08/2011

Los ciudadanos de nuestros países democráticos deben alzarse y hacer oír sus voces para tratar de evitar a Siria la pesadilla de la intervención militar de las fuerzas de la OTAN bajo mandato de la ONU o de las “coaliciones de voluntarios” que han padecido y que continúan padeciendo los pueblos de Afganistán, de Iraq, de Somalia y de Libia. Indignada por la visión unilateral generalizada por los periodistas sobre las guerras cada vez más destructivas y sanguinarias que se desarrollan ante nuestros ojos, Anne Morelli, profesora de la Universidad Libre de Bruselas y Presidenta de “Mujeres por la Paz”, reacciona por medio de este hermoso y generoso texto (Silvia Cattori).


Los principios generales de la propaganda de guerra siempre son similares. Tratan de hacer que nos unamos a una causa belicista por medio de declaraciones primero pacifistas y después resignadas: nos vemos “obligados” por el Otro a hacer la guerra. Él la ha provocado y nosotros vamos a comprometernos en ella por unas causas nobles: la protección humanitaria de los civiles, la democracia, la lucha contra el militarismo desenfrenado de nuestro enemigo ...

Por supuesto, nuestro enemigo comete sistemáticamente atrocidades, mientras que nuestro ejército está compuesto de gentilhombres, todo lo más susceptibles de un “abuso” involuntario. Además, nosotros no arriesgamos nada con esta guerra: la aplastante superioridad de nuestros ejércitos nos garantiza unas “pérdidas cero”, mientras que nuestros enemigos están condenados desde un principio a la derrota. Finalmente, quien se oponga a esta guerra corta, moral y ferozmente victoriosa solo puede ser un agente del enemigo.

Reuní estos principios que rigen la propaganda, previa y contemporánea a todas las guerras desde el inicio del siglo XX, en un pequeño volumen [1]. Con cada nueva edición tengo que añadir a este mismo esquema ejemplos de patrañas que se han utilizado para movilizar a la opinión pública en los conflictos más recientes: Afganistán, Iraq... Y cada vez formulo en vano un deseo siempre desmentido: espero que los lectores, entendidos, dejen de caer, no caigan en las burdas trampas de la propaganda...

Pero, por desgracia, la reciente guerra de la OTAN contra Libia nos obliga a constatar que estos principios están activos... ¡y funcionan muy bien!

Nosotros somos pacifistas y “reaccionamos” ante los actos violentos libios

Según la tesis oficial de la OTAN, nuestros bombardeos vía la operación “Protector unificado”(sic) tienen por objetivo impedir que el régimen libio (las palabras tienen toda su importancia) prosiga con sus bárbaros ataques contra el pueblo libio [2]. Por consiguiente, “él” es quien comenzó y nosotros lo único que hacemos es reaccionar ante los actos violentos enemigos que, además, son difíciles de cuantificar y juzgar. Así, ¿son verdaderamente civiles inocentes los “rebeldes” de Bengasi contra los que actúa Tripoli, aunque hasta en las muy primeras fotos nos los mostraban armados hasta los dientes (¿por quién?) y aunque su Consejo Nacional de Transición se queje cuando se dirige a la OTAN en Bruselas de no recibir suficiente dinero para profesionalizar a su ejército? [3].

Los bombardeos, rebautizados, “campañas de ataques aéreos” fueron autorizados por el Consejo de Seguridad de la ONU el 18 de marzo de 2011 como “reacción” a estas supuestas masacres de civiles y para “proteger a los civiles libios”. Puede parece que bombardear civiles para “protegerlos” es contradictorio, pero la misión se lanzó verdaderamente en estos términos [4]. Por lo tanto, la guerra sería una “réplica” a lo que la OTAN llama “los bárbaros ataques de régimen de Gadafi contra el pueblo libio”.

Gadafi, monstruo en funciones

La propaganda canaliza clásicamente el odio y los resentimientos de la opinión pública hacia un dirigente enemigo, que se supone es la causa de todos los males. Este será al mismo tiempo un loco, un demagogo, un cínico, un militarista... Así, durante la Primera Guerra Mundial, Guillermo II - antes de Ben Laden, Milosevic o Saddam Hussein – personificó al enemigo que había que abatir. Evidentemente, la guerra tiene como objetivo su captura, después de lo cual la humanidad recuperará la felicidad.

El conflicto con Libia no es una excepción a esta regla, pero la construcción mediática del personaje de Gadafi es particularmente interesante. En efecto, tras haber sido la personificación del mal, del “terrorismo internacional” y el enemigo público n°1 al que se hizo responsable de todo tipo de atentados, el coronel (que también había nacionalizado las compañías petroleras de su país) volvió a ser recomendable. Cuando en junio de 2011 el ministro belga de Defensa, De Crem, asegura querer bombardear Libia mientras no se libre de Gadafi, parece haber olvidado que el jefe del anterior gobierno belga, Guy Verhoofstadt, recibió a Gadafi en Bruselas unos pocos años antes con toda la consideración posible. Entonces Gadafi volvía a ser un interlocutor válido tanto para Berlusconi como para Sarkozy, quienes le autorizaron a instalar su campamento en sus jardines, lo trataron con familiaridad y le hicieron firmar sobre todo el compromiso de detener en su país los flujos migratorios del sur deseosos de ir a Europa [5].

Unos bombardeos nobles

Uno de los principios de la propaganda de guerra quiere que se haga creer a la opinión pública que nuestro compromiso belicoso tiene unos nobles fines. Nunca debe tener que ver ni con recursos económicos que hay que controlar ni con objetivos geoestratégicos, sino verdaderamente con una democracia que hay que imponer, con un militarismo que hay que sofocar y con pobres personas en cuya ayuda acudimos. Así, en el caso libio no tendrá que ver con el control de los recursos petroleros de excelente calidad de este país ni con la situación estratégica entre dos países con un destino político desestabilizado por la “primavera árabe”. En cambio, toda la propaganda se estructurará en torno a la falta de democracia del país (lo que no es falso, pero no provoca sistemáticamente intervenciones armadas de la OTAN como en Arabia Saudí y en los Emiratos...) y a los libios que esperan nuestra “ayuda”.

Esta vez no se trata de socorrer a los kosovares ni a las mujeres afganas ávidas de emancipación ni a los kurdos iraquíes ni a los chiíes oprimidos, sino más bien de salvar a unos civiles a los que debemos proteger de la brutalidad de las fuerzas de Gadafi. Por lo tanto, nuestros bombardeos sobre Libia tendrían un fin noble y altamente “humanitario”.

Las“atrocidades” libias y los “abusos” de la OTAN

Las guerras arrastran inexorablemente tras de sí su cortejo de actos violentos, de iniquidades y de víctimas inocentes. Aunque en grados diversos, en cada campo se asesina a niños y ancianos, se viola y se tortura.

El genio de la propaganda de guerra es hacer creer al público que “nosotros” llevamos a cabo una guerra “limpia”, contrariamente a nuestros enemigos. Así, en la guerra de la OTAN contra Libia los medios de comunicación describen en el menú las atrocidades enemigas, pero tratan de silenciar las de la OTAN y sus aliados. A pesar de ello, la tortura se “legalizó” verdaderamente en el campo occidental con ocasión de la guerra contra Iraq [6], pero no se hace la menor alusión a ello.

En cambio, cuando se haga imposible negar el carácter mortífero de los bombardeos de la OTAN, habrá que minimizar su carácter atroz. Rebautizados “ataques”, se supone que son “incursiones de precisión” que tienen por objetivo únicamente blancos militares. Y cuando se deduzca que las víctimas son civiles e incluso niños, habrá que negarlo primero, utilizar el condicional, hablar de las “alegaciones” del “régimen” de Gadafi que no se pueden verificar y después reconocer finalmente un “abuso”, haber matado “accidentalmente” o “por error” a civiles. Así, una incursión de la OTAN en 20 de junio en Sorman, a 65 km al oeste de Tripoli, causó quince muertos civiles, tres de los cuales eran niños. Después de que un periodista de la Agencia France Presse constatara que verdaderamente eran las víctimas, la OTAN ya no puede negar que esta “incursión de precisión” solo haya atacado objetivos militares. También tendrá que reconocer haber matado el 19 junio a civiles “por error” durante un bombardeo nocturno de Tripoli, en el barrio de Souk-al-Yuma (que, sin embargo, ¡se suele señalar como hostil a Gadafi!) y haber atacado accidentalmente a una columna de vehículos “rebeldes” en la región de Brega el 16 de junio de 2011 [7]. Para minimizar los daños ocasionados por el bombardeo de una vivienda particular [el periódico belga] Le Soir [8] pone hábilmente en duda el testimonio de la víctima escribiendo que Khalid El-Hamidia afirma haber perdido a su mujer, a sus tres hijos pequeños y su casa durante un ataque de la OTAN y más adelante que según él su casa había sido atacada por un bombardeo de la OTAN. Como el titular habla de un “blanco legítimo” (sin signo de interrogación), muy evidentemente retoma el punto de vista de la OTAN y desacredita el de la víctima.

Por supuesto, estos “errores trágicos” y “daños colaterales” son inexorables, pero solo se observan entre los enemigos. Cuando quienes son culpables de ellos son nuestros ejércitos o nuestros buenos aliados de la “rebelión” libia, la discreción es de rigor. Desde las primeras semanas de la “rebelión” y al menos hasta julio de 2011 la ONG Human Right Watch (HRW) de origen estadounidense y poco susceptible de simpatía por Gadafi, señala que la “rebelión” libia se entrega a graves excesos contra los civiles de las regiones que controla: palizas, saqueos de bienes, incendios de casas, saqueos de hospitales, domicilios y comercios... Pero cuando se trata de nuestros buenos aliados, la información de HRW se publicará en condicional (“habría tenido lugar unos incidentes”) [9] contrariamente a lo que concierne a las “atrocidades” de nuestros enemigos que siempre se consideran confirmadas a priori. Por lo que se refiere a quienes huyen de Libia, no olvidemos que la causa principal de su exilio reside en nuestros bombardeos.

Pérdidas cero

Para tranquilizar a la opinión pública, la propaganda repite machaconamente que nuestros ejércitos son tan eficientes que no hay ningún riesgo en que nuestro ejército participe en esta nueva “operación”.

Es cierto que unos bombardeos son, evidentemente, menos arriesgados para quien bombardea que para aquel que es bombardeado (sobre todo si no tienen una defensa antiaérea eficaz). Sin embargo, este desequilibrio flagrante de los riesgos empieza a difuminarse cuando la “operación” se prolonga por tierra. Las guerras en Afganistán e Iraq también se debían haber saldado teóricamente en “cero muertos” pero, naturalmente, la realidad desmintió esta previsión.

El balance de muertos se calcula muy a la baja ya que generalmente solo tiene en cuenta las muertes producidas entre los soldados “oficiales”. Ahora bien, cada vez más la ocupación se confía a mercenarios privados, llamados “contratistas”. En Afganistán, por ejemplo, estos subcontratados son tan numerosos como los “verdaderos” militares estadounidenses, pero sus contratos escapan al control parlamentario y mediático. Solo la sociedad L3-Com cuenta a día de hoy con 350 muertes de soldados privados [10]. Así pues, en caso de que la operación libia se prolongue por tierra, hemos de estar atentos cuando se nos presenten balances tranquilizadores de “nuestras” tropas en caso de que estas incluyan también a mercenarios que, además, son difíciles de controlar en su manera de actuar y a veces son reclutados sobre el terreno sin discernimiento.

¿Cómo seguir siendo crítico?

La crítica histórica nos enseña que discernir los hechos exactos exige contrastar las informaciones que provienen de fuentes diversas. En el caso que nos ocupa, este ejercicio es muy complicado si no imposible: se filtran pocas informaciones independientes de Libia, la radiotelevisión libia es absolutamente inaccesible en el extranjero porque los emisores satélite están bloqueados y porque nuestros medios de comunicación acompañan inmediatamente cualquier información molesta de un comentario de los “rebeldes” a los que apoyamos o de la OTAN. Así, el contribuyente que se pregunta por qué una parte de sus impuestos se destina a pagar las salidas excepcionales de los F-16 belgas y sus bombas solo puede contar consigo mismo ante la propaganda que domina en nuestros medios de comunicación, ejercer su sentido común y dudar.

Notas


[1]Anne Morelli, Principes élémentaires de propagande de guerre applicables en cas de guerre chaude, froide ou tiède, 1ª edición 2001, última edición Aden 2010. La obra se ha traducido a siete idiomas, entre ellas el japonés. [Hay traducción en castellano: Principios elementales de la propaganda de guerra: (utilizables en caso de guerra fría, caliente o tibia…), Hondarribia, Hiru, 2001].
[2]Declaración del comandante de la operación “Protector unificado”, general Charles Bouchard (La Libre Belgique, 21 de junio de 2011).
[3] Mahmoud Jibril en la sede de la OTAN en Bruselas, 13 de julio de 2011 (La Libre Belgique, 14 julio de 2011).
[4] El Congreso estadounidense puso en duda la legitimidad de estas operaciones militares contra Libia, que no fueron objeto de su autorización y, por consiguiente, según la legislación estadounidense hubieran debido terminar 90 días después de su inicio (La Libre Belgique, 16 de junio de 2011).
[5] El acuerdo “contra los refugiados” firmado con Italia data de 2008.
[6]Véase el testimonio del general Riccardo Sanchez que dirigió las fuerzas internacionales en Iraq de 2003 a 2004 y que reconoció que estas utilizaban sistemáticamente el maltrato y la tortura ignorando las Convenciones de Ginebra (cf. el documental de Marie-Monique Robin, «Torture made in USA», La Une, 15 de junio de 2011.
[7]Despacho de AFP (La Libre Belgique, 21 de junio de 2011)
[8] 29 de julio de 2011
[9] Despacho de AFP (La Libre Belgique, 14 de julio de 2011). Aunque HRW denunciaba que en junio y julio habían tenido lugar excesos, el periódico titulaba “La rebelión niega los excesos” y ponía un pie de foto: “Al principio de la revolución habrían tenido lugar incidentes (sic)”, es decir, ¡a mediados de febrero! Por consiguiente, “incidentes” viejos.
[10]Véase al respecto el artículo de P. Descu, «Externalisation et privatisation de la guerre: un pari risqué», en Tribune-CGSP, julio-agosto de 2011.

Anne Morelli es profesora de “Crítica histórica” en la Universidad Libre de Bruselas y Presidenta de “Mujeres por la Paz”.

Traducido del francés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos