martes, 14 de junio de 2011

Los días de Gadafi siguen estando contados


Público...14/06/2011

“El tiempo está de nuestro lado, mantener nuestra determinación es importante; los días de Gadafi están contados.” -Hillary Clinton, secretaria de Estado de EEUU-

¿Recuerdan cuando empezó el ataque a Libia? Yo sí, porque en aquellos días me costaba más de lo habitual entregar mis columnas al periódico. La velocidad de los acontecimientos era tal, que lo que escribía a mediodía tenía que corregirlo por la tarde, al acostarme me arrepentía de lo escrito, y al día siguiente el papel de periódico llegaba amarillento al kiosco.

Te levantabas para ir al baño y a la vuelta los rebeldes habían avanzado otros 200 kilómetros, la OTAN había destruido toda la capacidad de Gadafi, varios ministros desertaban, nuevas ciudades se sublevaban, y se rumoreaba que el dictador estaba herido o había abandonado el país.

Hoy en cambio es al revés: puedo escribir esta columna sobre Libia y dejarla en la nevera una semana, que no tendré que cambiarle una coma. Y es que va para tres meses que los días de Gadafi están contados, y ahí seguimos, contando. La OTAN acaba de ampliar su misión otros tres meses, y España va incluso más allá y no se pilla los dedos con plazos: prórroga indefinida.

Eso sí, no han sido tres meses cruzados de brazos: los bombardeos siguen, aunque no sabemos qué están destruyendo –después de que en los primeros días dijeran que toda la capacidad aérea y de movimiento estaba liquidada-, ni quién los sufre. Los rebeldes, por su parte, ya ejercen de autoridad reconocida, sin que sepamos todavía bien quiénes son. Sobre el terreno ya hay tropas extranjeras, aunque sean mercenarias. Y los países atacantes siguen soltando dinero, para la operación y para los rebeldes.

Y nosotros seguimos allí, en guerra, con nuestros aviones y barcos. Eso sí, sin soltar una bomba, que lo nuestro es la guerra humanitaria.

No creo que Libia sea comparable a Afganistán, donde los talibanes tienen los días contados desde hace diez años. Pero así, con el país dividido, los frentes más o menos estables, los barcos frente a la costa y unos cuantos misiles de vez en cuando, nos podemos pasar una buena temporada, mientras la población que íbamos a proteger sigue sufriendo. A todo esto, ¿cuál era el objetivo? ¿Para qué fuimos a Libia?

Fuente: http://blogs.publico.es/trabajarcansa/2011/06/13/los-dias-de-gadafi-siguen-estando-contandos/

lunes, 13 de junio de 2011

El Complejo Nacional de Seguridad de EE.UU. crece aprovechando la histeria por el terrorismo
Totalmente aterrorizados


TomDispatch...13/06/2011

Es un panorama que os causará escalofríos:

Sin advertencia previa, la red –un conjunto de super células terroristas– atacó el norte de Alemania y cientos, luego miles de alemanes comenzaron a sentirse afectados. A medida que se propagaba el pánico, los hospitales fueron excedidos por los heridos graves. Murieron más de veinte.

Nadie dudó de que se tratara de al-Qaida, pero no se sabía de dónde provenían los terroristas. Los funcionarios alemanes empezaron acusando a España de albergarlos (lo que afectó rápidamente a la economía española; luego, se retractaron de la acusación. Se dio la alerta en toda Europa mientras se propagaban los temores. Rusia cerró sus fronteras con la Unión Europea, cuyos dirigentes indignados denunciaron su proceder como una reacción “desproporcionada”. Incluso algunos estadounidenses de visita en Alemania fueron hospitalizados.

En Washington hubo pánico, aunque no existía ninguna evidencia de que los terroristas estuvieran apuntando específicamente a los estadounidenses o que alguno se hubiera introducido al país. A pesar de todo, en una rueda de prensa convocada apresuradamente, la secretaria de Seguridad Interior Janet Napolitano elevó el nuevo sistema de alerta terrorista por primera vez de su permanente estatus de “elevado” a “inminente” (es decir, “una amenaza verosímil, específica e inminente”). Poco después, un portavoz del Pentágono anunció que las fuerzas armadas de EE.UU. habían sido colocadas en máxima alerta en toda Europa.

Los comentaristas de Fox News, que citaron fuentes anónimas del FBI, comenzaron a advertir de que el ataque podría representar el inicio del “próximo 11-S” –y de que el gobierno de Obama no estaba debidamente preparado- El ex vicepresidente Dick Cheney, en una rara aparición pública en el Instituto de la Empresa Estadounidense, denunció al presidente por “poner negligentemente al país en peligro por los terroristas”. En el Congreso, los miembros de ambos partidos se unieron en llamados para que se destinaran cientos de millones de dólares de fondos suplementarios de emergencia para el Departamento de Seguridad Interior a fin de reforzar la seguridad en los aeropuertos. (“En estos difíciles tiempos económicos”, dijo el presidente de la Cámara John Boehner, “el Congreso tendrá que hacer recortes en gastos discrecionales no militares que sean por lo menos equivalentes a esos indispensables fondos suplementarios”.

Finalmente, mientras aumentaba el ruido en la caja de resonancia de los medios, el presidente Obama convocó una rueda de prensa en prime time, encaró la creciente marea de histeria de Washington y el país, y dijo: “Al-Qaida y sus aliados extremistas no se detendrán ante nada en sus esfuerzos por matar estadounidenses. Y estamos determinados no solo a frustrar esos planes, sino a perturbar, desmantelar y derrotar sus redes de una vez por todas”. Luego ordenó una revisión total de las capacidades de seguridad e inteligencia de EE.UU. y prometió una serie de “pasos concretos para proteger al pueblo de EE.UU.: nuevas filtraciones y seguridad para todos los vuelos, interiores e internacionales… más alguaciles aéreos en los vuelos; y una profunda cooperación con los socios internacionales”.

El terrorismo mata más personas que los tiburones

La primera parte de este escenario es, claro está, una versión “terrorista” del actual estallido de E. coli en Alemania, el descubrimiento de una novísima “variante super tóxica” resistente a los antibióticos de la bacteria que ha causado muerte y pánico en Europa. Aunque al-Qaida y E. coli suenan un poco parecido, los funcionarios alemanes acusaron inicialmente (y obviamente erraron) a los pepinos españoles, no a terroristas de España, y a brotes alemanes de soja, de causar la crisis. Y la reacción “desproporcionada” rusa no fue cerrar sus fronteras a la Unión Europea sino excluir los vegetales de la UE hasta que se descubra la fuente del brote.

Sobre todo, la reacción exagerada en EE.UU. fue pura ficción. De hecho, los científicos de este país han estado llamando a la calma y funcionarios gubernamentales a nivel medio han emitido declaraciones de confianza en la seguridad del sistema del suministro alimentario del país. Nadie atacó al gobierno por inacción; Cheney no denunció al presidente ni Napolitano aumentó el nivel de alerta terrorista, y la declaración de Obama citada anteriormente, se hizo el 5 de enero de 2010, en la secuela llena de pánico del intento fracasado del terrorista “de la bomba en la ropa interior” de hacer agujero en el avión del día de Navidad de Ámsterdam a Detroit.

Irónicamente, las versiones no super tóxicas de E. coli causan ahora casi tanto daño al año en EE.UU. como la reciente variedad super tóxica ha causado en Europa. Un niño murió recientemente en un estallido en Tennessee. Los Centros para Control y Prevención de Enfermedades (CDC) calcularon que en esta década han muerto 60 estadounidenses al año debido a infecciones de E. coli y las complicaciones resultantes, y otros 2.000 estuvieron hospitalizados. Más recientemente, la cifra de muertes por E. coli ha bajado a unos 20 por año. De un modo más general, respecto a enfermedades transmitidas por alimentos, los CDC calculan que 48 millones de estadounidenses (o sea uno de cada seis) enferman anualmente, 128.000 son hospitalizados, y unos 3.000 mueren.

En comparación, en la casi década desde el 11-S, mientras cientos de estadounidenses murieron de E. coli, y por lo menos 30.000 de enfermedades transmitidas por alimentos en general, solo un puñado de estadounidenses, tal vez menos de 20, han muerto de algo que pueda considerarse un ataque terrorista en EE.UU., incluso si se cuenta el intento de asesinato contra la congresista Gabrielle Giffords y el avión Piper Cherokee PA-28 que un ingeniero informático descontento estrelló contra un edificio que albergaba una oficina de impuestos internos (IRS) en Austin, Texas, en el que se mató junto a un gerente de la oficina de impuestos. (“Bueno, señor Gran Hermano del IRS, probemos algo diferente; tome lo que le debo y que duerma bien” decía su nota final.)

En otras palabras, en cuanto a daños desde el 11-S los ataques terroristas han causado más víctimas que los ataques de tiburones, pero menos que casi cualquier otra cosa potencialmente peligrosa para los estadounidenses, incluidos los accidentes automovilísticos que han acumulado entre 33.800 y 43.000 muertes por año desde 2001.

Aunque las muertes por E. coli han disminuido en los últimos años, nadie espera que lleguen a cero, ni se han tomado los pasos necesarios que puedan acercarnos a un nivel de seguridad del 100%. Como escribió recientemente Gardiner Harris del New York Times: “Una ley aprobada el año pasado por el Congreso otorgó nuevos poderes a la Agencia de Drogas y Alimentos (FDA) para exigir que las compañías tomen medidas preventivas para reducir la probabilidad de semejantes estallidos, y la ley especifica un aumento de las inspecciones para asegurar su cumplimiento. La agencia solicitó más financiamiento para implementar la nueva ley, incluida la contratación de más inspectores el próximo año. En vez de eso, los republicanos de la Cámara de Representantes propusieron reducir el presupuesto de la agencia.”

Doctrinas de 1% a 100%

Estamos, por lo tanto, ante uno de esos extraños, aunque menos explorados, fenómenos de nuestra era estadounidenses posterior al 11-S: si hay solo un aspecto de la vida que los estadounidenses consideren oficialmente 100% sagrado, y que por lo tanto requiere una protección del 100%, es el terrorismo.

No hay alboroto por una variedad de E. coli que podría plantear serios peligros si llegara a este país. No hay titulares alarmistas que destaquen demandas especiales de que se invierta más dinero en la seguridad alimentaria; no se han precipitado a establecer planes instantáneos para revisar los procedimientos de seguridad de carnes y vegetales; nadie ha llamado a que se lance una Guerra Global contra Enfermedades Transmitidas por Alimentos.

De hecho, en este momento, seis variedades de E. coli que realmente causan enfermedades en este país siguen sin regular. Las propuestas del Departamento de Agricultura de encararlas están “atascadas” en la Oficina de Administración y Presupuesto. Mientras tanto, la variedad super tóxica de E. coli que apareció en Europa sigue sin regularse oficialmente en EE.UU.

Por otra parte, si alguien envía a un imbécil a EE.UU. en un avión con algún tipo de artefacto idiota, los políticos, los medios y el público actúan rápidamente como si –y me dirijo a ti, Chicken Little– el cielo se estuviera cayendo o la propia civilización estuviera en peligro.

Todo esto podría tener un interés moderado si no fuera por el Estado de seguridad nacional EE.UU. Después de perder su super-enemigo comunista en 1991, ahora vive, respira, y crece gracias a su autoproclamada responsabilidad de proteger a los estadounidenses el 100% del tiempo, el 100%, contra el 100% de cualquier amenaza terrorista imaginable.

El Complejo Nacional de Seguridad ha engordado, en los hechos, dedicándose implacablemente a la promesa de hacer que el país sea totalmente seguro contra el terrorismo, incluso si la vida es cada vez menos segura para tantos estadounidenses cuando se trata de puestos de trabajo, viviendas, finanzas, y otros asuntos cruciales. Sobre la base de esa promesa de protección, el Complejo ha logrado extorsionar la marea de fondos que le ha permitido inflarse hasta proporciones monumentales, terminando con un presupuesto nacional de seguridad anual de más de 1,2 billones (millones de millones) de dólares, hasta verse cubierto por una coraza de secreto auto-protector, y estar 100% seguro de que nunca los llevarán ante la justicia por cualquier crimen potencial que pueda cometer en su “guerra” contra el terrorismo.

Ahora mismo, incluso en la peor recesión económica, el Departamento de Seguridad Interior, el Pentágono y el laberinto en expansión descontrolada de burocracias en competencia que gusta llamarse Comunidad de Inteligencia de EE.UU. siguen creciendo. Y alrededor de ellos han medrado, y medran cada vez más, diversos complejos (al estilo del “complejo militar-industrial”) con sus lobistas asociados, aliados ex políticos, y funcionarios retirados del Estado de seguridad nacional, así como generales y almirantes retirados, en una atmósfera que, desde 2001, solo puede describirse como una ciudad en expansión explosiva, el equivalente moderno a una fiebre del oro.

Hay que verlo como sigue: en los días siguientes al 11-S, el vicepresidente Cheney propuso una nueva fórmula para la política bélica estadounidense. Su esencia era: incluso una probabilidad de 1% de un ataque contra EE.UU., especialmente si involucra armas de destrucción masiva, debe encararse como si fuera una certeza. El periodista Ron Suskind, lo apodó, “la doctrina del uno por ciento”. Puede haber sido la fórmula más temeraria para guerra “preventiva” o “agresiva” presentada en la era moderna y, junto con la avalancha de información falsa sobre las armas de destrucción masiva en Iraq que Cheney y su equipo repartieron a manos llenas, constituyó la base para el desastroso intento del gobierno de Bush de ocupar ese país e imponer una Pax Americana en el Gran Medio Oriente.

Resulta que hubo un equivalente en la “patria”, nunca formulado claramente o bautizado, pero a pesar de ello notablemente exitoso para apoyar un Estado de guerra interior cada vez más exhaustivo. Llamadlo la doctrina del 100% (seguridad total contra el terrorismo). Aunque la versión del 1% nunca llegó a imponerse, la doctrina del 100% ya se ha convertido en parte del credo estadounidense.

Gracias a ello, el Complejo Nacional de Seguridad de 2011 es un mecanismo de retroalimentación positiva que se auto-perpetúa. Cualquier acto potencial de terrorismo simplemente alimenta el sistema, creando nuevas oportunidades para agregar aún más capas a una u otra burocracia, o para promover nuevos programas de vigilancia, control y belicismo y la tecnología que los acompaña. Incluso una desviación de la seguridad contra el terror, incluso si involucra complots que fracasaron atrozmente o que nunca tuvieron la menor posibilidad de éxito, es una excusa para más financiamiento.

Mientras tanto, el Complejo se “dota de personal” (o de drones) continuamente y, desde Pakistán a Yemen, lanza ataques que en la versión oficial tienen el fin de poner fuera de acción a terroristas, pero que tienen el efecto de crearlos al hacerlo. En otras palabras, consideradlo como una máquina de creación de terroristas que necesita –¿qué otra cosa iba a ser?– evidencias repetidas o señales de que el terrorismo sobrevive y prospera.

Aunque pocos parecen darse cuenta, nada de esto tiene mucho que ver con una genuina seguridad estadounidense. Pero el Complejo Nacional de Seguridad no provee seguridad de ninguna manera. Su doctrina del 100% es un fracaso. Con el argumento de que garantiza vuestra seguridad contra el terror, ha logrado garantizar su propia seguridad contra la recesión, los peligros de reducción de personal, de pérdidas de empleos, de la mayoría de las formas de rendición de cuentas, o del encausamiento por actos que otrora se habrían considerado criminales.

De hecho, el terrorismo será cualquier cosa pero no es el mayor de nuestros problemas o amenazas, lo que significa que consentir un Estado dedicado a expandirse con la excusa de que nos va a proteger del terror es como hacer un trato con el diablo.

Por lo tanto ve las cosas tal como son. Nada es seguro. Nadie está seguro. Y cómete tus brotes de soja.

Tom Engelhardt, es co-fundador del American Empire Project, dirige el Nation Institute’s TomDispatch.com. Es autor de “The End of Victory Culture”, una historia sobre la Guerra Fría y otros aspectos, así como una novela: “The Last Days of Publishing”. Su último libro publicado es: “The American Way of War: How Bush’s Wars Became Obama’s” (Haymarket Books). [Note:

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

Copyright 2011 Tom Engelhardt

© 2011 TomDispatch. All rights reserved.

Fuente: http://www.tomdispatch.com/blog/175402/

domingo, 12 de junio de 2011

Seymour Hersh y los límites del liberalismo
La próxima guerra de EE.UU.: Irán


Global Research...12/06/2011


La política de EE.UU. hacia Irán no se basa en “inteligencia”, defectuosa o no; se basa en el deseo de dominar una región geo-estratégica.

    “Existe considerable de evidencia, que incluye parte de las evaluaciones más confidenciales de inteligencia de EE.UU., que sugieren que EE.UU. podría estar en peligro de repetir un error similar al que se cometió con el Iraq de Sadam Hussein hace ocho años – al permitir que inquietudes sobre las políticas de un régimen tiránico deformen nuestras consideraciones sobre las capacidades e intenciones de ese Estado”.

Seymour Hersh sobre la posibilidad de un ataque de EE.UU. contra Irán,

Democracy Now, 3 de junio.

Seymour Hersh es probablemente el periodista investigativo mejor conocido en EE.UU. en la actualidad. Reveló la historia de la masacre de My Lai en Vietnam en 1970 y ayudó a sacar a la luz el escándalo de la prisión de Abu Ghraib en Iraq en 2004. Estos y otros artículos críticos de acciones del gobierno de EE.UU., y una red de conexiones dentro del Estado de seguridad nacional, han convertido a Hersh en un personaje al que se escucha en los círculos progresistas y más allá.

Desde 2005, un inminente ataque militar de EE.UU. contra Irán ha sido un tema central en muchos artículos de Hersh. Este tema se repite en su último artículo para la revista New Yorker: “Irán y la bomba: Hasta qué punto es real la amenaza”. En el artículo señala correctamente que, contrariamente a las afirmaciones de EE.UU., no existe evidencia de que Irán esté desarrollando armas nucleares, pero advierte sobre un ataque de EE.UU. siguiendo las mismas líneas de la invasión de Iraq en 2003.

Algunas de las predicciones anteriores de Hersh sobre una acción militar de EE.UU. contra Irán han sido bastante específicas sobre la fecha escogida. Ninguna ha resultado ser exacta. Gran parte de sus escritos sobre EE.UU. e Irán se han basado en información de “personas informadas” del Pentágono y de otras fuentes de agencias de inteligencia, a las que elogia frecuentemente. En ese sentido, hay que preguntar: ¿Utiliza el escritor a sus fuentes, o es utilizado por ellas?

Otra pregunta: ¿Cómo podrían los militares de EE.UU., que ya están empantanados en las guerras de Iraq y Afganistán, emprender otra guerra, contra Irán, un Estado mucho mayor y más fuerte?

No cabe duda de que el gobierno de Obama, como su predecesor, busca un cambio de régimen en Irán. Ha estado utilizando una variedad de métodos, para contener, dividir y subvertir a Irán mediante sanciones económicas, operaciones clandestinas y el cerco del país por el poder militar de EE.UU. Washington apoya vigorosamente al “Movimiento Verde” en Irán, que tiene una base masiva sobre todo dentro de la clase alta y media.

También se libra una guerra psicológica, como otro aspecto de la campaña de cambio de régimen. ¿Hay unidades de guerra psicológica que estén suministrando desinformación a Hersh que debido a su credibilidad será leída por muchos, incluida la dirigencia iraní?

La guerra de Iraq: No fue por ‘error’ basado en ‘mala inteligencia’

En “Irán y la bomba”, Hersh refuerza una falacia fundamental sobre el motivo por el cual EE.UU. invadió y ocupó Iraq en 2003: es decir, ‘mala inteligencia’.

Expresa preocupación de que dirigentes de EE.UU. puedan estar a punto de repetir el “error” que llevó a la invasión de Iraq, y sugiere que el “error” fue causado porque “se permitió que inquietudes sobre las políticas de un régimen tiránico deformaran nuestros cálculos sobre las capacidades militares e intenciones de ese Estado”.

La idea de que la invasión de 2003 fue un error basado en información de inteligencia defectuosa ha sido totalmente desacreditada.

EE.UU. ha realizado una Guerra de Veinte Años contra Iraq, con una variedad de pretextos. El gobierno de George H.W. Bush lanzó la primera guerra de EE.UU. contra Iraq en 1991 para “liberar Kuwait”. Iraq había ocupado Kuwait el 2 de agosto de 1990, después de una larga y amarga disputa entre la familia real al-Sabah y el gobierno iraquí. En la breve guerra que siguió, EE.UU., Gran Bretaña y otras fuerzas aliadas destruyeron gran parte de la infraestructura civil de Iraq e infligieron masivas pérdidas a un ejército iraquí excedido.

Washington pasó luego a imponer un devastador bloqueo y sanciones contra ese país, que mató a más de un millón de iraquíes durante 13 años. El bloqueo fue mantenido por el gobierno de Clinton durante todo su mandato, de 1993 a 2001, durante el cual Iraq fue sometido a constantes bombardeos por aviones estadounidenses y británicos. La supuesta razón para ese mortífero bloqueo fue obligar a Iraq a renunciar a sus “armas de destrucción masiva”.

En 1998, Clinton firmó la “Ley de Liberación de Iraq”, que convirtió el “cambio de régimen” en objetivo oficial de la política de EE.UU. La LLI aclaró que el verdadero objetivo de las sanciones y los bombardeos era el derrocamiento del gobierno iraquí.

El cambio de régimen fue el “Tópico A” de la primera reunión del Consejo de Seguridad Nacional del presidente George W. Bush el 30 de enero de 2001, según el secretario del Tesoro de entonces, Paul O’Neill: “Desde el principio, existió la convicción, de que [el antiguo presidente iraquí] Sadam Hussein… tenía que irse”. (Entrevista con O’Neill, 60 Minutes, 11 de enero de 2004)

La pretendida amenaza de armas de destrucción masiva por parte de Iraq fue un fraude total, como sabían perfectamente los máximos funcionarios estadounidenses y británicos y sus agencias de espionaje. A pesar de todo, en la preparación para la invasión de Iraq en marzo de 2003, el vicepresidente Dick Cheney, la Consejera Nacional de Seguridad, Condoleezza Rice y el primer ministro británico Tony Blair hicieron repetidamente declaraciones a los medios sobre la grave amenaza de las supuestas armas nucleares de Iraq: “No queremos que la prueba concreta [de la posesión de semejantes armas por Iraq] sea un hongo nuclear”, dijo Rice en septiembre de 2002.

Después que Iraq fue ocupado en abril de 2003, Bush, Blair y otros funcionarios fingieron sorpresa y consternación cuando no aparecieron armas de destrucción masiva, pero sus actos fueron apenas convincentes.

De nuevo cambiaron de velocidad. La defensa de los “derechos humanos y la democracia” se convirtió en la nueva justificación para una ocupación que ya ha durado ocho años, ha matado más de un millón de iraquíes y a miles de soldados estadounidenses, y asolado el país.

Nada de esto –las invasiones, los bombardeos y los bloqueos– tuvieron nada que ver con “inquietudes” por “las capacidades y las intenciones” de Iraq”. Iraq nunca amenazó a EE.UU. Sus fuerzas armadas fueron diezmadas por la primera guerra del Golfo de EE.UU. y habían sido reducidas a entre 15 y 20% de su fuerza en 1991 cuando estalló la segunda guerra.

“El Memorando de Downing Street” muestra que la ‘inteligencia’ fue amañada para apoyar la política

El argumento de que “la falla de la inteligencia” causó la invasión estadounidense y británica de Iraq recibió un golpe fatal cuando se publicó el “Memorando de Downing Street” en mayo de 2005. El memorando es en realidad el protocolo de una reunión de Blair y otros máximos funcionarios británicos en la residencia del primer ministro en Londres el 23 de julio de 2002, casi ocho meses antes del comienzo del ataque contra Iraq.

En la reunión, Richard Dearlove, jefe del MI6 británico, el Servicio Secreto de Inteligencia, informó sobre una reunión a la que acababa de asistir en Washington con altos funcionarios de la seguridad nacional de EE.UU.: “Bush quería eliminar a Sadam, mediante acciones militares, justificadas por la combinación de terrorismo y armas de destrucción masiva. Pero la inteligencia y los hechos habían sido amañados alrededor de esa política”. (DowningStreetMemo.com)

En otras palabras, lo que llevó a la invasión y ocupación de Iraq no fue inteligencia defectuosa o mala información. Primero se tomó la decisión de lanzar una nueva guerra y luego se inventó una historia falsificada para justificar el ataque.

No existe ningún misterio sobre lo que ha impulsado la implacable guerra contra Iraq, las sanciones y amenazas contra Irán, y que se haya cubierto toda el área con bases militares de EE.UU. El objetivo ha sido la dominación de una región estratégica clave que contiene dos tercios de las reservas de petróleo conocidas del mundo.

En su intento de lograr ese objetivo, la política de EE.UU. durante las últimas seis décadas ha tratado de destruir todo Estado independiente o movimiento progresista, mientras refuerza los regímenes más retrógrados y agresivos en la región, desde Arabia Saudí a Israel.

El verdadero “crimen” de Irán a los ojos de Washington no tiene nada que ver con “democracia” o con un supuesto programa de armas. Es que Irán se niega a aceptar los dictados del Imperio.

© Copyright Richard Becker, Global Research, 2011

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

sábado, 11 de junio de 2011

¿Qué país es éste? El espectacular giro a la derecha del nuevo Gobierno
El Brasil post-Lula


Gara...11/06/2011

La paternidad de la frase se atribuye al antiguo dirigente del partido de Gobierno en la época de la dictadura militar, Francelino Pereira. En 1976, como líder del Gobierno del general Geisel, lanzó la pregunta en un evento en San Pablo. Inmediatamente se apropió de ella la oposición a la dictadura y después se convirtió en título de libro, de película y por ahí va. En realidad, refleja bien una mezcla de ira, indignación, sorpresa y hasta incluso confesión de ignorancia con respecto a la esencia misma de nuestra forma de ser, de estar y de obrar.

Brasil es una formación social que nos sorprende a cada instante. Muchas veces de manera positiva, presentando soluciones innovadoras y ofreciendo a sus ciudadanos y al resto del mundo aspectos que nos enorgullecen de la condición de nuestra brasilidad. Desgraciadamente, entre tanto, no son pocas las situaciones en que los fenómenos de la dinámica política nos llenan de perplejidad e indignación.

Para quien haya estado un poco ausente del país en los últimos tiempos -poca cosa, no más de dos semanas- los hipotéticos titulares que siguen, serían una señal de grave modificación en la escena política brasileña.

«El Gobierno anuncia la derogación de la hoja de pago para la previsión social, conforme a una vieja reivindicación patronal».

«Base parlamentaria del Gobierno aprueba cambios en el Código Forestal que favorecen al agronegocio y comprometen el futuro del medio ambiente».

«Presidenta anuncia privatización de los principales aeropuertos del país».

A ver, a ver, ¡déjeme que intente comprender mejor!

¿Quiere decir que un Gobierno presidido por el Partido de los Trabajadores toma la iniciativa, «motu propio», de presentar al Congreso una medida para dirigir esa antigua reivindicación de la patronal brasileña de la exoneración de la hoja de pagos como fuente de financiamiento del sistema de la previsión social? El Gobierno presiona a las centrales sindicales de su base parlamentaria para que acepten apoyar políticamente la medida, apenas con la promesa de que no habrá pérdida para las futuras generaciones de jubilados y pensionados.

O sea, ¿que un modelo nacido hace más de 80 años y que ha operado con algunas alteraciones a lo largo de todo ese período va a sufrir semejante cambio estructural, como si fuese sólo una pequeña reforma en los jardines de un fondo de quintal? Un cambio hecho con urgencia, sin debate y sólo para agradar a los empresarios que adoran reclamar por sus altos costos, pero que no se disponen a discutir mecanismos de distribución de las ganancias. Un peligroso paso rumbo a lo desconocido, paradójicamente propuesto y apoyado por aquéllos que sólo habrían de perder con el riesgo de esa iniciativa intempestiva.

Paralelamente, los partidos de base del Gobierno -incluyendo una parcela significativa de los diputados del PT- resuelven aliarse con los representantes de los sectores más conservadores del empresariado y del núcleo dirigente del agronegocio, para aprobar uno de los cambios más retrógrados para la política medioambiental de nuestro país. Una sorprendente empatía con los que luchan por la defensa de los grandes negocios del campo y del llamado agrobussines.

El proyecto de Ley, que fue aprobado por la Cámara de Diputados el 24 de mayo pasado, es escandaloso en la protección de los que siempre violaron las leyes ambientales estableciendo mecanismos de amnistía y moratoria. Más que eso, camina a contramano de todo lo que se viene haciendo en Brasil durante los últimos años en términos de actualización de nuestra legislación y prácticas ambientales.

Tras la falsedad del discurso contra los «ambientalistas extranjeros, que quieren impedir a Brasil desarrollarse» y supuestamente contra las «propuestas de las ONG extranjeras operando en nuestro territorio contra los intereses de nuestro pueblo», el proyecto abre todas las fronteras para profundizar todavía más las prácticas extractoras y agrícolas que deterioran el medio ambiente, estimulan la tala descontrolada de las áreas de preservación y la foresta, para permitir la continuidad del ciclo de la desforestación/pecuaria extensiva/monocultivo de la soja y de otras variedades del mismo género. El desafío para las fuerzas progresistas es el acometer la tarea (¡difícil, es importante admitirlo!) de construir un nuevo paradigma de desarrollo sostenible que incluya la posibilidad para Brasil de crecer económicamente, generar empleo, aumentar su renta y también preservar su patrimonio ambiental. Sin embargo se cayó en la peligrosa trampa del camino más fácil.

Por último, la presidenta ha anunciado su intención de promover la privatización de algunos de los principales aeropuertos el país: Guarulhos (SP), Viracopos (SP) y Brasilia (DF). El argumento presentado es el de la urgencia para cumplir con el cronograma previsto para la Copa del Mundo de 2014, con la suposición implícita de que el sector privado tendría las condiciones para cumplir mejor tales plazos. Con esto se repite la vieja fórmula de nuestro capitalismo tupiniquim, donde todo el poder de decisión de las ganancias queda en el sector privado, mientras el Estado está para cuando le piden auxilio financiero en caso de urgencia.

El Gobierno, que debería actuar en defensa de los intereses de la mayoría de la población trabajadora, opta por políticas púbicas contrarias a todo lo que sus integrantes siempre defendieron antes de la llegada al poder. Y lo más sorprendente es que pasa a poner en práctica medidas favorables a los grandes grupos económicos y financieros, que hace mucho tiempo presionaban por más apertura en esa ganga, para aumentar el horizonte de sus aplicaciones patrimoniales y la rentabilidad de sus negocios.

Aún conmovido por la perplejidad, incorporo las dudas de un hipotético estudiante de historia en un futuro y allá en el distante Uzbekistán. Dentro de medio siglo, en 2061, él estaría interesado en analizar y explicar el proceso político que vivió ese exquisito gigante de América del Sur, en ese cambio del milenio. Realmente, ¡un arduo desafío! Y retomo la pregunta del título: al final, ¿qué país es éste?

Paulo Kliass es un analista político brasileño y columnista habitual de «Carta Maior»

Fuente: http://www.gara.net/paperezkoa/20110610/271571/es/Que-pais-es-este-El-espectacular-giro-derecha-nuevo-Gobierno