martes, 19 de abril de 2011

La pregunta clave es por qué cambiaron de aliado cuando Gadafi ya les servía el petróleo y no suponía una amenaza para el estatus quo
Libia, una guerra estancada y de camino hacia el olvido


Gara...19/04/2011

La renovada sala de prensa que el Consejo Nacional de Transición libio ha instalado junto a la plaza de los Juzgados de Bengasi está prácticamente vacía. También la oficina de Al Jazeera. Ahí, quienes sobreexplotan la precaria conexión a Internet no son los periodistas, sino las decenas de shebabs que se concentran a partir de las 20.00 horas para aprovechar una de las pocas líneas disponibles. En el frente, ya no hay que pelearse con una legión de fotógrafos para que los cascos azules de los medios que pueden permitirse acudir protegidos no aparezcan en el encuadre. Incluso la intensidad de los combates ha disminuido, si se tiene en cuenta que, por ejemplo, el miércoles solo llegaron dos heridos leves al hospital de Ajdabiya.

La guerra en Libia comienza a difuminarse en el archivo de las no noticias. Solo las informaciones que llegan del asedio de Misrata vuelven a poner sobre el mapa un conflicto que se enquista. Carece de solución militar, tal y como ha reconocido la propia OTAN, pero las vías de diálogo son, a día de hoy, política ficción. Además, siguen abiertos los interrogantes sobre cuál será el futuro de Libia en caso de que los aliados terminen obligando a Gadafi a abandonar el poder, teniendo en cuenta que este objetivo es, a día de hoy, inalcanzable para las milicias rebeldes.

La revuelta del 17 de febrero ha cumplido dos meses degenerada en guerra civil. Y avanza en la senda de que una situación transitoria termine cronificándose. Comenzó con unas manifestaciones pacíficas que reclamaban menos corrupción, lo mismo que había ocurrido en las vecinas Túnez y Egipto. Se incendió ante la represión del régimen, que no bombardeó las protestas como aseguraban los medios internacionales pero que sí que sacó a los tanques a la calle cuando las reivindicaciones se extendieron. Y ha terminado contaminada por un desembarco internacional que juega en dos carriles. Por un lado, la intervención militar de la OTAN. Por otra, la legión extranjera que se ha hecho con el poder en el Consejo libio y que está formada por dirigentes liberales que garantizarán que nada cambie en los bolsillos de una Libia que un mes antes de la rebelión recibía el aplauso del Fondo Monetario Internacional y se codeaba en las grandes cancillerías.

Los aliados apuestan por castigar los centros de poder de Muamar Gadafi y no por armar a los rebeldes, tal y como ha asegurado Gerard Longuet, ministro de Defensa del Estado francés. Según Longuet, así evitarían «una guerra civil». Un argumento algo absurdo teniendo en cuenta que esto ya es una guerra civil. Con un país partido por la mitad, un ejército y una milicia combatiendo, bombardeos extranjeros, miles de desplazados y cientos de desaparecidos.

En cuestión de víctimas, existe un desconocimiento absoluto sobre el número total de afectados. Los rebeldes hablan de 10.000 muertos, pero resulta difícil precisarlo. Durante las primeras semanas sí que hubo un elevado número de fallecidos. Pero ahora, con el conflicto estancado, han descendido considerablemente los funerales en Bengasi. Khaled Mohammed, médico del hospital de Ajdabiya, el primer centro sanitario al que se trasladan los caídos en el frente este, señala «desde hace dos semanas recibimos entre uno y dos fallecidos al día, además de unos 15 heridos».

Ajdabiya, que permanece prácticamente vacía desde el asedio que sufrió el anterior fin de semana, se ha convertido en la línea roja del campo de batalla. Ni los rebeldes tienen capacidad para avanzar ni el ejército leal a Gadafi puede cruzarla. En las últimas horas, este último volvió a castigar con dureza a los rebeldes en esta localidad estratégica a las puertas de Bengasi, echando por tierra los anuncios triunfalistas de la rebelión. «Estamos cada vez mejor preparados», señalaban hace días. Mustafá Gheriani, portavoz del Consejo, insistía en que sus tropas habían tomado posiciones en torno a Brega, a 60 kilómetros de Ajdabiya. Pero es difícil creerle. Primero, porque los rebeldes han comenzado a restringir el acceso al campo de batalla. Ahora hay que ingeniárselas para acompañar a los shebabs en las trincheras. Segundo, porque la rutina del frente es siempre la misma: discursos triunfalistas que sitúan a los rebeldes controlando mucho más terreno del que en realidad está en sus manos. Durante los últimos días, en la puerta oeste de Ajdabiya se respira una aparente apatía. Como si, ante la imposibilidad de avanzar, el intercambio de fuego de cohete y mortero se haya convertido en una rutina, en escaramuzas sin verdadera posibilidad de arrancar terreno al oponente.

«La situación es desesperada. Hemos logrado frenar el avance pero si en 48 horas no nos ayudan, no sabemos qué es lo que puede ocurrir».Osama Omami, un combatiente de 34 años, llegó el jueves a Bengasi procedente de Misrata. Esta ciudad costera, la tercera del país, controlada por los rebeldes pero aislada por tierra del resto de ciudades insurrectas, es donde el ejército lealista ha concentrado todos sus esfuerzos y el lugar donde se registran los mayores combates. Solo el viernes, los militares castigaron el centro del municipio con el lanzamiento de más de 200 misiles Grad. Mientras, los sublevados se defienden a través de los suministros que les llegan gracias al puente marítimo abierto con Bengasi, desde donde se transportan comida y armas en pequeños barcos pesqueros. Después de un trayecto de 35 horas en barco, Osama Omami se recupera en la capital rebelde de las secuelas de 52 días de asedio gadafista.

El país está, militarmente, dividido. También socialmente. Sabemos que la mayoría de la población de localidades del este de Libia como Tobruk, Derna, Bengasi o Ajdabiya (que no se puede olvidar que apenas llegan al 25% del territorio del país) se sumó a las protestas desde el 17 de febrero. Pero nadie nos ha contado cuál es el apoyo real a Gadafi en lugares como Trípoli, Sirte o Ras Lanuf.

Es obvio que existe represión contra quien se sume a los insurrectos. Y es difícil fiarse de los vídeos propagandísticos que aparecen en la televisión pública libia, controlada por el régimen y que muestra unos sospechosos planos cortos y rostros poco entusiastas en las manifestaciones para mostrar el aparente respaldo social al coronel. Pero tampoco se pueden pasar por alto hechos como el ocurrido en Ras Lanuf hace tres semanas, cuando residentes de la localidad, ubicada a 350 kilómetros de Bengasi, atacaron a los sublevados que acababan de tomar posiciones en el interior del municipio. «Son 42 años de dictadura. Al margen de la gente que se ha beneficiado, también hay muchos que se han dejado engañar por el régimen», argumenta Sergio Kharim, uno de los manifestantes de la Plaza de los Juzgados de Bengasi. Nadie en la capital rebelde quiere reconocer que, por fuerza, tiene que existir algún apoyo a Gadafi que tenga que ver con algo más que el dinero o la ignorancia.

A estas alturas, es evidente que la estrategia de la OTAN no busca proteger a los civiles, tal y como se justificaron los ataques cuando la ONU aprobó la resolución 1.973. Lo que persigue es un cambio de régimen, tal y como han confirmado los portavoces de EEUU, Gran Bretaña y el Estado francés. Un objetivo perfectamente legítimo para los cientos de libios que salieron a la calle el 17 de febrero pero que está quedando marcado por una injerencia aliada que ya se ha convertido en parte del conflicto. Obviamente, los intereses de las potencias imperialistas distan mucho de las ansias de cambio de los shebabs que se juegan la vida en el frente o de las víctimas de la represión de Gadafi. Quienes sí que parece que convergen son los mandos occidentales y los líderes del Consejo Nacional de Transición. Ambos tienen en común el bolsillo como base para un modelo de Estado que en la retórica mira hacia Europa pero en la práctica se acercaría más a los países del Golfo.

«Aspiramos a que un Estado moderno, libre y unido suceda a la caída del régimen ilegal de Gadafi». De este modo presenta el Consejo Nacional de Transición su programa político, reducido a tres folios en los que se recogen las reivindicaciones lanzadas por los jóvenes que iniciaron la revuelta pero en los que no es difícil encontrar los guiños que tranquilicen a las potencias económicas que sostienen ahora a su dirección. Por una parte, libertades políticas constitucionales, en abstracto. Por otra, el abc del liberalismo: «sector público fuerte y empresas privadas libres y competitivas». En medio del entusiasmo bélico y ante la falta de un discurso que vaya más allá del Libya free, Gadafi go away (Libia libre, Gadafi márchate) que se corea en las manifestaciones, habrá que estar atento a los juegos que llevan a cabo los encorbatados. En realidad, el centro de decisión no se encuentra en Bengasi. Las grandes resoluciones se toman en lugares como Doha (Qatar), donde se ha establecido el grupo de contacto que ya ha reconocido al Consejo como gobierno transitorio. Si el objetivo es derrocar a Gadafi y los aliados están dispuestos a arrasar Libia para conseguirlo, no parece descabellado pensar en que ya estén acordando cómo beneficiarse de la reconstrucción de lo que ellos mismos han destruido. «Nadie te regala nada sin pedir algo a cambio», asegura Salah Ramadán, otorgándole label coránico al `nadie da duros a cuatro pesetas'. Si se profundiza en la conversación, todos son conscientes de que la ayuda extranjera, especialmente del Estado francés, EEUU y Qatar, tendrá un precio. La pregunta clave es por qué cambiaron de aliado cuando Gadafi ya les servía el petróleo y no suponía una amenaza para el estatus quo económico de la región.

«Somos un país rico lleno de gente pobre». Esta afirmación es una de las más repetidas por cualquier habitante de Bengasi, que corre a señalar el deficiente asfaltado para preguntarse «dónde está el dinero del petróleo». Ahora, con la guerra en marcha, tienen en Gadafi un enemigo en común, la causa de todos sus problemas. Y el dinero que llega de la venta del crudo a través de Qatar se utiliza para la estructura bélica. Pero está por ver cuál será el modelo de reparto propuesto por el Consejo, que no parece distar mucho del que se puso en marcha desde Trípoli. Aunque eso, a los jóvenes de Bengasi, tampoco les preocupa demasiado por el momento. Pueden manifestarse y hablar libremente, que ya es más de lo que habían podido hacer hasta ahora. Como aseguraba Mohammed Mansour, de 23 años, durante la gran manifestación que el viernes conmemoró el inicio de la revuelta, «esto sería impensable hace más de dos meses». Los libios tienen el índice de desarrollo humano más alto de África, pero carecen de estructuras políticas que propongan modelos alternativos.

La crisis libia ha entrado en una fase de cronificación. Porque nadie aporta una salida viable. Ni Gadafi, que se empeña en mantenerse al frente de un Estado que ha dirigido durante 42 años, ni los rebeldes, que mantienen sus condiciones porque son conscientes de que los aliados están dispuestos a ponerles la alfombra roja hasta Trípoli a base de bombardeos. Mientras la situación se estanca, los periodistas se marchan y Libia comienza a recorrer el camino que le lleva desde ser una guerra televisada a un conflicto olvidado. Las noticias no llegan desde el campo de batalla o desde las calles de las ciudades libias, sino desde los centros de decisión política y militar situados a cientos de kilómetros. Una situación que beneficia a quienes han intervenido desde fuera, que ya han demostrado su capacidad para sobredimensionar o minimizar en las pantallas lo que verdaderamente ocurre sobre el terreno.

Fuente: http://www.gara.net/paperezkoa/20110418/260838/es/Libia-una-guerra-estancada------camino-hacia-olvido

lunes, 18 de abril de 2011

OTRA DE LAS REVELACIONES EXTRAÍDAS DE LA LAPTOP DE REYES EN 2008. EL ENVÍO DE FRANCOTIRADORES A LIBIA EN 2011

Decir que el "Washington Times" publica disparates es redundar
Las FARC en Libia


Rebelión...18/04/2011

La sola existencia de este periódico es el resultado de una cadena de cosas que, si no fuera porque ocurren en los Estados Unidos, uno creyera que son disparates sobreviniéndose uno tras otro.

El más reciente, de toda una premiada colección de locuras, dice que guerrilleras colombianas de las FARC pelean para Muamar Gaddafi.

Alguien que firma como Ashish Kumar Sen dice, que un “rebelde” libio le dijo, que guerrilleras colombianas los estaban matando a tiros.

Según Kumar, estos rebeldes, que son el cuerpo de insurrectos más cobarde y loco que se haya visto, han observado a las guerrilleras colombianas apostadas como francotiradoras en las cornisas de los edificios públicos libios, acabando con ellos y toda su locura insurreccional.

Parece un bonito sueño revolucionario: mujeres valientes que hacen correr a tiros a unos farsantes que son la grosera fachada de las multinacionales petroleras, que esta vez ensayan una forma muy poco elaborada de invasión a Libia.

Pero la cosa va más allá. Según el W. Times cada guerrillera recibe de Gaddafi mil dólares diarios por matar “rebeldes”. ¡Vaya salario para una francotiradora tolimense! Mucho más de lo que comenzarán a ganar los ex marines recontraentrenados de Black Water, que si es cierto que ya están el Libia, armados hasta los dientes, como parte de la ayuda humanitaria que requieren estos pobres “rebeldes”, que no han podido sacudirse de encima a Gaddafi

Y en el artículo de Kumar, después de leerse todo esto, al final el hombre admite que todo puede ser falso. Qué desilusión.

No hay derecho a levantarle a uno la colombianidad de esa manera, para luego salir con que “según un alto oficial de los Estados Unidos consultado por el Washington Times, todo esto podría ser una mentira” de estos “rebeldes” libios que avanzan cien metros y retroceden un kilómetro.

El colega Ashish Kumar tiene una extraordinaria vocación cinematográfica. Cuando vi el titular del W. Times me quedó sonando en la cabeza el “sólo en cines” que sigue a semejantes argumentos.

Pero al margen de la hilaridad, lo cierto es que este diario, fundado por Sung Myung Moon, otro loco que dice ser el segundo mesías, un surcoreano multimillonario y reclutado por la CIA al final de la Segunda Guerra Mundial, está comprometido seriamente con atropellar a mentiras la realidad revolucionaria de América Latina.

Esta gente ha dicho que Hezbolá está en Venezuela y Bolivia; han comparado a Hugo Chávez con Franco, Kim Jong Il e Idi Amín; y que lo ocurrido en Caracas hace 9 años, y que comenzó el 11 de abril de 2002, había sido un autogolpe.

Con gente así ¿para qué discutir? La única oposición coherente que se me ocurre es dejar el teclado, y meterme a la marcha que bajo la lluvia, se ha vuelto a concentrar alrededor del Palacio de Miraflores, en el centro de Caracas, para ver si ya Chávez se repuso de su gripe, y nos devuelve a la realidad con otro de sus discursos.

domingo, 17 de abril de 2011


El analizador Bradley Manning


La Jornada...17/04/2011

Pocas semanas después de que Barack Obama llegara a la Casa Blanca, en enero de 2009, el mítico rapero KRS-One desafiaba al recién elegido presidente con una interrogante cargada de desconfianza y de recelo: ¿De qué lado estás tú? Al día de hoy no cabe duda de la respuesta. Los recortes en el gasto social, las nefastas reformas educativas, la inyección de dinero público a los bancos y a los magnates de las grande compañías o el incumplimiento de su compromiso de cierre de Guantánamo, así como la escalada bélica en Afganistán o Libia, han retratado a Obama y le han puesto en su sitio. Como suele decir el bueno de KRS-One para expresar su permanente recelo hacia el actual presidente de su país: tío, un político es siempre un político.

De todas las piezas que componen el puzzle de la decepción y la incredulidad de los votantes estadunidenses más progresistas, el soldado Bradley Manning es quizá el más complicado de digerir. La capacidad del equipo comunicativo de Obama para gobernar la contradicción evidente entre su retórica y su política ha encontrado en Manning un obstáculo difícil de sortear. Hasta el New York Times atacó hace unas semanas al presidente al respecto en una encendida editorial que equiparaba a Obama con Bush.

Bradley Manning fue detenido en mayo de 2010 acusado de ser el origen de la filtración de la importante información clasificada que inició el denominado “escándalo Wikileaks”: la salida a la luz pública de 250 mil cables diplomáticos secretos y de un par de videos que pusieron de manifiesto la autoría del Ejército estadunidenses en la muerte de civiles y de periodistas en Afganistán e Irak. Tras ser acusado formalmente en julio de ese mismo año, el pasado mes de marzo la fiscalía militar añadió otros 22 cargos adicionales contra Manning que incluyen el de ayuda al enemigo. Confinado en una base militar del estado de Virginia, el soldado Manning soporta un durísimo régimen de reclusión en aislamiento que ha sido denunciado por diferentes organismos locales e internacionales, así como por diversas organizaciones de derechos humanos. Hace tan sólo unos días, 295 juristas estadunidenses hicieron pública una carta en la que manifestaban que las condiciones en las que se encuentra Bradley Manning podrían constituir una violación de la propia Constitución de Estados Unidos.

Recluido 23 horas al día en una celda sin ventana de tan sólo 6x12 pies, Manning soporta un régimen de privación del descanso diurno de 5 de la mañana a 8 de la tarde y ha sido despojado de cualquier tipo de objeto personal. Además, es obligado a dormir desnudo y a pasar periódicas inspecciones sin ropa alguna ante las constantes humillaciones y vejaciones tanto de los militares que le custodian, como de los demás reclusos que se encuentran en su mismo pabellón. Pese a que el régimen especial de aislamiento se justifica según las autoridades estadunidenses en la prevención del suicidio, todos los siquiatras militares que han visitado a Manning han negado que exista riesgo alguno en ese sentido, motivo por el que sus abogados han denunciado una y otra vez lo injustificado y lo arbitrario de su situación.

No obstante, el pasado mes de febrero Geoff Morrel, portavoz del Pentágono, manifestó tras visitar al soldado Manning que había quedado “impresionado por la profesionalidad del staff que lo custodia y por lo apropiado del tratamiento y de la forma del confinamiento al que está sujeto”. Sus palabras contrastan notablemente con el punto de vista de Amnistía Internacional, que ha definido el trato que está soportando Manning como inhumano, así como con la preocupación de Juan E. Méndez, relator especial de las Naciones Unidas para casos de tortura, a quien el Departamento de Estado estadunidense ha prohibido tajantemente cualquier visita al detenido, en una decisión que según Méndez equipara a la administración Obama con los regímenes dictatoriales. Lo cierto es que la posición oficial del gobierno estadunidense sobre el asunto no convence ni a sus propios miembros: en marzo pasado el portavoz del Departamento de Estado se vio obligado a dimitir tras reconocer que la situación de Manning esridícula, contraproducente y estúpida, declarando además que no entendía por qué se estaba sometiendo al soldado a semejante trato.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2011/04/16/index.php?section=opinion&article=016a1pol

sábado, 16 de abril de 2011

A 50 AÑOS DEL TRIUNFO SOBRE LOS MERCENARIOS INVASORES EN PLAYA GIRON.

Playa Girón y el carácter socialista de la Revolución cubana


www.atilioboron.com...16/04/2011

En la madrugada del 15 de Abril de 1961 aviones de combate camuflados como si fueran cubanos bombardearon los principales aeropuertos militares de Cuba. Las agencias noticiosas del imperio informaban que se había producido una sublevación de la fuerza aérea “de Castro” y el embajador de Estados Unidos ante la ONU, Adlai Stevenson -expresión del ala más “progresista” del partido Demócrata, ¡menos mal!- trató que el Consejo de Seguridad de ese organismo emitiera una resolución autorizando la intervención de Estados Unidos para “normalizar” la situación en la isla. No tuvo respaldo, pero el plan ya estaba en marcha.

Aquel bombardeo fue la voz de orden para que una brigada mercenaria que con absoluto descaro la CIA y el Pentágono habían venido preparando durante más de un año desembarcara en Bahía de Cochinos, con el declarado propósito de precipitar lo que en nuestros días los melifluos voceros de los intereses imperiales denominarían eufemísticamente como “cambio de régimen.” En Marzo de 1960 –apenas transcurrido poco más de un año del triunfo de la Revolución Cubana- el presidente Eisenhower había firmado una orden ejecutiva dando vía libre para desencadenar una campaña terrorista en contra de Cuba y su revolución. Bajo el amparo oficial de este programa se organizó el reclutamiento de unos mil quinientos hombres (un buen número de los cuales no eran otra cosa que aventureros, bandidos o lúmpenes que la CIA utilizaba, y utiliza, para sus acciones desestabilizadoras) dispuestos a participar de la inminente invasión, se colocó a las organizaciones contrarrevolucionarias bajo el mando de la CIA (es decir, la Casa Blanca) y se crearon varias “unidades operativas”, eufemismo para no llamar por su nombre a bandas de terroristas, escuadrones de la muerte y paramilitares expertos en atentados, demoliciones y sabotajes de todo tipo. Más de tres mil personas murieron en Cuba, desde los inicios de la Revolución, a causa del accionar de estos delincuentes apañados por la el gobierno de un país cuyos presidentes, invariablemente, nos dicen que Dios los puso sobre esta tierra para llevar por todo el mundo la antorcha de la libertad (de mercados), la justicia (racista, clasista y sexista y la democracia (en realidad, la plutocracia). Lo creían antes, y lo creen todavía hoy. Lo creía el católico John Kennedy y el metodista George W. Bush. La única excepción conocida de alguien no infectado por el virus mesiánico es la de John Quincy Adams, sexto presidente de los Estados Unidos, hombre práctico si los hay, quien dijo, en memorable frase, que “Estados Unidos no tiene amistades permanentes sino intereses permanentes,” algo que los gobiernos “pitiyankees” de nuestros países deberían memorizar. (Recordar que este Adams, hijo del segundo presidente de Estados Unidos, John Adams, fue también Secretario de Estado del presidente James Monroe, y colaboró activamente en la formulación de la doctrina que lleva su nombre).

Delincuentes, retomando el hilo de nuestra argumentación, como Luis Posada Carriles -uno de los más conspicuos criminales al servicio del imperio, terrorista probado y confeso, autor intelectual, entre muchos otros crímenes, de la voladura del avión de Cubana en 1976, con 73 personas a bordo- quien hace apenas unos días fue absuelto de todos sus cargos y disfruta de la más completa libertad en los Estados Unidos. Como si eso fuera poco Washington tampoco lo extradita para que pueda ser juzgado en Venezuela, país cuya nacionalidad había adoptado durante el transcurso de sus fechorías. Barack Obama, indigno Premio Nóbel de la Paz, protege a los verdugos de nuestros pueblos hasta el final de sus vidas mientras mantiene en prisión, en condiciones que ni siquiera se aplican a un asesino serial, a los cinco luchadores antiterroristas cubanos. Gesto ignominioso el de Obama, pero que tiene un lejano antecedente: en 1962, luego de la derrota sufrida por el ejército invasor reclutado, organizado, entrenado, armado y financiado por los Estados Unidos los prisioneros que habían sido capturados por las milicias revolucionarias cubanas fueron devueltos a los Estados Unidos ¡para ser recibidos y homenajeados –sí, homenajeados- por otro “progresista”, el presidente John F. Kennedy! El fiscal general de los Estados Unidos, Robert Kennedy, para no ser menos que su hermano mayor, invitó a esa verdadera “Armada Brancaleone” de matones y bandidos a integrarse al ejército norteamericano, cosa que fue aceptada por gran parte de ellos. No sorprende, por lo tanto, que periódicamente aparezcan tenebrosas historias de atrocidades y vejaciones perpetradas por soldados estadounidenses en diversas latitudes, las últimas conocidas hace apenas un par de días en Afganistán y antes en Abu Ghraib; o que durante la Administración Reagan-uno de los peores criminales de guerra de los Estados Unidos, según Noam Chomsky- un coronel del Marine Corps y asesor del Consejo de Seguridad Nacional, Oliver North, hubiera organizado una red de narcotraficantes y vendedores de armas desde su despacho situado a pocos metros de la Oficina Oval de la Casa Blanca para financiar a la “contra” nicaragüense. No le fue tan mal a North después de estallado el escándalo: libró de ir a la cárcel y en la actualidad se desempeña en varios programas de la ultraconservadora cadena Fox News Channel. Estos episodios revelan con elocuencia el clima moral que prevalece en las legiones imperiales.

La derrota de la invasión mercenaria lejos de aplacar al imperio exacerbó aún más sus instintos asesinos: la respuesta fue la preparación de un nuevo plan, Operación Mangosta, que contemplaba la realización de numerosos atentados y sabotajes tendientes a desarticular la producción, destruir cosechas, incendiar cañaverales, obstaculizar el transporte marítimo y el abastecimiento de la isla y amedrentar a los eventuales compradores de productos cubanos, especialmente el níquel. En pocas palabras: preparar lo que luego sería el infame bloqueo integral que sufre Cuba desde los comienzos mismos de la Revolución. Huelga decirlo pero el pueblo cubano -patriótico, consciente y organizado, fiel heredero de las enseñanzas de José Martí- frustró una vez más los miserables designios de la Operación Mangosta. Al día siguiente del bombardeo aéreo del 15 de Abril, en el homenaje que el pueblo de Cuba rendía a sus víctimas, Fidel proclamaría el carácter socialista de la Revolución Cubana con las siguientes palabras: "Compañeros obreros y campesinos: esta es la revolución socialista y democrática de los humildes, con los humildes y para los humildes". Y el 19 de Abril, en Playa Girón, se libraría el combate decisivo que culminaría con la primera derrota militar del imperialismo en tierras americanas. Latinoamérica, su respiración contenida ante esta reedición del clásico enfrentamiento entre David y Goliat, recibió con inmensa alegría la noticia de la derrota de las fuerzas del imperio, y nuestros pueblos terminaron por convencerse que el socialismo no era una ilusión sino una alternativa real. Otra historia empezaba a escribirse en esta parte del mundo. Durante aquellas históricas jornadas la camarilla contrarrevolucionaria estaba a la espera en Miami, presta para trasladarse a Cuba una vez que los invasores controlasen por 72 horas una “zona liberada” que les permitiera constituirse como “gobierno provisional” y, desde allí, solicitar el reconocimiento de la Casa Blanca y la OEA, y la ayuda militar de Estados Unidos para derrotar a la Revolución. Pero Fidel también lo sabía, y por eso su voz de mando fue la de aplastar a la invasión sin perder un minuto, cosa que efectivamente ocurrió. Parece que en Miami todavía siguen esperando.

(www.atilioboron.com)