miércoles, 9 de marzo de 2011

Este articulo no analiza objetivamente lo que sucede en Libia. Es una defensa a ultranza de la voracidad petrolera del imperio y sus lacayos.

La izquierda y Libia

rolandoastarita.wordpress.com...09/03/2011


El levantamiento de Libia contra la dictadura de Khadafy ha puesto en evidencia las profundas divisiones que atraviesan a la izquierda. No me refiero a la clásica división entre las tendencias que se identifican con las políticas “reformistas keynesianas” (de administración consensuada de los negocios del capital) y las tendencias radicales (inspiradas, por lo general, en alguna versión del marxismo), sino a una divisoria cuyo eje pasa por la “solidaridad anti-imperialista con Khadafy, frente al ataque de la OTAN”, o por “la solidaridad con la lucha democrática de los sublevados contra Khadafy”. ¿Es el eje del conflicto el problema “nacional”? ¿O es el eje del conflicto el eje “democrático” (capitalista, pero democrático)? La izquierda -tanto la más radicalizada, como la moderada- se divide según responda a estos interrogantes. Los que piensan que el problema es “nacional” desean el triunfo de Khadafy, y que se aplaste a los sublevados. Quienes sostienen que se trata de la lucha contra una dictadura, desean la derrota de las tropas de Khadafy. En consecuencia, militantes que se reivindican de izquierda y marxista, si vivieran en Libia, estarían enfrentándose a tiros. Pero aunque no se llegue a este extremo, la división es igualmente grave. Tomemos el caso de la actitud ante la masacre de la población por parte de Khadafy. La izquierda que sostiene que el conflicto es “nacional” (o en buena parte “nacional”), dice que se trata de exageraciones de los grandes medios controlados por el imperialismo; y repudia las condenas -por ejemplo de las Naciones Unidas- al régimen de Khadafy, con el argumento de que es parte de la agresión imperialista. La izquierda que analiza el conflicto en términos de una lucha anti-dictatorial, sostiene exactamente lo opuesto, y trata de que se difundan las denuncias contra el régimen. Por supuesto, hay algunos que intentan mantenerse “en el medio”. “En parte es un conflicto por la democracia, y algo de razón tienen los sublevados, pero en parte es un conflicto nacional, y algo de razón tiene Khadafy”. Desde este enfoque, se admite que Khadafy es “sanguinario”, pero también se está en contra de que la ONU lo condene por violaciones a los derechos humanos. Los sublevados luchan contra una dictadura, pero son manipulados por el imperialismo. Estos intelectuales que están "en el justo medio" no afirman explícitamente que están a favor de que triunfe Khadafy, pero dan a entender que el triunfo de los rebeldes equivaldría al triunfo de la OTAN y el imperialismo (secesión de Libia, gobierno títere, etc.). Por las razones que presento más abajo, considero que esta posición es funcional a la postura “nacional”.

Dado que ya he tratado la cuestión en la nota anterior, aquí solo amplío argumentos a favor de la posición que sostiene que en Libia se está desarrollando una lucha por la democracia (capitalista), con la que me identifico, y presento algunas de las contradicciones en que incurre la postura “nacional”. Empiezo con un tema que está conectado a las diferencias en la izquierda, el referido a los medios de comunicación y la información con que se nutren los análisis.

Medios de comunicación “nacionales” y los otros...

Los partidarios de la línea “nacional” nos dicen que no debemos confiar en las informaciones que provienen de las grandes cadenas internacionales (manejadas por el gran capital), y que la verdadera información está en los medios orientados por gobiernos progresistas y nacionales, los únicos que no pueden ser comprados por “los grandes grupos pro imperio”. Por lo tanto, y siguiendo este criterio, analistas que están ubicados en el campo de lo popular y nacional desecharon casi por completo la información que daban las grandes cadenas sobre Libia, y explicaron que todo es un invento generado por una campaña mediática, para hacer aparecer a Khadafy como un sanguinario, y preparar la invasión imperialista. Y para contrarrestar la campaña mediática imperialista, agregan, qué mejor que basarse en Telesur, la cadena latinoamericana de TV con sede en Caracas. Recordemos que Telesur está auspiciada por los gobiernos de Venezuela, Bolivia, Argentina, Uruguay, Cuba, Ecuador, Nicaragua, y desde su nacimiento se presentó como una alternativa frente a las grandes cadenas dominadas por los imperialistas. ¿Cómo pasó Telesur la prueba de Libia?

Pues bien, Telesur efectivamente dio informaciones casi opuestas a las que provenían del resto de los medios. Tal vez el punto más alto de estas diferencias ocurrió el 23 de febrero pasado. En tanto por muchos canales se informaba de ataques de las tropas gubernamentales a los manifestantes, Telesur describía la situación como de “total normalidad en Trípoli, así como en el resto del país”. “Hay calma y grandes manifestaciones de apoyo al mandatario”, agregaba. He leído notas de autores “nacionales” que sustentaron sus análisis en esta información, con el argumento de que era la única que reflejaba lo que estaba realmente estaba ocurriendo.

Frente a tales diferencias en la información acerca de los hechos (esto es, de la realidad que existe por fuera de nuestras mentes), es necesario reflexionar y comparar datos y fuentes. Y a poco de pensar en el asunto, aparece una pregunta que es casi ineludible. Si la tesis “construcción mediática de las cadenas imperialistas y la OTAN” es correcta, hay que preguntarse cómo es posible que en la práctica toda la prensa mundial se haya disciplinado, en horas o días, a la consigna -de Washington o Bruselas- “construyamos una realidad virtual en Libia”. No se trata solo de lograr que todos los medios de las grandes potencias, con sus decenas de corresponsales en Libia, se pongan de acuerdo para sostener un gigantesco invento mediático -”el pueblo se levantó contra una dictadura, y Khadafy está reprimiendo de manera sangrienta”-, sino también a todos los otros medios que están presentes en la zona. Entre ellos, los provenientes de países dependientes, pero fuertes, como Rusia, Brasil o India, más decenas de corresponsales de otros medios. ¿Todos los corresponsales fueron subordinados y disciplinados al objetivo de la campaña mediática? Suena increíble. Pero además, está la cuestión de Al Jazeera, la cadena del mundo árabe. Recordemos que Telesur ha firmado acuerdos de intercambio de información con Al Jazeera, razón por la cual en su momento fue atacada por la derecha norteamericana. Pues bien, Al Jazeera estuvo en la primera línea de denuncias de las atrocidades que está cometiendo Khadafy contra su pueblo. ¿También sus noticias están dictadas por el imperio?

Por otra parte, ¿no hay manera de chequear la información con otras fuentes? Lo que está sucediendo en Libia no es una negociación secreta entre bastidores de algún ministerio, o de algunas grandes compañías. Es un conflicto en el que participan cientos de miles de personas, y que concita la atención del mundo. Por eso, también organizaciones de izquierda, de diversas partes del mundo, tienen sus fuentes propias. Con matices, con énfasis diversos (y por supuesto, muchas veces con interpretaciones opuestas), esas fuentes confirman que hubo una represión salvaje.

En todo esto dejo anotado dos cuestiones. Primero, hay que preguntarse seriamente cuál es la honestidad intelectual de algunos intelectuales de izquierda, que presumen de “críticos”. ¿De qué espíritu crítico me hablan? En segundo lugar, mirar para otro lado en esta cuestión equivale a encogerse de hombros ante lo que está haciendo la dictadura. Aunque esta actitud se disfrace con la excusa de “nos oponemos a los medios de comunicación imperialistas”.

Periodista de Telesur

Posiblemente lo anterior dejará impávido al partidario de la tesis “invención mediática de la OTAN”. Así, por estos días el presidente Hugo Chávez sigue diciendo que todo es una farsa inventada por el imperialismo, que está preparando la invasión. Y los intelectuales “marxistas nacionales” (por lo menos los argentinos que conozco de esta veta), siguen guardando un prudente silencio sobre el asunto. No se atreven siquiera a rozar la posibilidad de responder públicamente la sencilla pregunta de ¿quién miente acerca de la represión al pueblo libio? Sin embargo, los hechos son testarudos (como decía Lenin), y recientemente, desde las propias filas de Telesur surgió un testimonio que echa por tierra los esfuerzos del medio “nacional” por tapar la realidad. El 1º de marzo, la periodista Mary Pili Hernández realizó una entrevista al corresponsal de Telesur, Reed Lindsay, sobre la situación en el Oriente de Libia, para la emisora Unión Radio. En esta entrevista Lindsay dijo que se encontraba a una hora de Benghazi, la ciudad tomada por la oposición a Khadafy hace una semana, y que allí podía apreciar la diferencia de otros lugares controlados por el Gobierno, donde los periodistas no tienen libertad para desplazarse y trabajar de forma independiente, así como recoger las denuncias por la mortandad a raíz de la represión oficialista.

"El problema para los periodistas está en Trípoli. En esa zona del país solo pueden entrar supervisados y con control del Gobierno. Libia es un país donde los periodistas antes ni venían sino cuando al Gobierno le convenía y era para publicar a favor de ellos". Agregó: "Por eso en esta zona liberada (Benghazi) nunca me había sentido tan bien recibido... los pobladores no estaban acostumbrado a ver periodistas libres. Es muy distinto en la zona donde gobierna Khadafy".

Sobre las denuncias de violaciones a los derechos humanos contra el régimen, explicó que había visto algo asombroso, porque “la gente habla de crímenes de lesa humanidad. Hay realmente mucha evidencia abrumadora de que Khadafy ordenó a sus fuerzas de seguridad atacar y disparar a los manifestantes sin armas y disparar a matar".

"Una de las personas que estaban afectadas por los ataques de Khadafy, así como antiguos presos políticos, me preguntaron por qué el presidente Hugo Chávez apoyaba al régimen, así como otros presidentes de América Latina que están a favor de los procesos sociales, la justicia social y los cambios revolucionarios lo hacían, sabiendo que están respaldando a un dictador que dispara a su propio pueblo", relató. "Es una pregunta que nos hacen en las calles".

"Esto no es una guerra o un enfrentamiento entre el gobierno y una fuerza rebelde. Este conflicto comenzó con manifestaciones pacíficas y fue de un lado un pueblo tranquilo protestando, y del otro lado fuerzas armadas, con armamento pesado disparando a matar... eso es lo que todo el mundo nos cuenta aquí, por ello hablan de crímenes de lesa humanidad", agregó.

Preguntado por la opinión de la gente sobre una posible invasión extranjera, liderada sobre todo por Estados Unidos, Lindsay dijo que "aquí la gente no está a favor de la política de Estados Unidos, la rechazan, no están a favor de la intervención militar de esta nación y advierten que van a morir luchando sea contra Gadafi o contra las fuerzas de Estados Unidos".

Pregunto: ¿también este periodista está manipulado por el imperialismo? La realidad es que Telesur mintió durante días y días. La realidad también es que esta mentira fue avalada por decenas de intelectuales “críticos”, y organizaciones políticas afines. La realidad es que no se puede tapar el sol con las manos, ni la revolución en Libia con Telesur. El levantamiento respira por decenas de miles de poros, de gente que está arriesgando sus vidas porque demanda libertades (burguesas, por cierto, pero libertades) frente a un régimen dictatorial. Esa presión objetiva se hizo sentir incluso en el corresponsal enviado por Telesur (los corresponsales no viven en cajas de cristal, ni todos son burócratas funcionales a sus mandantes).No pueden ahogar un clamor que surge desde abajo, por más aparato burocrático con que lo quieran tapar.

La indefendible tesis “nacional”

Lo de Telesur no es un “error” circunstancial. Responde a una lógica. Es que los chavistas, marxistas-nacionales y similares, están obligados a seguir afirmando que no existe un levantamiento popular contra Khadafy, que éste no ha reprimido al pueblo, y que todo es un ardid del imperialismo. Necesitan armar esta historia, porque no tienen manera de encajar lo que está sucediendo en Libia con la idea de que el conflicto es “por la liberación nacional”. Y los que adoptan una postura “neutral” (esto es mitad problema nacional, mitad problema democrático) también se ven impulsados a evitar el análisis de por qué se ha mentido a este nivel. Hay que tapar, o disimular, el hecho de que el origen del conflicto es una sublevación contra una dictadura, para exaltar “lo nacional”. Sin embargo, la explicación “nacional” no tiene consistencia lógica, ni se compadece con un mínimo análisis de los hechos.

Es que para hablar de un problema nacional, habría que demostrar que de alguna manera Libia está bajo el peligro de pasar de su actual estatus de país dependiente en lo económico, y políticamente independiente, al de colonia (o semi-colonia en el caso de que se impusiera un gobierno títere, digitado por las potencias). Pero por ningún lado existe evidencia de algo semejante. Ya expliqué en la nota anterior que no hay ningún elemento objetivo para sostener que el gobierno de Benghazi sea un “títere” puesto por el imperialismo (Washington, la OTAN, etc.). Incluso desde el punto de vista formal el Consejo Nacional de la llamada coalición revolucionaria, que se auto-proclama “representante único del pueblo libio”, está integrado por 30 personas entre las cuales se encuentra gente que perteneció, hasta ayer, a las más altas jerarquías del régimen de Khadafy. Desde el punto de vista de las relaciones con el capital extranjero, no hay razón para esperar cambios cualitativos. Como todos los gobiernos de los países dependientes, intentará establecer los términos de la inserción de la economía de Libia en el mercado mundial, según su fuerza relativa. No hay razón para pensar que los capitales de las grandes potencias estén en tren de invadir Libia para establecer una colonia. Incluso desde el punto de vista de la relación que mantenían con Khadafy, el asunto no tiene lógica. Desde hace por lo menos seis años que el gobierno de Libia venía manteniendo relaciones “aceptables” con el mundo capitalista. Khadafy invirtió miles de millones en Italia y Gran Bretaña, y cerró jugosos acuerdos comerciales con otros países industrializados. Solo en Italia Khadafy es accionista de Fiat, ENI, el club Juventus y el banco Unicredit. También se llevaba muy bien con Alemania, al que le vende petróleo, y con el cual hace negocios en transporte, construcción y turismo. El fondo de inversión de Libia utiliza como intermediarios a bancos europeos y estadounidenses. Incluso Khadafy fue invitado al G-20; y todavía el 4 de enero de este año, el Consejo de Derechos Humanos de la ONU publicó un informe sobre Libia, en el que se afirmaba que, según “varias delegaciones”, había un “compromiso del país con la defensa de los derechos humanos”. Reconozcamos al menos que es una forma un poco extraña de preparar a la opinión pública mundial para una operación de intervención en Libia.

Con todo esto no estoy diciendo que Khadafy sea un “títere” del capital financiero internacional, sino subrayo que no hay ninguna base material para pensar que EEUU y Europa hayan decidido desatar en Libia, de buenas a primeras (y en medio de las convulsiones que sacuden a todo el mundo árabe), una ofensiva para transformar a este país en una colonia. Gobiernos de países que son insopechados de tener simpatías con Washington, como el de Irán, pusieron el acento en la represión, y no hablaron de que estuviera en juego la independencia de Libia. Y el mismo Khadafy echa la culpa de sus problemas a la intervención de Al Qaeda en el país, no de la OTAN. Solo la interpretación “chavista” (con el consentimiento de muchos intelectuales marxistas), sostiene que el eje del conflicto es nacional; o por lo menos, que este aspecto del asunto está al mismo nivel que el “democrático”.

Génesis del conflicto

Reed Lindsay, el corresponsal de Telesur que se decidió a decir lo que estaba registrando, respondió con claridad una de las cuestiones claves que debe plantearse cualquier persona que desee entender lo que sucede en Libia. ¿Cuál fue el origen del conflicto? ¿Una intervención imperialista? (abierta o encubierta, a través de algún golpe de Estado). ¿O las manifestaciones del pueblo pidiendo libertad? Para sustentar la tesis chavista, o nacional, hay que demostrar que el origen del problema viene de afuera, de la mano de la OTAN, la CIA, etc. Pero no encuentro que puedan hacerlo. No se puede demostrar que las manifestaciones hayan sido organizadas por el imperialismo. Todos los datos disponibles confirman lo que sostuvo Lindsay. Hubo, por supuesto, estímulos “de afuera”, ya que ningún país vive en una burbuja. El levantamiento popular en Libia no se puede desconectar de lo que sucedió en Túnez y Egipto. Tampoco de los efectos de la crisis económica mundial. Pero estos factores incidieron en una situación social interna, que no se explica por “maniobras del imperialismo y sus agentes”. El conflicto estalla porque los manifestantes piden libertades.

¿Hubo cambio cualitativo?

Establecida la génesis del conflicto, hay que preguntarse a continuación si se produjo algún cambio cualitativo, en la situación de Libia, y su relación con el extranjero, que nos lleve a considerar que el eje del conflicto pasó de la “lucha por libertades democráticas”, a “la lucha por la independencia nacional”. ¿Qué hecho en concreto puede exhibir el pensamiento nacional-chavista para sostener que se produjo ese cambio cualitativo? La única respuesta que encuentro, hasta ahora, es la advertencia de que “sobrevuela el peligro de la intervención imperialista”. ¿Por qué? Pues porque los dirigentes de los sublevados son agentes del imperio; porque las masas están “manipuladas”; y fundamentalmente porque el Consejo Nacional de transición llama a la intervención de las potencias.

De estos tres argumentos, el que parece tener más peso, es el último. Pues bien, empecemos por precisar que hasta el momento el Consejo Nacional de transición ha manifestado que está en contra de la entrada de tropas extranjeras (en última instancia, sería la única forma de realizar una ocupación colonial), pero sí pidió la intervención de las Naciones Unidas para que frene los ataques aéreos de Khadafy. Hasta el momento ni las Naciones Unidas, ni la OTAN, hicieron algo al respecto. Por otro lado, el Consejo Nacional rechazó una misión británica, con argumentos de país soberano. De todas maneras, lo fundamental a preguntarse es si una ayuda militar de las potencias a los sublevados implicaría un cambio cualitativo del carácter del conflicto. ¿Dejaría de ser una lucha por la democracia burguesa, contra una dictadura?

Mi respuesta es que no, que esa sola circunstancia no cambiaría la naturaleza del conflicto. A lo largo de la historia se han dado múltiples casos de movimientos, partidos o gobiernos que han recibido ayuda (material o política) de las potencias, sin que ello las transformara en marionetas del extranjero. En cualquier conflicto, pero más en una guerra, los bandos enfrentados buscan ayuda de donde pueden. Cuando estaba luchando contra la dictadura de Batista en Sierra Maestra, Fidel Castro tenía el visto bueno de Estados Unidos. En las últimas semanas de combates contra la dictadura de Somoza, el Frente Sandinista recibió armas que Estados Unidos dejó pasar sin inconvenientes, porque le había bajado el pulgar a la dictadura. Pero podemos dar otros ejemplos más cercanos. Bajo la dictadura de Videla, mucha gente de izquierda recurría a la OEA y otros organismos internacionales para presionar por la libertad o la aparición de compañeros. Cuando Pinochet fue detenido por el gobierno británico, la izquierda no pidió la libertad del ex dictador, aunque bien podía ser considerado un caso de “injerencia de una potencia en un país dependiente”. Más atrás en el tiempo, la URSS recibió armas de Occidente, para pelear contra Hitler; no por ello puede decirse que Stalin se hubiera transformado en un agente de EEUU o Gran Bretaña. Antes todavía, el gobierno bolchevique, bajo conducción de Lenin, aceptó ayuda militar de Francia e Inglaterra para defenderse de los alemanes. Si esto fue así, ¿por qué se le niega a un gobierno burgués, como el de Benghazi, recibir armas u otra ayuda militar de las potencias extranjeras? Además, ¿acaso va a transformarse en “agente” del imperialismo por el solo hecho de recibir ayuda militar?

La cuestión es concreta. En Libia hay dos bandos en guerra. Uno de ellos encarna un régimen dictatorial (bonapartista represivo, podríamos decir) y el otro un régimen burgués democrático (por más limitadas que sean esas libertades). Uno de los bandos tiene más y mejores armas, y poder aéreo, y el otro apela a lo que tiene a mano para resistir. Negar al gobierno de Benghazi el derecho a pedir colaboración, equivale a dar carta blanca a la represión de Khadafy. En estas cuestiones es imposible jugar a las escondidas. Lo pongo de esta manera: supongamos que gobiernos europeos deciden enviar un cargamento con armas y municiones, o con alimentos, a los sublevados. ¿Qué tienen que hacer los socialistas? Según el pensamiento nacional-chavista -y los intelectuales marxistas nacionales que lo acompañan- deberían impedirlo por todos los medios. ¿A quién favorecería esa demanda? Claramente, a Khadafy. Puede verse que el argumento “nacional” lleva agua a un solo molino. Aunque se lo encubra con “saludos a la bandera” a la lucha “anti-dictatorial”.

“Manipulados” que son mártires


Uno de los aspectos más paradójicos del nacionalismo-popular y del marxismo-nacionalista (o chavista), es que en el conflicto de Libia no pueden registrar el que miles de personas están arriesgando, o entregando, sus vidas, por convicción. Para estos pensadores, la única manera de explicar que esta gente se esté lanzando contra la dictadura en condiciones de inferioridad (entrenamiento militar, poder de fuego), es postulando que, en última instancia, están siendo “manipulados” por los agentes del imperialismo. Se trata de la eterna explicación de todo régimen que se ve acorralado por levantamientos populares. Si en Benghazi y otras ciudades en manos de los rebeldes, han subido al poder agentes de las petroleras y la OTAN, los que defienden estas posiciones, y dan la vida por ello, solo pueden ser “manipulados”, piensa el ala nacional marxista, y afines. Hay aquí un enorme desprecio por las masas de Libia, por su sacrificio y heroísmo. Es el resultado necesario de haber errado a la hora de identificar el eje del conflicto. Por otra parte, tampoco pueden explicar por qué Khadafy ha debido recurrir a mercenarios africanos.

Naturalmente, la razón de por qué tantas miles de personas entregan sus vidas en esta pelea es que están están peleando por sus libertades. Ya he explicado que se trata de libertades burguesas (no habrá libertad real para los explotados y oprimidos), pero que no deberían minusvalorarse. No es lo mismo que haya libertad de expresión, o que no la haya; no es lo mismo ser detenido por una dictadura, que tener derecho a un juicio; no es lo mismo gozar de libertad de asociación política, que no tenerla. Los que están defendiendo las ciudades rebeldes valoran esas libertades, y por eso pelean. Es lo que le está diciendo la gente al corresponsal de Telesur y a tantos otros corresponsales y testigos. Hay que tener anteojeras chavistas demasiado grandes para no poder ver esta realidad.

Derechos humanos y la ONU

Una de las cuestiones que más me han impactado por estos días fue la condena de intelectuales marxistas y chavistas de la resolución del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas sobre Libia. El pensamiento nacional, en casi todas sus variantes, ha considerado que esta resolución constituye un ataque del imperialismo a Libia. Sinceramente, no puedo entender en qué medida esa resolución puede significar alguna forma de sometimiento neo-colonial de este país. Y no me parece casual que se condene la resolución, hablando del “derechos a la auto-determinación” del pueblo de Libia- sin explicar en qué consiste, ni quiénes la votaron.

La resolución 1970 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas deplora la “gran y sistemática violación de los derechos humanos” en Libia. Exige que cese la violencia, y decide referir la situación a la Corte Criminal Internacional. También impone un embargo de armas, y una prohibición de viaje y congelamiento de activos a la familia Khadafy y a altos funcionarios. Fue firmada, entre otros, por Colombia, Brasil, Nigeria, Bosnia, Gabon, China, Líbano, Sudáfrica e India, además de EEUU y otras potencias. Y fue apoyada por el representante de Libia en el organismo, quien rompió con el régimen y agradeció el apoyo moral que significaba para los que estaban sufriendo los ataques de Khadafy en su país.

Cualquiera que haya luchado contra dictaduras, y por libertades democráticas, conoce la importancia de generar espacios en el plano internacional que, de algún modo, obstaculicen la acción de esos regímenes. Ya expliqué que en la lucha contra las dictaduras de Videla, Pinochet, etc., muchas veces desde la izquierda se pidieron condenas. Por supuesto, las dictaduras rechazaban indignadas esas condenas.

La resolución de la ONU sobre Libia se ubica en este plano de lo democrático. Congelar los activos del régimen, o imponer un embargo de armas, genera alguna presión sobre Khadafy, y en este sentido significa un respaldo para los insurrectos. Por eso los que están peleando contra Khadafy no la vieron como un ataque a la soberanía de su país, y estuvieron lejos de condenarla (en todo caso, pueden estar en desacuerdo porque no es más dura). Desde el punto de vista ideológico, ayuda a que se conozca a nivel mundial el ataque. Naturalmente entonces, los intelectuales “marxista-nacionales” y los chavistas están muy disgustados. No solo no dicen palabra sobre las informaciones de Telesur; no solo hacen lo posible por desviar el foco del conflicto, sino también hacen lo posible para que no se conozca la magnitud de la represión. La gente que está peleando contra Khadafy, los manifestantes que son tiroteados por las bandas del régimen, necesitan las denuncias internacionales. Los intelectuales “marxistas-nacionales” (conozco muchos en Argentina) y otros partidarios de ala nacional, hacen todo lo posible para que se ahoguen las denuncias.

En conclusión, las diferencias que atraviesan a la izquierda en relación a Libia no son tácticas, sino ideológicas, ya que se vinculan con posiciones globales. Es una nueva muestra del grado a que ha llegado la crisis en este campo, y en particular en lo que, en sentido amplio, podemos llamar el pensamiento marxista.

http://rolandoastarita.wordpress.com/2011/03/07/la-izquierda-y-libia/

martes, 8 de marzo de 2011

Cómo terminará la era del petróleo
El colapso del viejo orden petrolero

Tom Dispatch...08/03/2011

Introducción del editor de TomDispatch

La media del precio de la gasolina en el surtidor actualmente es de 3,65 dólares por galón en California y ya ha llegado a 4 dólares en San Francisco y Chicago. En todo el país cuesta 3,38 dólares, un aumento de 20 centavos en la última semana (seis centavos sólo el viernes pasado). Mientras tanto, en sus declaraciones ante el Comité Bancario del Senado el martes, el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, habló con optimismo de la economía y negó que el aumento del precio del petróleo impulsado por la agitación en Medio Oriente pudiera tener ninguna repercusión. «El resultado más probable —dijo— es que el reciente aumento en los precios de las materias primas lleve, en el peor de los casos, a un aumento temporal y relativamente modesto de la inflación de los precios para los consumidores estadounidenses».

Por supuesto, damos por sentado que nadie que circule con su coche dentro de la carretera de circunvalación de Washington tiene que llenar el depósito de gasolina. Para ellos, el dolor en la gasolinera puede ser «temporal y relativamente modesto», pero vaya a decírselo al 9% de estadounidenses desocupados (según las estadísticas oficiales) que todavía tienen que conducir un coche, en lo que a Bernanke y a cualquier otro que no esté sufriendo les parece que no es una recesión. En 1940, el último año de la Gran Depresión, la tasa de desempleo fue 14,6%, y en esos días todavía no habían dejado de contar a los que estaban demasiado desalentados como para buscar trabajo. En ese sentido, considera lo que está sucediendo en los surtidores como algo equivalente al asesinato del sustento y ahora imagina que, al llegar el verano (si no mucho antes), el precio de un galón de gasolina a nivel nacional podría, como antes de la catástrofe económica global de 2008, acercarse a la marca de los 4 dólares por galón, y tal vez seguir aumentando.

Después de todo, los temores por el oro líquido, como lo dijo recientemente la página de negocios del New York Times, «han puesto nervioso al mundo del petróleo», y ya se oyen los primeros murmullos que temen una próxima «crisis del petróleo» o incluso que el surtidor marque los 5 dólares. Y con razones. El suministro de petróleo de Medio Oriente es ahora mucho más vulnerable ante todo tipo de trastornos, incluido el sabotaje, de que lo que mucha gente piensa. Como escribió recientemente Juan Cole: «Los trabajadores en el Golfo [Pérsico] descontentos con sus vidas, a diferencia de los maestros de escuela de Wisconsin, pueden desestabilizar la economía si así lo deciden». Y hay que recordar que es sólo el punto de vista a corto plazo. Si se trata de un experto en energía como Michael Clare, colaborador regular deTomDispatch, autor de Rising Powers, Shrinking Planet, perpetuamente adelantado a los acontecimientos cuando se trata de un futuro de recursos limitados, sabremos que es solo el comienzo del fin de la era del petróleo y parte de nuestro duro ingreso a un mundo de energía extrema. Tom

El colapso del viejo orden petrolero

Cómo terminará la era del petróleo

Michael T. Klare

Sea cual sea el resultado de las protestas, levantamientos, y rebeliones que ahora afectan a Medio Oriente, una cosa es segura: el mundo del petróleo cambiará para siempre. Hay que considerar todo lo que está sucediendo sólo como el primer temblor de un terremoto que estremecerá hasta la médula a nuestro mundo.

Durante un siglo, a partir del descubrimiento de petróleo en el sudoeste de Persia, antes de la Primera Guerra Mundial, las potencias occidentales han intervenido repetidamente en Medio Oriente para asegurar la supervivencia de gobiernos autoritarios dedicados a producir petróleo. Sin semejantes intervenciones, la expansión de las economías occidentales después de la Segunda Guerra Mundial y la actual opulencia de las sociedades industriales serían inconcebibles.

Esa, sin embargo, sería la noticia que debiera estar en las primeras planas de los periódicos por doquier: El viejo orden petrolero se muere y, con su defunción, veremos el fin del petróleo barato y fácilmente accesible; para siempre.

El fin de la era del petróleo

Tratemos de apreciar lo que exactamente está en peligro en el tumulto actual. Para comenzar, casi no hay modo de hacerle honor al papel crítico jugado por el petróleo de Medio Oriente en la ecuación energética del mundo. Aunque el carbón barato alimentó la Revolución Industrial original, alimentando los ferrocarriles, los barcos a vapor, y las fábricas, el petróleo barato ha posibilitado el automóvil, la industria de la aviación, los barrios residenciales, la agricultura mecanizada, y la explosión de la globalización económica. Y mientras fueron sólo un puñado de áreas clave en la producción de petróleo las que lanzaron la Era del Petróleo (EE.UU., México, Venezuela, Rumania, el área alrededor de Bakú, en lo que era entonces el imperio zarista ruso, y las Indias Orientales Neerlandesas), es el Medio Oriente el que ha satisfecho la sed de petróleo del mundo desde la Segunda Guerra Mundial.

En 2009, el año más reciente para el que existe ese tipo de datos, BP informó que los proveedores en Medio Oriente y el Norte de África produjeron en total 29 millones de barriles al día, o sea, un 36% del suministro total de petróleo del mundo. Esta información no nos da ni la más remota idea de la importancia de la región para la economía petrolera. Más que ninguna otra área, Medio Oriente ha canalizado su producción hacia mercados de exportación para satisfacer el hambre de energía de potencias importadoras de petróleo como EE.UU., China, Japón, y la Unión Europea (UE). Estamos hablando de 20 millones de barriles canalizados cada día a los mercados de exportación. Comparemos eso con Rusia, el mayor productor individual del mundo, con siete millones de barriles en petróleo exportable, el continente africano con seis millones, y Suramérica con sólo un millón.

Lo que pasa es que los productores de Medio Oriente serán aún más importantes en los años por venir porque poseen lo que se calcula en dos tercios de las reservas no explotadas del petróleo restante. Según las recientes estimaciones del Departamento de Energía de EE.UU., Medio Oriente y el Norte de África proveerán en su conjunto aproximadamente un 43% del suministro mundial de crudo de petróleo en 2035 (un aumento, en comparación con un 37% en 2007), y producirán una parte aún mayor del petróleo exportable del mundo.

Dicho en pocas palabras: la economía mundial requiere de un creciente suministro de petróleo asequible. Sólo Medio Oriente puede proveerlo. Por eso, los gobiernos occidentales han apoyado durante mucho tiempo regímenes autoritarios «estables» en toda la región, suministrando y entrenando regularmente a sus fuerzas de seguridad. Ahora, ese orden embrutecedor y petrificado, cuyo mayor éxito fue producir petróleo para la economía mundial, se está desintegrando. No hay que contar con ningún nuevo orden (o desorden) que suministre suficiente petróleo barato para preservar la Era del Petróleo.

Para apreciar por qué será así, conviene presentar una pequeña lección de historia.

El golpe iraní

Después de que la Compañía Anglo-Persa de Petróleo (APOC) descubriera petróleo en Irán (conocido entonces como Persia) en 1908, el gobierno británico intentó ejercer su control imperial sobre el Estado persa. El creador principal de ese impulso fue el Primer Lord del Almirantazgo, Winston Churchill. Después de ordenar la conversión de los barcos de guerra británicos de carbón a petróleo antes de la Primera Guerra Mundial y determinado a colocar una importante fuente de petróleo bajo el control de Londres, Churchill orquestó la nacionalización de APOC en 1914. En la víspera de la Segunda Guerra Mundial, el entonces primer ministro Churchill supervisó la remoción del gobernante pro alemán de Persia, Shah Reza Pahlavi, y el predominio de su hijo de 21 años, Mohamed Reza Pahlavi.

Aunque tendía a ensalzar sus (míticos) vínculos con los imperios persas del pasado, Mohamed Reza Pahlavi fue un instrumento al servicio de los británicos. Sus súbditos, sin embargo, se mostraron cada vez menos dispuestos a tolerar el servilismo ante los déspotas imperiales de Londres. En 1951, el democráticamente elegido primer ministro Mohamed Mossadeq obtuvo el apoyo parlamentario para la nacionalización de la APOC, rebautizada para entonces como Compañía Petrolera Anglo-Iraní (AIOC). La acción fue extremadamente popular en Irán, pero en Londres provocó el pánico. En 1953, para salvar su gran presea, los dirigentes británicos conspiraron infamemente con el gobierno del presidente Dwight Eisenhower y la CIA para organizar un golpe de Estado que depuso a Mossadeq y trajo al Shah Pahlavi de vuelta de su exilio en Roma, una historia relatada recientemente con mucho estilo por Stephen Kinzer en All the Shah’s Men.

Hasta que fue derrocado en 1979, el Shah ejerció un control implacable y dictatorial sobre la sociedad iraní, gracias en parte a la generosa ayuda militar y policial de EE.UU. Primero aplastó a la izquierda secular, aliada de Mossadeq, y luego a la oposición religiosa, encabezada desde el exilio por Ayatolá Ruhollah Jomeini. Frente a su brutal contacto con el equipamiento policial y carcelario suministrado por EE.UU., los oponentes del shahllegaron a detestar en la misma medida a su monarquía y a Washington. En 1979, por cierto, el pueblo iraní salió a las calles, el shah fue derrocado y Ayatolá Jomeini llegó al poder.

Se puede aprender mucho de esos eventos que llevaron al actual impasse en las relaciones entre EE.UU. e Irán. El punto crucial que hay que comprender, sin embargo, es que la producción de petróleo iraní nunca se recuperó de la revolución de 1979-1980.

Entre 1973 y 1979, Irán había logrado una producción de casi seis millones de barriles de petróleo por día, una de las mayores del mundo. Después de la revolución, AIOC (rebautizada como British Petroleum, o después simplemente BP) fue nacionalizada por segunda vez, y los gerentes iraníes volvieron a hacerse cargo de las operaciones de la compañía. Para castigar a los nuevos dirigentes de Irán, Washington impuso duras sanciones comerciales, obstaculizando los esfuerzos de la compañía petrolera estatal de obtener tecnología y ayuda extranjera. La producción iraní cayó a dos millones de barriles por día e incluso dos décadas después, ha vuelto a sólo poco más de cuatro millones de barriles por día, a pesar de que el país posee las segundas de reservas por su tamaño de petróleo después de Arabia Saudí.

Los sueños del invasor

Iraq siguió una trayectoria inquietantemente similar. Bajo Sadam Hussein, la Compañía de Petróleo de Iraq (IPC), estatal, produjo hasta 2,8 millones de barriles al día hasta 1991, cuando la Primera Guerra del Golfo con EE.UU. y las sanciones resultantes hicieron caer la producción a medio millón de barriles al día. Aunque en 2001 la producción había vuelto a subir a casi 2,5 millones de barriles al día, nunca volvió a llegar a los niveles anteriores. Mientras el Pentágono se preparaba para la invasión de Iraq a fines de 2002, los círculos informados del gobierno de Bush y los expatriados iraquíes bien conectados hablaban como en sueños de una futura era dorada en la cual las compañías petroleras extranjeras volverían a ser invitadas al país, la compañía petrolera nacional sería privatizada, y la producción llegaría a niveles nunca vistos anteriormente.

¿Quién puede olvidar el esfuerzo que el gobierno de Bush y sus funcionarios en Bagdad invirtieron en la realización de su sueño? Después de todo, los primeros soldados estadounidenses en llegar a la capital protegieron el edificio del Ministro del Petróleo, incluso mientras soltaban a saqueadores iraquíes en el resto de la ciudad. L. Paul Bremer III, el procónsul elegido posteriormente por el presidente Bush para supervisar el establecimiento de un nuevo Iraq, llevó a un equipo de ejecutivos petroleros estadounidenses para supervisar la privatización de la industria petrolera del país, mientras el Departamento de Energía de EE.UU. predecía con confianza en mayo de 2003 que la producción iraquí aumentaría a 3,4 millones de barriles por día en 2005, 4,1 millones de barriles en 2010, y 5,6 millones en 2020.

Nada de esto sucedió, claro está. Para muchos iraquíes de a pie, la decisión de EE.UU. de dirigirse de inmediato al edificio del Ministerio del Petróleo fue un momento decisivo, un instante que transformó en cólera y hostilidad el posible apoyo para el derrocamiento de un tirano. El impulso de Bremer por privatizar la compañía petrolera estatal produjo, de la misma manera, una encarnizada reacción nacionalista entre los ingenieros iraquíes del petróleo, quienes esencialmente torpedearon el plan. En seguida, estalló la insurgencia suní hecha y derecha. La producción de petróleo bajó rápidamente, llegando a un promedio de tan sólo 2 millones de barriles por día entre 2003 y 2009. En 2009, finalmente volvió a la marca de 2,5 millones de barriles, lejos de esos soñados 4,1 millones.

Es fácil llegar a una conclusión: los esfuerzos de extraños por controlar el orden político en Medio Oriente para obtener una mayor producción de petróleo generarán inevitablemente presiones contrapuestas que resultarán en una disminución de la producción. EE.UU. y otras potencias que observan los levantamientos, rebeliones, y protestas que estallan en Medio Oriente deberían ciertamente tener cuidado: sean cuales sean sus deseos políticos o religiosos, las poblaciones locales siempre llegan a albergar una hostilidad feroz y apasionada a la dominación extranjera y, a la hora de la verdad, elegirán la independencia y la posibilidad de libertad antes que el aumento de la producción de petróleo.

Puede que las experiencias de Irán e Iraq no sean comparables en el sentido usual con las de Argelia, Bahréin, Egipto, Iraq, Jordania, Libia, Omán, Marruecos, Arabia Saudí, Sudán, Túnez, y Yemen. Sin embargo, todos ellos (y otros países que probablemente se sumarán al tumulto) exhiben algunos elementos del mismo molde político autoritario y todos están conectados con el viejo orden petrolero. Argelia, Egipto, Iraq, Libia, Omán, y Sudán son productores de petróleo. Egipto y Jordania protegen oleoductos vitales y, en el caso de Egipto, un canal esencial para el transporte de petróleo; Bahréin y Yemen, así como Omán, ocupan puntos estratégicos a lo largo de las principales vías marítimas del petróleo. Todos han recibido una ayuda militar estadounidense sustancial y/o albergado importantes bases militares de EE.UU. Y, en todos estos países, el grito es el mismo: «El pueblo quiere la caída del régimen».

Dos de esos regímenes ya han caído, tres se tambalean, y otros están en peligro. El impacto sobre los precios globales del petróleo ha sido rápido y despiadado: el 24 de febrero, el precio de entrega de crudo North Brent, un parámetro de la industria, casi llegó a 115 dólares el barril, el mayor desde la catástrofe económica global de octubre de 2008. El West Texas Intermediate, otra constante del crudo, cruzó amenazadoramente el umbral de los 100 dólares.

Por qué los saudíes son esenciales

Hasta ahora, el productor más importante de Medio Oriente, Arabia Saudí, no ha mostrado señales obvias de vulnerabilidad, o los precios se hubieran disparado aún más. Sin embargo, la casa real del vecino Bahréin ya está en apuros; decenas de miles de manifestantes (más de un 20% de su población de medio millón) han salido repetidamente a las calles, a pesar de la amenaza de que se abriera fuego con munición de guerra, en un movimiento por la abolición del gobierno autocrático del rey Hamad ibn Isa al-Khalifa, y su reemplazo por un régimen genuinamente democrático.

Esos eventos son especialmente preocupantes para la dirigencia saudí, ya que el ímpetu por el cambio en Bahréin es dirigido por la maltratada población chií del país contra la elite suní gobernante, atrincherada en el poder. Arabia Saudí también contiene una gran población chií, aunque no mayoritaria como en Bahréin, que también ha sufrido discriminación por parte de los gobernantes suníes. Hay ansiedad en Riad ante la posibilidad de que la explosión en Bahréin pueda extenderse a la Provincia Oriental, rica en petróleo y la única área del reino en la cual los chiíes son mayoría, desafiando así al régimen. En parte para prevenir cualquier rebelión juvenil, el rey Abdullah, de 87 años, acaba de prometer 10.000 millones de dólares en subvenciones, como parte de un paquete de cambios de 36.000 millones, en ayudas al matrimonio de los jóvenes ciudadanos saudíes, para que obtengan casas y apartamentos.

Incluso si la rebelión no llega a Arabia Saudí, el viejo orden del petróleo de Medio Oriente no puede ser reconstruido. Es seguro que el resultado será una disminución a largo plazo en la disponibilidad futura de petróleo exportable.

Tres cuartos de los 1,7 millones de barriles de petróleo que Libia produce a diario desaparecieron rápidamente del mercado al propagarse la agitación en ese país. Gran parte puede permanecer desconectado y fuera del mercado hasta un futuro indefinido. Se espera que Egipto y Túnez restauren pronto la producción, modesta en ambos países, a niveles anteriores a la rebelión, pero es poco probable que adopten el modelo de grandes sociedades conjuntas con firmas extranjeras que podrían aumentar la producción mientras diluyen el control local. Iraq, cuya principal refinería de petróleo fue muy dañada por los insurgentes sólo la semana pasada, e Irán, no dan señales de ser capaces de aumentar significativamente la producción en los años por venir.

El protagonista crítico es Arabia Saudí, que acaba de aumentar la producción para compensar las pérdidas libias en el mercado global. Pero no hay que esperar que ese modelo se mantenga eternamente. Suponiendo que la familia real sobreviva la actual vuelta de levantamientos, indudablemente tendrá que desviar una mayor parte de su producción diaria de petróleo para satisfacer los crecientes niveles de consumo interno y alimentar a las industrias petroquímicas locales, que pueden suministrar puestos de trabajo mejor remunerados a una población intranquila y en rápido crecimiento.

Entre 2005 y 2009, los saudíes usaron cerca de 2,3 millones de barriles al día, dejando cerca de 8,3 millones de barriles para la exportación. Sólo si Arabia Saudí sigue suministrando por lo menos tanto petróleo a los mercados mundiales, el mundo podrá llegar a satisfacer las necesidades mínimas de petróleo previstas. No es probable que así sea. Los miembros de la familia real saudí se han mostrado renuentes a aumentar la producción sobre los 10 millones de barriles al día, por temor a dañar sus yacimientos restantes y a causar baja en los futuros ingresos de sus numerosos descendientes. Al mismo tiempo, se espera que el aumento en la demanda interior consuma una parte cada vez mayor de la producción neta de Arabia Saudí. En abril de 2010, el director ejecutivo de Saudi Aramco, de propiedad estatal, Khalid al-Falih, predijo que el consumo interno podría llegar al asombroso nivel de 8,3 millones de barriles diarios en 2028, dejando sólo unos pocos millones de barriles disponibles para la exportación, con lo que se asegura que, si el mundo no puede cambiar a otras fuentes de energía, habrá una escasez extrema de petróleo.

En otras palabras, si se traza una trayectoria razonable de los actuales eventos en Medio Oriente, ya se ve lo que se avecina. Ya que ninguna otra área es capaz de reemplazar al Medio Oriente como el principal exportador de petróleo del mundo, la economía petrolera se debilitará y con ella, la economía global en su conjunto.

Hay que considerar el reciente aumento en el precio del petróleo como sólo un débil y temprano temblor que anuncia el terremoto petrolero que tendrá lugar. El petróleo no desaparecerá de los mercados mundiales, pero en las próximas décadas no volverá a llegar a los volúmenes necesarios para satisfacer la demanda mundial proyectada, lo que significa que, más temprano que tarde, la escasez se convertirá en la condición dominante en el mercado. Sólo el rápido desarrollo de fuentes alternativas de energía y una dramática reducción del consumo de petróleo salvarán al mundo de las peores repercusiones económicas.


Michael T. Klare es profesor de estudios de Paz y Seguridad Mundial en el Hampshire College. Su último libro es Rising Powers, Shrinking Planet: The New Geopolitics of Energy (Metropolitan Books).

Copyright 2011 Michael T. Klare

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

Fuente: http://www.tomdispatch.com/blog/175362/

lunes, 7 de marzo de 2011

Comentarios del sociólogo James Petras
“En Libia, Estados Unidos está canalizando clandestinamente apoyo a los sectores más conservadores"


CX36 Radio Centenario...07/03/2011

Chury: Ya tenemos la conexión con Petras directamente desde Estados Unidos. James Petras buen día, ¿cómo te va?, bienvenido

Petras:
Buenos días.

Chury: Yo decía hoy que seguimos teniendo como tema al menos en el campo noticioso, Libia, norte de África, y lo que está pasando. Todo análisis que se pueda hacer sobre eso es necesario porque la gente está analizando realidades, muchas de ellas que comenzaron hace 30, 40 años y simplemente las noticias no alcanzan. Creo que se hace necesario el análisis que es tu fuerte, junto con la noticia así que lo que tengas para decirnos sobre eso lo escuchamos.

Petras: Como primer tema empecemos con Libia. El señor Kadafi tiene una carrera larga como gobernante que empezó con un gobierno muy progresista, anti imperialista, incluso dando mucho apoyo material a las organizaciones en lucha en América Latina contra los dictadores. Era un gobierno antidictatorial, anti imperialista, con compromisos muy fuertes apoyando a los grupos de Chile, Argentina y de otros países, no simplemente con palabras sino con apoyo material. Al mismo tiempo combinaba eso con algún apoyo en África cuestionables a movimientos islámicos no exactamente progresistas. Y con su política interna, doméstica, empezó a financiar la educación incluso para mujeres y otras medidas progresistas en relación con el bienestar social. Pero , a partir de los 90, empieza a tener algunas medidas menos progresistas. Incluso alguna corrupción empezó a extenderse en el régimen de Kadafi. Y en los primeros años del nuevo milenio, especialmente bajo la dirección de uno de sus hijos, empezó a firmar contratos con las grandes petroleras, privatizaciones.Y también llegaron a acuerdos con los países imperialistas en varios sitios, incluso con el gobierno de los EEUU y Berlusconi, para explotar recursos y tambien colaborar en la mal llamada “guerra anti-terrorista”.

A partir de la liberalización de los últimos quince años, empezó el deterioro del régimen y también la corrupción y la política exterior más conciliadora. Por eso debemos calificar a Kadafi como un líder que debe retirarse hace años, para permitir una democratización de sus programas de bienestar social. Contra Kadafi uno puede criticar la represión incluso las masacres y debemos hacerlo.Pero es hipócrita la prensa mundial y los gobernantes de Estados Unidos,Israel y Europa de condenar a Kadafi por la represion, cuando ellos están cometiendo masacres peores por más de diez años en Afganistán y Palestina. Hoy día en Afganistán anunciaron que la OTAN mató más de 60 niños y niñas y personas civiles solamente en una semana. Y si multiplicas eso por 52 semanas del año y sobre diez años, tenemos cifras cien veces más que lo que ha cometido Kadafi.. Y si combinamos las masacres occidentales en Irak podríamos ver las dimensiones y los países occidentales ahora como grandes hipócritas están criticando lo que está pasando en Libia.

Nosotros sí debemos criticar la represion en Libia, pero ponerlo en la perspectiva de que son mini masacres, frente a Hillary Clinton,Netanyahu, Obama, Sarkozy y todos los otros líderes occidentales. Y los medios de comunicación, el New York Times, el Financial Times, el BBC que hablan del terrible Kadafi, deben reflexionar sobre sus propios patrones de los gobiernos donde sirven como camuflaje de los asesinatos. Ese es el primer comentario que debemos hacer. El segundo es sobre lo que está pasando ahora en Túnez y en Egipto. Tenemos la renuncia del primer ministro Ghannouchi de la auto titulada transición en Túnez, que muestra que el pueblo rápidamente ha tomado cuenta de que simplemente tumbar al dictador Alí no era suficiente, que no han cambiado ni el Estado ni la política económica, ni han democratizado el país .Ahora hay la segunda ira donde el pueblo no simplemente tumbó a un líder sino que quiere cambiar el sistema existente, neoliberal y represivo.Reconocen que los militares no son un substituto del dictador .Hay un proceso de revolución dentro del levantamiento inicial. Lo mismo en Egipto. Mientras en Túnez las masas populares consiguen la renuncia de Ghannouchi, en Egipto la represión es la primera respuesta del gobierno militar. Los golpistas que tomaron el poder después de Mubarak ahora están reprimiendo los manifestantes que exigen verdaderos cambios. Otra vez los medios tratan de engañar a sus lectores hablando de una “revolución” en Túnez y Egipto. No era una revolución, es un levantamiento .Y ese levantamiento sigue porque no hay un verdadero proceso democrático y es un factor muy importante.

Frente a estas cosas que hemos comentado, los Estados Unidos ahora están canalizando 150 millones de dolares a Egipto supuestamente para facilitar la transición. Pero es una forma de fortalecer el status quo y evitar las transformaciones que exigen los millones que todavía están en las calles. En Libia también Estados Unidos está canalizando clandestinamente apoyo a los sectores más conservadores, más pro occidentales que están metidos en estas marchas y ocupaciones. Lo que hay que identificar en la politica de los EEUU eso son los sionistas .Hoy día más de 40 declararon que los Estados Unidos deben intervenir, mandar tropas y tomar el país. Los mismos sionistas neo conservadores que nos metieron en las guerras en Afganistán e Irak durante la época de Bush, son los mismos que ahora están exigiendo más tropas contra otro país árabe. Son Elliot Abrams,Kaplan, Liberman y otras figuras destacadas que influyen este gobierno de Obama. Son la punta de lanza de la política más militarista, imperialista, todo en favor de Israel que busca aplastar cualquier movimiento y cualquier gobernante que sea crítico a Israel. Debemos decir que el proceso de levantamientos tiene muchos matices que debemos analizar .Mientras el principal eje de la política de masas es progresista ya vemos que hay sectores pro- imperialistas que quieren meter las fuerzas armadas de OTAN y distorsionar el resultado. Eso es un punto que debemos observar en el próximo períodos.

Más allá de eso hay varias cosas que debemos anotar sobre el proceso de transformación en los levantamientos. El contenido social: la gran masa actuando en estos levantamientos, son jóvenes que no tienen trabajo o tienen trabajo en el sector informal, que están trabajando como pequeños vendedores en las calles.Se encuentran siempre en la calle. Por esta razón estos desocupados, sub ocupados, auto empleados, cuentapropistas pobres, que el eje de su actividad está en la calle porque es donde trabajan, donde se agrupan en las plazas, en las esquinas, en los cafés, en cualquier lugar.No están imbricados, ubicados en el sistema productivo. Por eso la gran fuerza está en la calle, porque están ubicados en la calle por su trabajo o por su falta de trabajo. Es como en Argentina cuando la gran mayoría de los piqueteros eran desocupados y la forma de acción es a partir de movilizarse en las calles y cortar caminos y llenar los centros con una masa para paralizar el sistema y enfrentar a la autoridad política directamente. En los levantamientos en los países árabes, por la naturaleza de economías de exportación de materias primas, no se genera un sector obrero industrial .Entonces la lucha es entre la masa empobrecida y el gobierno, es directamente política.En general no es directamente una lucha entre obreros y capitalistas. Eso existe, pero es secundario. Aquí tenemos otra cosa como en Argentina en el 2002: un enfrentamiento entre la calle y los trabajadores de la calle, con el Estado. Una lucha frontal para actuar como fuerza motor de una transformación.

Este tipo de levantamientos, de lucha, entre la calle y el gobierno, tiene enorme fuerza para tumbar gobiernos y sirve como una presión sobre cualquier figura política, pero es difícil que esta masa heterogénea defina un proyecto alternativo. Tiene algunos slóganes: terminar la dictadura, trabajo, libertad, pero no tiene una definición política como alternativa de gobierno. Depende de su fuerza de presión sobre lo que existe en el gobierno. Por esa razón debemos enfatizar que el resultado de los levantamientos es indeterminado.No sabemos quién va a insertarse en la situación política para encabezar alguna alternativa. Es indeterminado. Podría ser un organizacion islámico, podría ser un partido político del sector conservador, puede ser un movimiento socialista o nacionalista. Pero es indeterminado porque las fuerzas mismas son tan heterogéneas.

Chury: Petras, para terminar te digo que parece que algunos ex guerrilleros importantes tienen el destino de terminar siendo amigos del imperio. Digo esto porque Dilma Rousseff en declaraciones que ha hecho últimamente y en los hechos concretos, parece que en su política el aspecto principal es un acercamiento mayor entre Brasil y los Estados Unidos.

Petras: Eso de darse vuelta es algo que hemos visto en otros países como en Venezuela y El Salvador. Algunos guerrilleros de los años 60 ahora está siendo parte de la contra revolución y reciben dinero de la CÍA. Hemos visto a la ex guerrillera Rousseff en Brasil que ahora maneja la política económica para el gran capital. Lo que uno era no define donde está ahora. Hay muchas circunstancias que intervienen entre el período guerrillero y las prácticas actuales.Entre esos factores está el hecho de que la represión en algún sentido domestica a los guerrilleros que sufren y después dicen no quiero sufrir más, nos hemos sacrificado, ahora debemos disfrutar la vida. Otro factor que debemos entender, es que algunos guerrilleros en sus prácticas políticas eran bastante autoritarios dictando órdenes a los subordinados .Y están acostumbrados a mandar .Y siempre tienen esta tentación cuando salen de la lucha guerrillera, de asumir posiciones de mandatarios y estas prácticas centralistas que utilizaban mientras estaban en la lucha guerrillera es muy adaptable a la política de ser un líder burgués que manda desde el Palacio.

Chury:
Bien Petras, te agradezco todos estos análisis y la promesa de encontrarnos el próximo lunes como siempre

Petras: Muy bien Chury. Te doy un abrazo.

www.radio36.com.uy

domingo, 6 de marzo de 2011

Mentiras y razones para atacar a Libia


Rebelión...06/03/2011

Cuando los imperialistas quieren desatar una guerra, invasión militar, operaciones de bombardeo, bloqueo o cualquier otra forma de agresión contra determinado país, suelen inventar primero alguna gran mentira que luego difunden sus poderosos medios masivos de comunicación, a fin de “justificar” la agresión ante la opinión pública internacional y de sus propios países y ganar a su favor el consenso o apoyo de otros Estados. Así, por ejemplo, en el caso de la invasión a Afganistán la mentira fue que el Gobierno Talibán de ese entonces era responsable de los atentados terroristas del 11 de setiembre del 2001; en el caso de la invasión a Irak la gran mentira fue que el régimen de Saddam Hussein tenía un arsenal de armas de destrucción masiva y que tenía vínculos con Al Qaeda (siendo, en realidad, enemigo de ésta).

Ahora, para “justificar” la agresión militar que están preparando contra Libia, los imperialistas – yanquis principalmente – han difundido una serie de noticias falsas efectistas, siendo, indudablemente, la más efectista de todas, que la aviación militar del régimen de Gadafi bombardeó a la población civil de su propio país, en las ciudades de Bengasi y Trípoli, con un saldo de centenares o quizás miles de muertos. Poderosos medios de comunicación de Estados Unidos y de todo el mundo se encargaron de difundir esta “noticia”, a pesar de que ninguno de ellos tenía en ese momento ningún reportero en territorio libio. Sin embargo, fue en base a estas y otras falsedades que el Gobierno norteamericano, los de la Unión Europea y gobiernos serviles como el del Perú condenaron al régimen de Gadafi o rompieron sus relaciones diplomáticas con éste. (En el caso de la diplomacia peruana, es paradójico que la ruptura la haya dispuesto el Gobierno de Alan García, quien tiene en su “haber” la masacre de Bagua a nativos de la selva, el 2009, o la liquidación de al menos 118 internos en el penal El Frontón, en 1986, por citar sólo dos de sus acciones criminales).

Lo que resulta extraño es que el primer medio que habría difundido la noticia del supuesto bombardeo por parte de la aviación de Gadafi a la población civil haya sido el canal árabe qatarí Al Jazeera, que tan excelente y valiente papel jugó en la difusión de los acontecimientos de la Revolución Egipcia (véase el artículo de Maurizzio Mateuzzi publicado por Il Manifesto). Entonces, cabe preguntarse: ¿habrá sido el Pentágono, la CIA, el Mossad israelí u otra tenebrosa agencia de inteligencia occidental la que filtró la información falsa a Al Jazeera para que pareciera más verosímil, dado que lo haría un canal no occidental y el de mayor credibilidad en el mundo árabe?, ¿o es que Al Jazeera tiene vínculos con Al Qaeda e inventó, quizás, esta y otras falsas noticias para aislar internacionalmente a Gadafi, enemigo de Al Qaeda, y facilitar su derrocamiento por el movimiento rebelde? Parece más probable la primera hipótesis, si se tienen en cuenta el énfasis puesto y los grandes esfuerzos diplomáticos del Gobierno de Estados Unidos y sus aliados para que los demás países se sumaran a la condena y al aislamiento del régimen de Gadafi.

Los supuestos bombardeos contra la población civil han sido también el argumento principal para la expulsión de Libia del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, con el mal precedente que esta decisión se ha tomado sin que se haya recogido ni una sola prueba al respecto, cuando lo justo hubiera sido que la decisión se tome después que una comisión internacional recoja y presente las pruebas correspondientes, si es que las hay. La premura en acusar y expulsar sin pruebas al régimen libio es lo que necesitaban y necesitan el imperialismo yanqui y europeo para argumentar que tienen “legitimidad” y supuesto apoyo internacional para dar el siguiente paso: una intervención militar contra Libia, que ahora podría disfrazarse de “misión militar humanitaria”, o el establecimiento de una zona de exclusión aérea previo bombardeo a las instalaciones militares del país árabe, u otra forma de agresión que están discutiendo los mandos militares del Pentágono y la OTAN.

La verdad ya se va abriendo paso. Este viernes 4 de marzo el reportero de TeleSUR en el Este de Libia, Reed Lindsay, mostró imágenes y testimonios de pobladores de la ciudad de Bengasi, quienes contaron cómo se produjeron los 220 muertos y 500 heridos graves (cifras que obtuvo de los hospitales) en la Batalla de Bengasi, en el asalto rebelde al cuartel militar El Qatiba. “Por tres días los manifestantes tiraron piedras, cocteles molotov y bombas caseras hechas con latas llenas de pólvora; los soldados de Gadafi respondieron con fuego real de ametralladoras y armas antiaéreas”, explicó Reed Lindsay. “La gente en primera línea se suicidaron; que descansen en paz; se sacrificaron para tomar El Qatiba; eran personas ordinarias, civiles”, manifestó un testigo ante las cámaras de TeleSUR. Lindsay refirió que un mártir es honrado más que todos: Mohammed Al-Mehedi Zew, quien era administrador en la empresa petrolera del Estado. Una sobrina de Al-Mehedi explicó cómo su tío se inmoló en un ataque suicida al cuartel Qatiba: “Con su carro hizo dos bombas enormes cargadas con dinamita y bombas de gas de cocina; estacionó su carro y leyó el Corán; después chocó su carro con El Qatiba y al hacerlo destrozó el portón del Qatiba”. TeleSUR difundió un video captado por un teléfono celular, en el que se aprecia el momento preciso del choque del carro-bomba contra el mencionado cuartel militar. “Viendo a alguien sacrificarse en un momento así, chocando su carro y haciéndolo explotar, levantó la moral de las masas y empezaron a sacrificarse; muchos murieron después de él”, dijo Mohammed Hussein Zew, primo de Al-Mehedi, quien agregó que éste era un hombre decente, que ganaba buen sueldo y que realizó este acto después de ver cómo las fuerzas de seguridad de Gadafi masacraron a los manifestantes. Más tarde, después de lo que hizo Al-Mehedi, los manifestantes invadieron el cuartel Qatiba y ganaron, así, la ciudad capital del Este de Libia, señaló Reed Lindsay.

Pero, ¿qué hay de cierto de los bombardeos de la aviación libia contra los rebeldes y la población civil de Trípoli, la capital? No existe ninguna evidencia al respecto. En esa zona se encuentra Jordán Rodríguez, otro reportero de TeleSUR, quien ha recorrido la ciudad y manifiesta no haber encontrado señales de bombardeo; por el contrario, allí han tenido lugar manifestaciones cotidianas de apoyo a Gadafi, principalmente en la Plaza Verde (aunque el viernes 4 se produjeron choques entre partidarios gubernamentales y opositores). Por su parte, los comandantes rusos, quienes han estado monitoreando Libia a través de satélites, también han negado que la aviación haya bombardeado a la población civil. Además, teniendo en cuenta que Estados Unidos y las otras potencias de la OTAN tienen muchos satélites espías vigilando cada rincón del planeta, ¿acaso no hubieran presentado ya pruebas gráficas de tales bombardeos, si es que en verdad ocurrieron? Claro que no se puede descartar que, a medida que las fuerzas rebeldes vayan avanzando hacia Trípoli, no se le vaya a ocurrir a Gadafi bombardearlas desde el aire o por tierra y desencadenar un genocidio.

No es, pues, la defensa de la vida y los derechos humanos de la población lo que mueve a Barack Obama, Hillary Clinton, David Cameron y otros gobernantes de las potencias occidentales lo que los impulsa a tomar medidas contra el régimen de Gadafi y preparar una intervención militar contra Libia, sino la sed del petróleo, controlar el movimiento libio revolucionario - quizás propiciando el surgimiento de un nuevo Estado en el territorio más rico en petróleo -, y tratar de neutralizar los procesos revolucionarios en los dos países vecinos: Túnez y Egipto, para mantener el dominio imperialista en el Medio Oriente, que ahora se tambalea por la ola revolucionaria de los pueblos árabes. Por lo demás, estos gobernantes tienen las manos manchadas de sangre con los bombardeos de sus aviones tripulados y no tripulados y los crímenes que sus tropas cometen a diario contra las poblaciones civiles de Irak, Afganistán y Pakistán, y también por ser cómplices del genocidio y masacres que comete el Gobierno sionista de Israel contra el pueblo palestino.