jueves, 24 de septiembre de 2009




¿Se repite la historia en Latinoamérica?

El Plural...24/09/2009


El Departamento de Estado de EEUU (equivalente al Ministerio de Asuntos Exteriores de España) está permitiendo estos días el acceso a la documentación escrita, archivada en aquel Departamento durante más de cincuenta años. Estos documentos y otros, procedentes de otras ramas del Gobierno y del Congreso estadounidenses, están permitiendo conocer hechos que ocurrieron en América Latina en los años sesenta, entre ellos el golpe militar que depuso al gobierno democráticamente elegido, presidido por Joao Goulart. Leyendo tales documentos sorprende la semejanza de aquel golpe que ocurrió en 1964 con el golpe que depuso este año en Honduras al Presidente Zelaya.

Los golpistas en Brasil justificaron el golpe aludiendo al deseo del Presidente Goulart de modificar la Constitución para mantenerse en el poder. Según tal argumento, el motivo del golpe era “salvar el orden constitucional en Brasil”. Joao Goulart había sido un rico agricultor (tal como había sido Zelaya), que había ido simpatizando con las demandas hechas por los trabajadores agrícolas e industriales, aumentando su salario mínimo (como también hizo Zelaya). Éstas y otras medidas establecidas a favor de las clases populares antagonizaron a la oligarquía brasileña, que acusó (sin ninguna evidencia) a Goulart de estar influenciado por Fidel Castro (en el caso de Honduras, a Zelaya se le acusó de estarlo por Chávez), planeando establecer un sistema político comunista semejante al cubano. El Presidente Goulart fue expulsado (como también lo fue Zelaya) del Palacio Presidencial y del país.

Nunca se documentó, por cierto, que el Presidente Goulart intentara cambiar la Constitución para permanecer en el poder. Lo mismo puede decirse en cuanto al Presidente Zelaya. Tal falta de evidencia no fue obstáculo para que los mayores medios de información de EEUU (desde elThe New York Times en el Este del país al Los Angeles Times en el oeste) informaran de lo ocurrido según la visión de los golpistas, explicando el golpe como un acto percibido como necesario para mantener la Constitución brasileña. El The New York Times escribió una editorial titulada“The peaceful revolution” (la revolución pacífica) en la que acusaba a Goulart de “intentar prolongar su mandato anulando la prohibición constitucional que no permitía la elección sucesiva del mismo Presidente (03.04.64)". Una situación semejante ha ocurrido con el golpe militar en Honduras, donde la prensa mayoritaria en EEUU (y en España) ha utilizado el mismo argumento para explicar el golpe militar en aquel país (ver mi artículo “La verdad silenciada de Honduras” PÚBLICO, 20.08.09). No sólo el mismo argumento, sino incluso la misma narrativa. Así, elThe New York Times escribió, a raíz del golpe militar hondureño, “que Zelaya intentó extender su mandato en contra de lo que le permitía la Constitución” (06/07/09). El gobierno federal de EEUU negó que hubiera intervenido en el golpe militar brasileño. Sin embargo, en los documentos que se han hecho públicos desde entonces, incluidos los documentos del archivo del National Security Archive (31.03.04) se muestra que la Administración Kennedy había establecido contactos con las fuerzas armadas brasileñas para preparar el golpe militar, el cual contó con el apoyo de la Administración Johnson, después del asesinato del Presidente Kennedy (Mark Cook, Extra, septiembre 09). Los mismos medios estadounidenses que habían acusado a Goulart de ser un izquierdoso que quería imponer en Brasil un régimen comunista como el cubano, acusan ahora a Zelaya de haber conspirado para establecer un régimen con tendencias supuestamente dictatoriales tal como definen al gobierno venezolano presidido por Hugo Chávez. Y, como no, el mundo empresarial estadounidense, en un claro signo de solidaridad de clase, ha apoyado al mundo empresarial hondureño, de la misma manera que antes había apoyado al mundo empresarial brasileño. Aplaudieron la eliminación, por parte de la Junta militar, de los subsidios públicos sobre los alimentos que el gobierno Goulart había establecido para facilitar la distribución de tales bienes de consumo a la población, y aplaudieron también la enorme represión llevada a cabo por la Junta militar en contra de los trabajadores brasileños y sus sindicatos Hasta aquí las semejanzas. Pero es importante señalar también las diferencias. El rechazo al golpe militar brasileño no fue generalizado en la comunidad internacional. Cuarenta y cinco años más tarde, el rechazo al golpe militar hondureño ha sido universal. Incluso EEUU lo ha condenado y, aunque se puede criticar (con razón) que la Administración Obama no está haciendo lo suficiente para reinstaurar a Zelaya como el Presidente democráticamente elegido, no existe evidencia de que tal Administración ayudara a que se diera el golpe aún cuando no puede eliminarse la ,más que probable, posibilidad de que la Administración Bush estuviera preparándolo. La respuesta ahora de la comunidad internacional ha sido distinta a la de entonces. Y las fuerzas políticas críticas del gobierno federal de EEUU dentro del país tienen más poder ahora que entonces, época dura de la Guerra Fría. Incluso el hermano del Presidente Kennedy, el recientemente fallecido senador Edgard Kennedy (ver mi artículo “Cómo conocí al senador Kennedy”. El Plural. 04.09.09), condenó sin ninguna ambigüedad el golpe de Honduras, oponiéndose también al embargo en contra de Cuba.

Pero, aunque es importante constatar estas diferencias, el hecho más preocupante es que el golpe militar hondureño puede tener el mismo efecto que el que tuvo el brasileño. No hay que olvidar que el golpe militar brasileño inició una serie de golpes militares en el cono sur de América Latina, todos ellos apoyados por el gobierno federal de EEUU, destinados a impedir las reformas en el continente con las mayores desigualdades del mundo. Más tarde se estableció la operación Condor que asesinó a los dirigentes de las fuerzas reformistas de aquel continente, incluyendo al presidente Goulart (en 1976). No hay que desestimar la posibilidad que el golpe militar hondureño inspire a otras oligarquías en América Latina, con el fin de parar las reformas que están ocurriendo en la mayoría de países de América Latina. De ahí la urgencia de mostrar a tales oligarquías que este tipo de golpes no pueden tolerarse en el siglo XXI.




Nueva ofensiva de Estados Unidos sobre los pueblos de América
Yankees go home!

Rebelión...24/09/2009


Aunque parece ya lejano porque ocurrió en marzo de 2008, el presunto ataque colombiano a Ecuador en la provincia de Sucumbíos marcó el inicio de un nuevo ciclo dentro de la estrategia estadounidense de control de su espacio vital: el continente americano. No se trató de un hecho aislado, sino de una primera piedra de un camino que continúa abriéndose paso.

En aquel momento se desplegaban iniciativas de creación de plataformas regionales de ataque bajo el velo de la guerra preventiva contra el terrorismo. Pero si en Palestina y el Medio Oriente había ya costumbre de recibir las ofensivas del Pentágono desde Israel, y aderezadas con sus propósitos particulares, en América no había ocurrido un ataque unilateral de un Estado a otro “en defensa de su seguridad nacional”.

El ataque perfiló las primeras líneas de una política de Estado que no se modificó con el cambio de gobierno (de Bush a Obama) sino que se adecuó a los tiempos de la política continental que, en esa ocasión, dio lugar a un airoso reclamo de Ecuador, secundado por la mayoría de los presidentes de la región en la reunión de Santo Domingo.

Prudentemente se detuvo esta escalada militar para bajar las tensiones y dar paso al cambio de gobierno en Estados Unidos, pero la necesidad de detener el crecimiento del ALBA y la búsqueda de caminos seguros para intervenir en la región, sobre todo frente a Venezuela, Ecuador y Bolivia, llevó nuevamente a Estados Unidos a involucrarse en proyectos desestabilizadores o directamente militaristas.

Nuevas formas de viejos propósitos. La doctrina formulada por Monroe y reiterada por Kennedy con la Alianza para el Progreso (Alpro), tiene expresiones contemporáneas en el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), la Integración de la Infraestructura Regional de Sudamérica (IIRSA) y el Proyecto Mesoamericano (antes Plan Puebla Panamá), pero también en la creación de una retícula militar que envuelve la región en su conjunto.

La revolución cubana en 1959 generó una cuña de subversión social que puso en entredicho el dominio estadounidense en el continente. La victoria cubana en Playa Girón en 1961, la supervivencia del proceso cubano después de la “crisis de los misiles”, y su permanencia en medio del acoso y las dificultades se constituyeron en un dique simbólico que desde entonces aparece como bastión de esperanza y dignidad, y como posibilidad real frente a la dominación.

Por esta misma razón, Cuba ha sido cuidadosamente separada del resto del continente mediante políticas de “extensión de la democracia” y combate a las tiranías (Alpro) promovidas financieramente a través de la USAID, mediante su expulsión de la Organización de Estados Americanos y mediante la manipulación de los imaginarios hasta convertirla en caso único e irrepetible, con tal éxito que en muchos sentidos el proceso cubano no es incorporado a los análisis sino como experiencia aislada que es a la vez añorada y rechazada por las izquierdas del continente.

Después de Cuba y de las experiencias insurgentes en casi todos los países de América Latina, los procesos democráticos fueron violentamente interrumpidos por dictaduras militares financiadas por la USAID, tan activa nuevamente en nuestros días, y preparadas por la Escuela de las Américas. Se abrió una larga noche para el continente y América volvió a ser, en cierta medida, “para los americanos”.

Las dictaduras se transformaron en neoliberalismo, las riquezas de nuestros países dejaron de ser “patrimonio estratégico de la nación” para convertirse en atractivos de inversión. La ilusión hegemónica de una América unida defendiendo los intereses americanos se encaminó en los tratados de libre comercio.

Los levantamientos contra el neoliberalismo, los tratados regionales, el ALCA y, recientemente, contra los dos megaproyectos de reordenamiento territorial y creación de la infraestructura de la integración energética y el saqueo (Plan Puebla Panamá, crecido hasta el Putumayo incorporando a Colombia, y hoy transformado en Proyecto Mesoamericano, e Integración de la Infraestructura Regional de Sudamérica), obligaron a la inteligencia hegemónica a recolocarse estratégicamente en el continente.

La insuficiencia del mercado como disciplinador general es acompañada por la presencia creciente de las políticas y fuerzas militares en todo el continente. El ethos militar se impone como eje ordenador de la totalidad.

Como una vuelta de tuerca más, las movilizaciones antineoliberales dan lugar a cambios institucionales y experiencias de gobierno contrahegemónicas en Venezuela, Bolivia y Ecuador, y con esto se pone en riesgo, o por lo menos en dificultades, el dominio estadounidense. Con estas nuevas experiencias –que se agregan a la cubana y la reubican geopolíticamente-, no sólo se cuestionan las reglas del juego establecidas sino que grandes extensiones territoriales e inmensas fuentes de recursos empiezan a salir del control hegemónico.

La amenaza de esta confluencia y de su potencial ampliación, los triunfos democráticos, la constitución del ALBA, Petrocaribe y las señales de distanciamiento de las políticas de Washington –encaminadas en múltiples ocasiones por los organismos internacionales-, es asumida como un peligro mayor por los guardianes de la seguridad de Estados Unidos que, independientemente de quien ocupe la presidencia, mantiene una política de estado para defender como hinterland el continente americano y enfrentar desde esta plataforma el juego de competencias con el resto del mundo.

El golpe de Estado en Honduras -uno de los eslabones más frágiles del ALBA-, conducido por un militar hondureño formado en la Escuela de las Américas, tramado en vinculación con la base de Palmerola, consultado con el personal de la Embajada estadounidense y asumido por la oligarquía hondureña -que si existe es por el auspicio de los intereses de EEUU que requieren parapetarse en socios locales-, es el primer operativo de relanzamiento de la escalada iniciada en Sucumbíos.

Como parte de una ofensiva con múltiples variantes, que combina el juego de fuerzas constituidas internamente con intervenciones desde el exterior, que se presenta lo mismo con faceta militar que diplomática, económica o mediática, el golpe en Honduras abre un sendero diferente que pone en riesgo cualquier tipo de procedimiento democrático y deja sentado un precedente perverso. Cómo leer si no la deslegitimación de un gobernante constitucional y legítimo, derrocado por un golpe espurio que violenta la Constitución y las formas democráticas, y que, no obstante, mediante un extraño subterfugio termina siendo acusado de ser él el violador de la Constitución y, por ese mecanismo, es equiparado con el gobierno de los golpistas. Tan defensor como violador de la Constitución es uno como el otro en el esquema de diálogo que se impuso después del golpe y que, de no ser por la movilización popular exigiendo el restablecimiento de la constitucionalidad y rechazando tanto el golpe de Estado como la militarización, ya sería un dato más en la historia.

Honduras no es cualquier país. No solamente es integrante del ALBA y Petrocaribe sino que el gobierno de Zelaya empezaba a hablar de reforma agraria en las tierras que históricamente han sido parte del reino de la United Fruit Company, responsable de muchas masacres. Honduras fue el espacio desde donde se organizó la contrainsurgencia en los años de las luchas revolucionarias centroamericanas y es todavía el espacio de emplazamiento de la base militar estadounidense de Soto Cano o Palmerola, una de las mayores en la región latinoamericana que ha funcionado como cuartel general del Comando Sur desde su creación.

El depuesto gobierno de Zelaya, empujado por la movilización popular que desde hace un año cuestionó la existencia de Palmerola en el II Encuentro contra la Militarización, empezaba a hablar de la recuperación de las instalaciones de esa base. Esto, en un momento de ascenso de la presencia militar estadounidense, de ampliación, reactivación o modernización de sus posiciones en el continente, aceleró sin duda la intervención1 que, evidentemente, responde a intereses económicos y geopolíticos mucho más trascendentes que los de la oligarquía local.

No obstante, a pesar de su gravedad, el golpe en Honduras sólo anuncia lo que se vislumbra para los gobiernos que han osado desafiar al imperio y que no cesan de ser acosados. Honduras resultó atropellado en una búsqueda por alcanzar objetivos de mucha mayor importancia geoestratégica como Venezuela, Ecuador y Bolivia, y constituye ya, independientemente de su desenlace, uno de los soportes de la estrategia en curso.

Honduras constituyó el elemento desencadenador o, mejor, la cortina de humo que dio paso a la reactivación del proyecto interrumpido después del ataque a Sucumbíos: el establecimiento de una sede regional de la llamada guerra preventiva en América, justo al lado del Canal de Panamá y en la entrada misma de la cuenca amazónica pero, lo más importante en términos estratégicos coyunturales, en las fronteras de los procesos incómodos para los grandes poderes mundiales liderados por Estados Unidos.

Mientras la nebulosa levantada por Honduras desvió la mirada, se vuelven a desatar los montajes para acusar de cómplices de las FARC, único grupo reconocido como terrorista por el Pentágono en la región, a los presidentes de Venezuela y Ecuador, pero, sobre todo, se revive un viejo acuerdo entre Colombia y Estados Unidos que otorga inmunidad a las tropas estadounidenses en suelo colombiano y permite la instalación de 7 bases militares estadounidenses que se suman a las seis ya registradas por el Pentágono y por el Congreso en su Base structure report.

El plan de disciplinamiento continental pasa por quebrar geográfica y políticamente las alianzas progresistas y los procesos emancipatorios continentales. En Honduras se trata de introducir una cuña divisoria que debilite y quiebre los potenciales procesos democráticos en Centroamérica, y simultáneamente que se articule con el corredor de contención contrainsurgente conformado por México, Colombia y Perú, al que poco a poco se van sumando otros posibles aliados (ver mapa). La “israelización” de Colombia que se erige como punto nodal, articulada a este corredor, parece estar intentando tender una cortina de separación entre Venezuela, Ecuador y Bolivia, creándoles condiciones de aislamiento relativo, en el plano geográfico. Colombia como plataforma de operaciones enlazada a todo un entramado de posiciones y complicidades que rodean y aislan las experiencias contrahegemónicas y/o emancipatorias para irlas cercenando, disuadiendo o derrotando a medio plazo.2

Pero además de este corredor geopolítico, que además se entrelaza geográficamente con las zonas de mayor riqueza del continente, se puede ubicar otra línea de intervención más sutil que podría establecerse como el eje Miami-México-Bogotá3, en el cual se pretende agrupar una derecha supuestamente endógena, portadora de un pretendido modelo latinoamericano propio frente a las propuestas emancipatorias emergentes. La participación de los grupos anticastristas de Miami y de sus contrapartes en el Pentágono en el golpe de Honduras se hizo evidente tanto en las sorprendentes declaraciones anticomunistas de los protagonistas del golpe, que parecían como salidas de la prehistoria política, como en la aparición en escena de personajes como Otto Reich.

Este conjunto de hechos permite concluir que está en curso un proyecto de recolonización y disciplinamiento del continente completo. Con la anuencia y hasta entusiasmo de las oligarquías locales, con la coparticipación de los grupos de ultraderecha instalados en algunos gobiernos de la región, en América Latina se está conformando mucho más que un nuevo Israel, desde donde el radio de acción se debe medir con las distancias que los aviones de guerra y monitoreo alcanzan en un solo vuelo sin necesidad de cargar combustible; o con los tiempos de llegada a los objetivos circunstanciales, que son muy reducidos desde las posiciones colombianas; o con la capacidad de respuesta rápida ante contingencias en las principales ciudades de los alrededores: Quito, Caracas y La Paz; o con la seguridad económica que les da establecerse al lado de la franja petrolera del Orinoco, equivalente a los yacimientos de Arabia Saudí, y al lado del río Amazonas, principal caudal superficial de agua dulce del continente, al lado de los mayores yacimientos de biodiversidad del planeta, frente a Brasil y con posibilidades de aplicar la técnica del yunque y el martillo, contando con la cooperación de Perú, a cualquiera de los tres países que en Sudamérica han osado desafiar a la hegemonía.

Si bien Honduras muestra claramente los límites de la democracia dentro del capitalismo, el trasfondo de Honduras, con el proyecto de instalación de nuevas bases en Colombia y la inmunidad de las tropas estadounidenses en suelo colombiano, convertiría a ese país en su totalidad en una locación del ejército de Estados Unidos que pone en riesgo la capacidad soberana de autodeterminación de los pueblos y los países de la región. Una base militar estadounidense del tamaño de un país completo y en el corazón de la amazonia.

Todo hace pensar que las acciones desde este enclave militar en América del Sur se dirigirán a los Estados enemigos o a los Estados fallidos, que, de acuerdo con las nuevas normas impulsadas por Estados Unidos, pueden ser históricamente fallidos o devenir, casi instantáneamente, Estados fallidos “por colapso”. Cualquier contingencia puede convertir a un país en un Estado fallido súbito y, por ello, susceptible de ser intervenido. Y entre las contingencias están las relaciones de sus gobernantes con algún grupo calificado como terrorista (es ahí que se explica la insistencia por acusar a los presidentes Chávez y Correa de mantener vínculos de colaboración con las FARC), los conflictos transfronterizos o la penetración del narco.

Una vez decretado el Estado fallido, la intervención puede realizarse desde Colombia, que ya estará equipada para avanzar sobre sus vecinos.

Es de prever la búsqueda de otros emplazamientos militares en el futuro cercano (por lo pronto en Perú, que ya está estableciendo compromisos de operación amplia de tropas estadounidenses en su territorio desde 2006 y con posibilidades de uso de bases en Chiclayo y en la zona del VRAE) combinada con procesos de fortalecimiento de los aparatos de inteligencia y militares en general al interior de los países latinoamericanos. Asimismo, es de esperar que la construcción de los Estados fallidos pasará por estimular deserciones militares, inculpar o corromper altos funcionarios de gobiernos progresistas por vínculos con las actividades criminalizadas por la hegemonía o por la implantación del narcotráfico en barrios marginales de ciudades como Caracas u otras, como herramienta para desatar conflictos y desestabilizar/controlar una región cada vez más rebelde.

A sólo unos meses del ascenso presidencial de Obama, ya resulta ingenuo pensar que existe un cambio en la política estadounidense hacia la región. El esquema de dominación está claro y delineado. Estados Unidos va, como decía Martí, “con esa fuerza más sobre nuestras tierras de América”. Deberá haber una respuesta múltiple, regional, social, solidaria, en bloque. Una respuesta que se extienda desde el Río Bravo hasta la Patagonia y que reditúe a la independencia de nuestras naciones.

500 años de lucha nos han dotado a los pueblos de América Latina de suficiente experiencia para encarar las batallas presentes contra el saqueo, la colonización y las imposiciones de todo tipo. Hoy esa lucha pasa por detener y revertir la militarización y el asentamiento de las tropas de Estados Unidos en Colombia y en todos nuestros países para que los últimos 500 años en rebeldía no hayan sido en vano.

No hay consigna más sensata y oportuna en este momento que la renovada “Yankees, go home”.

miércoles, 23 de septiembre de 2009




Irán-Israel: los intereses que subyacen en el enfrentamiento
Barack Obama, ¿rehén del lobby judío?

Rebelión...23/09/2009




La negativa del Senado de Estados Unidos a liberar al espía estadounidense pro israelí Jonathan Pollard el 19 de junio de 2009, seguida un mes después, el 23 de julio, del desmantelamiento de una extensa red de corrupción cuyas ramificaciones llegan hasta Israel y ponen en entredicho a una cuarentena de cargos, entre ellos cinco rabinos sospechosos de blanqueo de dinero y tráfico de órganos, añadidos al escándalo Madoff, una quiebra fraudulenta de unos 65.000 millones de dólares, al asunto Larry Franklin, un analista de alto rango del Pentágono sospechoso de espionaje en beneficio de Israel, y, finalmente, el nacimiento de un nuevo lobby judío estadounidense de izquierda «J-Steet» (que se autodefine como «el brazo político del movimiento pro Israel y pro paz», N, de T.), conducen a pensar que el AIPAC (American Israel Public Affairs Committe), el principal lobby judío estadounidense, ha puesto sordina a su arrogancia habitual en su oposición a la política de vuelta al equilibrio del presidente Obama.

Pero la reciente promoción de un incondicional de Israel al puesto de consejero especial del presidente para la «Región central» (Afganistán, Palestina), podría volver a poner en cuestión ese hábil andamiaje diplomático en la medida en que el nuevo promocionado, Dennis Ross, uno de los dirigentes del Institute for Near East Policy (WINEP), un think-tank satélite del Aipac, está considerado un «ultrahalcón» próximo al neoconservador Paul Wolfowitz, uno de los artífices de la invasión de Iraq bajo la administración de George Bush.

Dennis Ross es, al mismo tiempo, el autor del discurso de Obama ante el AIPAC al día siguiente de su confirmación como candidato demócrata a la elección presidencial, y uno de los coautores de un informe que propone métodos duros con respecto a Irán . Su designación se podría interpretar como una señal de gratitud presidencial hacia un eficaz colaborador en la recolección de votos judíos durante la campaña electoral.

Sin embargo, la promoción de Ross a un puesto de responsabilidad en un sector en el que subyacen los puntos calientes del arco de crisis que va de Israel y Palestina a Pakistán, pasando por Afganistán, Irán, Iraq, Siria y Líbano, prolongada por la nominación de un ex reservista del ejército israelí, Rahm Emmanuel, al puesto estratégico de secretario general de la Casa Blanca, y la dimisión, bajo presiones de ese mismo lobby, de Charles W. Freeman, ex embajador estadounidense en Arabia Saudí (1989-1992), de su puesto de presidente del National Intelligence Council (Consejo Nacional de Inteligencia de EEUU [NIC]), tendería a acreditar la idea de un presidente estadounidense rehén del lobby judío. La falta de energía de Estados Unidos frente a la aceleración de la colonización israelí de Jerusalén y Cisjordania, así como el mutismo de Obama frente a la destrucción de Gaza en enero de 2009, dan una consistencia complementaria a esta hipótesis.

Salvo que se trate de la preocupación del nuevo presidente estadounidense de calmar las aprensiones relativas a sus orígenes étnicos y religiosos, un mestizo de padre keniano de confesión musulmana, la concentración sin precedentes de personalidades pro israelíes en el núcleo duro de la presidencia de Obama plantea con toda intensidad, en cualquier caso, se quiera o no, voluntaria o involuntariamente, por las buenas o por las malas, la cuestión del margen de maniobra del que dispone el presidente de EEUU para definir su propia política con respecto a Oriente Próximo

El enfoque occidental podría enfrentarse también a la nueva configuración regional resultante de la convergencia entre Irán, Siria y Turquía sobre el problema kurdo, su detonador común, al efecto de fortalecer su cooperación interregional para mantener una paridad diplomática frente al eje israelí-estadounidense y su prolongación egipcia-saudí. Irán, Siria y Turquía, que disponen de fuertes minorías kurdas, son hostiles a la idea de que el Kurdistán iraquí sirva de plataforma estadounidense de desestabilización regional. La nominación del kurdo Mohammad Reza Rahimi Ghorve’ei, profesor de Derecho de la Universidad Azad-Teherán y ex gobernador del Kurdistán iraní, para el puesto de Viceprimer Ministro del gobierno de Mahmud Ahmadinejad, expresa esta preocupación.

En previsión de ese momento, tanto Israel como Irán han multiplicado los actos de autoridad, en lo que aparece como una demostración de fuerza para el liderazgo regional mientras el campo árabe parece marginado por su fragmentación y los dos países musulmanes no árabes de la zona, Turquía por cuenta suní, e Irán por cuenta chií, intentan suplir la debilidad del liderazgo árabe y se esfuerzan para imponerse como interlocutores inevitables del campo occidental.

Irán ha cerrado filas reprimiendo duramente las protestas electorales que siguieron a la renovación del mandato del presidente Mahmud Ahmadinejad, y, en desafío a las conminaciones de la ONU, prosigue a ritmo sostenido un programa de enriquecimiento de uranio cuyos objetivos, afirma, son civiles, mientras que los occidentales temen que tenga una finalidad militar.

En su último informe, la Agencia Internacional para la Energía Atómica (AIEA) estableció que Irán había acumulado 1.339 toneladas de uranio débilmente enriquecido, un volumen suficiente para producir el uranio altamente enriquecido necesario para la fabricación de una bomba nuclear, aunque la Agencia aseguraba que no había «ninguna prueba de que Irán esté intentado fabricar un arma nuclear».

Además, Irán se ha asegurado, en el plano militar, una base de organización en el puerto de Assab, Eritrea, en la desembocadura del golfo árabe-pérsico, y en el plano político se ha dotado de un temible negociador del asunto nuclear, en la persona de M. Ali Akbar Saléhi, su ex embajador en la agencia atómica de Viena. Licenciado en Física (promoción de 1977) por la prestigiosa universidad estadounidense del MIT (Massachusetts Institute of Technology), el nuevo jefe de la organización iraní de la energía atómica es un hombre de experiencia, buen conocedor de los expedientes, forjado en los entresijos de las negociaciones de la alta tecnología y las consiguientes maniobras diplomáticas. Bajo la presidencia de Mohammad Khatami, firmó con la Agencia un protocolo adicional que refuerza el control de los organismos internaciones sobre la producción iraní.

Colocado el 19 de julio de 2009 al frente de la OIEA, Saléhi supervisará el programa nuclear iraní, que se prepara para entrar en una fase operacional en Bouchehr (sur). El primer reactor nuclear del país, construido y alimentado de combustible por Rusia, deberá entrar en servicio a finales de año, mientras que en Natanz (centro), 5.000 centrifugadoras ya han permitido acumular más de 1,3 toneladas de uranio débilmente enriquecido (UFE), una cantidad suficiente para alimentar en combustible a eventuales centrales nucleares, en la hipótesis de un paso a la producción de la primera bomba atómica iraní.

Israel, por su parte, decretó la «desarabización» de los nombres de 2.500 (dos mil quinientas) ciudades y pueblos árabes de Israel , ha prohibido la conmemoración de la Naqba, la pérdida de Palestina en 1948, borrando además ese término de los libros escolares, y ha acelerado la colonización de Cisjordania y del sector árabe de Jerusalén, ansioso por volver irreversible la situación en el mapa catastral, con el telón de fondo de importantes maniobras aeronavales.

Dos ataques de acción a larga distancia sobre Sudán, con la excusa de un cargamento de armas para Hamás, y otro por encima de la cordillera siria, tuvieron lugar en enero de 2009, en el momento de la entrada en funciones de Barack Obama. Por otra parte, dos cruceros lanzamisiles israelíes de tipo sagger y un submarino de tipo dolphin, portadores de cargas nucleares, cruzaron el canal de Suez en julio de 2009, en dirección al mar Rojo, mientras la flota de los bombarderos israelíes efectuaba un entrenamiento de largo alcance a finales de julio en el desierto de Nevada (EEUU), paralelamente a las operaciones de desestabilización llevadas a cabo desde la zona «kurdófona» de Iraq, tanto por los estadounidenses como, presumiblemente, por los israelíes. Por otra parte, se ha aprobado una subvención del orden de 20 millones de dólares a la USAID (Agencia de Estados Unidos para el desarrollo internacional), próxima a la CIA, para «favorecer la democracia y los derechos humanos en Irán».

Esas maniobras aparecen tanto como una demostración de fuerza frente a Irán, como una intención de presionar a los países occidentales con el objetivo de mantener la cuestión nuclear iraní a la cabeza del orden del día en la agenda diplomática internacional, en detrimento de otros asuntos altamente prioritarios, como el programa nuclear norcoreano, que está más avanzado que el iraní, el hundimiento estadounidense en Afganistán o incluso la recesión económica mundial.

La cruzada israelí contra Irán es doble: evitar una posible amenaza iraní y librarse de sus compromisos internacionales relativos al arreglo de la cuestión palestina. Comparable por su intensidad a la campaña de movilización contra Iraq hace cinco años, esta ofensiva mediática-militar israelí, que relega a un segundo plano la resolución del conflicto israelí-palestino, está dirigida, de forma subyacente, a aclimatar a la opinión pública internacional al hecho consumado de la anexión de Palestina, con el fin de restaurar el prestigio israelí empañado por sus repetidos fracasos tanto contra Líbano en 2006, como contra el enclave palestino de Gaza en 2008-2009. Ésta es, al menos, una de las posibles interpretaciones que se barajan en cuanto a la focalización israelí sobre Irán.

De rebote, Irán ha adquirido una dimensión de potencia regional gracias a la política errática de Estados Unidos tanto en Afganistán como en Iraq, donde sus rivales ideológicos, los radicales talibanes suníes y el laico baasista iraquí Sadam Husein fueron eliminados por su antiguo protector estadounidense.

Irán pretende que se reconozca su lugar en el concierto regional, que de hecho es el que le corresponde desde hace treinta años, cuando los estadounidenses confiaron al Sha de Persia el papel de «supergendarme» en el Golfo, presa en aquella época de la rebelión comunista de Dhofar (Sultanato de Omán) y de las protestas nacionalistas del «Frente de Liberación Nacional de la Penísula Arábiga», tanto en Arabia Saudí como en el Yemen y en los emiratos petroleros.

Con ese espíritu, Irán ha reafirmado su derecho inalienable a la nuclearización, y el 11 de septiembre propuso una negociación global con el grupo de contacto para tratar todos los aspectos que le enfrentan a los países occidentales desde hace treinta años, tanto el embargo que azota a la República Islámica como los activos iraníes bloqueados en Estados Unidos, del orden de varios miles de millones de dólares, el papel regional de Irán y la cooperación relativa a la seguridad en Iraq y Afganistán.

Su enfoque tropieza de frente con opción saudí-egipcia y, dejando obsoleta esa opción, plantea el problema de la pertinencia de las opciones estratégicas del grupo de los Estados árabes situados en la órbita estadounidense. Así, Egipto ha tenido que renunciar a la opción nuclear, bajo la presión de Washington, a cambio de una ayuda anual de mil millones de dólares y dejando, de hecho, el control del espacio estratégico de Oriente Próximo a la aviación israelí.

En desequilibrio frente a la opinión pública, de la que podrían temer un desbordamiento, se ha autorizado a Egipto y Jordania para que a finales de año emprendan la producción nuclear para uso civil bajo control estadounidense, con lo que han acumulado un retraso tecnológico de cincuenta años con respecto a su vecino israelí. La propia Liga Árabe se ha comprometido en agosto, a un mes de la reunión anual de la Asamblea General de las Naciones Unidas, en una ofensiva diplomática dirigida a obligar al Estado hebreo a firmar el Tratado de No Proliferación Nuclear.

Parece difícil que un posible conflicto pueda limitarse a dos antagonistas, a juzgar por la proximidad de los contendientes, la de los demás protagonistas del conflicto, el despliegue militar occidental y ruso en la zona y los riesgos de incendio generalizado que implicaría semejante enredo.

Pero, curiosamente, semejante hipótesis nunca ha dado lugar a una propuesta de desnuclearización total de Oriente Próximo que sería, sin embargo, la forma más perfecta de la no proliferación reclamada por los países occidentales. Hasta la fecha, Estados Unidos, que dispone de importantes bases en la zona (Iraq, Qatar, Bahrein, Kuwait, Omán, Djibuti y Diego García) ha garantizado a Israel el apoyo del «ejército más poderoso del mundo», según la expresión de Hillary Clinton, secretaria de Estado que amenazó a Irán con extender el escudo antimisiles al conjunto de los países del Golfo, aliados de Estados Unidos, con el fin de neutralizar su disuasión balística .

Un bloqueo del estrecho de Ormuz, por el que pasa un tercio del tráfico energético mundial, al alterar gravemente el suministro a los países industrializados, podría agravar la recesión económica mundial y debilitar profundamente todo el sistema político internacional.




La hora de Honduras.

Rebelión...23/09/2009


Avanzar hasta el final: esa es ahora, para las víctimas de la usurpación, la prueba decisiva. Zelaya logró regresar al fin a Tegucigalpa y mantenerse en su suelo, momentáneamente al amparo de la inmunidad del asilo diplomático, y del respaldo decidido de su pueblo, cuya movilización por sacudirse el desatino golpista no ha cejado en ochenta y siete días, y se congrega ahora ante la embajada. Los días que vienen serán días decisivos. El paso para que Mel junte su tiempo al tiempo de la historia se ha puesto a la vista. Ya no hay cabida para retrocesos: el más mínimo signo de inseguridad podría tirar ahora por la borda el sacrificio del pueblo hondureño. A la comunidad internacional le toca solamente respaldar en voz alta y sin descanso los caminos que allanen la realización de la voluntad popular. En los foros internacionales y en las plazas públicas. Mostrar que el repudio a los golpistas no ha perdido vigor, y que no hay perdón para la escualidez entreguista.

La administración Obama se juega su credibilidad ante la América Latina con este test definitorio que reclama, de su parte, la retirada total e incondicional de cualquier gesto de reconocimiento o apoyo a los golpistas. En el plano político, en el militar y en el económico, lo que implica también en el diplomático, por ser el rostro de todo lo demás. No lo hizo con claridad y coherencia desde el comienzo, y prefirió concentrar su influencia en promover una negociación que siempre se mostró inviable. La esperanza de Washington en la propuesta de San José ha perdido sentido, si es que alguna vez lo tuvo, al ser sistemáticamente desestimada por los golpistas, y ganar fuerza las demandas del pueblo, que incluyen la restitución incondicional del presidente, y la prórroga de las elecciones presidenciales por el tiempo que haya durado el despojo golpista. Y ahora todavía más, la convocatoria de una Asamblea Constituyente. La votación por la cuarta urna se está dando en las calles de las ciudades del país.

En cualquier caso, no hay que confiar ya en los resultados de la buena fe del presidente Obama para actuar con cordura de cara a la crisis hondureña, después de conocerse del acuerdo de las siete nuevas bases militares de los Estados Unidos en Colombia. Habrá que pensar con dolor en prepararse incluso para la masacre, si los usurpadores persisten, porque el presidente de Honduras, el único legítimo, no está en la embajada de Brasil para perpetuar su asilo, sino para franquear la puerta que le separa del pueblo y de la nación y volver a gobernar como le corresponde. Quizás por vez primera esté viviendo nuestra América el espectáculo de un presidente depuesto que no se asila para escaparse del peligro de las armas golpistas, sino para retornar a poner su vida en juego por el mandato que su pueblo le confirió.

La crisis hondureña no resultó el paseo que oligarcas y militares desleales a la Constitución habían previsto. Expulsar al presidente no proporcionó está vez una coartada de legitimación. Honduras se ha convertido de pronto en clave definitoria para la defensa de la voluntad política que los pueblos de nuestra América han convertido en transformación práctica y experimento social. Los oprimidos de la sociedad hondureña han demostrado comprenderlo y no estar dispuestos a plegarse a la usurpación.

La actuación de los organismos internacionales no puede demorar más. Las fuerzas militares se declaran dispuestas a todo, y todo es matar, y matar en masa y no de uno en fondo. Como suele suceder en estos casos, los usurpadores han terminado por creerse legitimados por la fuerza. En el fondo el apoyo tácito envuelto en las inconsistencias mostradas desde Washington y la pantomima de Oscar Arias les han ayudado a ello.

No obstante, la masacre puede aun impedirse, aunque está claro que no podría ser a costa de reconocimiento de tipo alguno a los usurpadores. En realidad, nada habría que negociar con ellos y el pueblo hondureño lo sabe. Ni en modo alguno se justificaría dejar la apariencia de que les toca poner las reglas de la solución. Son ellos quienes tendrían que someterse al rigor de la justicia, y de ningún modo el presidente legítimo, como pretenden. Ellos los que deberán estar sujetos a gestos de clemencia…, si en definitiva se los ganan.



2 muertos, 30 heridos y cientos de detenidos
Se recrudece la represión militar en Honduras

Rebelión/Adital/Agencias---23/09/2009


Ya son cerca de 300 los detenidos tras la violenta represión militar y policial que en la mañana de ayer martes se produjo contra la manifestación pacífica de miles de hondureños que celebraban la entrada del presidente Manuel Zelaya al país. Zelaya obtuvo refugio en la embajada brasileña de Tegucigalpa a la que se cortó el agua, la luz y el teléfono, decretando por parte del gobierno golpista el toque de queda en la ciudad.

Los detenidos están siendo trasladados al complejo deportivo José Simón Azcona, en uno de los extremos de la ciudad donde ya hay centenares de heridos y, según Vía Campesina, tres personas asesinadas. En la madrugada hondureña, los cuerpos represivos hicieron uso de armas de fuego, bombas de gas lacrimógeno, gas pimienta y balas de goma contra las personas que se encontraban frente a la embajada brasileña.

Por su parte, el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, pidió ayer al gobierno de facto hondureño que respetase la Embajada de Brasil en Honduras. El mandatario brasilero también conversó con el Presidente constitucional hondureño, Manuel Zelaya, y le pidió que no diese motivos para que las fuerzas de seguridad invadieran el lugar donde está refugiado.

Roberto Micheletti, por su parte, declaró estar en contra de la postura del gobierno brasileño. De acuerdo con informaciones del diario local "El Heraldo", a las 5h de la tarde de ayer, Micheletti se pronunció en cadena nacional de radio y televisión pidiendo a la población hondureña que mantuviera la calma y a Brasil que entregue a Zelaya.

"Hago un llamado al gobierno de Brasil para que respete la orden judicial dictada contra el señor Zelaya, entregándolo a las autoridades competentes de Honduras; el Estado de Honduras está comprometido a respetar los derechos del señor Zelaya en el debido proceso", afirmó.

Visita de Insulza


El Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA), José Miguel Insulza, que tenía que viajar a Tegucigalpa para otro intento de negociación, no visitará finalmente el país. De acuerdo con informaciones de Telesur, el Secretario de la OEA afirmó que no podrá viajar a Honduras. "No hay vuelos a Tegucigalpa", afirmó. Según Insulza, todos los aeropuertos del país están cerrados por orden de Micheletti.

Prosiguen las protestas

«Están utilizando el pretexto del toque de queda para entrar en las colonias más humildes», explicaba el periodista Tim Russo, añadiendo que incluso habían arrojado gases dentro de las casas. Pese a las medidas represivas, los hondureños, siguiendo la tónica de los últimos 87 días, se han echado a la calle para reclamar la restitución del presidente constitucional y montar barricadas que impidieran el paso de las patrullas motorizadas de la Policía que realizaron dichas redadas en los diferentes barrios de Tegucigalpa.

Sobre las expectativas de Zelaya en el devenir de la (hasta ahora) insuficiente actuación de la comunidad internacional, Thomas, periodista del programa «Democracy now», explicó que el presidente electo «confía en que se actúe con determinación» contra Micheletti, pero remarcó que también tiene una gran confianza «en el pueblo, que ha mantenido su lucha a lo largo de estos 86 días».

Vía Campesina en Honduras reporta dos personas fallecidas, más de 30 heridos y cientos de detenidos, producto de la brutal represión que fue objeto hoy a tempranas horas del día las y los manifestantes de la resistencia que se encontraban afuera de la embajada de Brasil.

Esdras Amado López, periodista de Canal 36 que en estos momentos se encuentra solo funcionando el audio, informó que el ejército hondureño tomó por asalto las instalaciones de la Empresa Nacional de Energía Eléctrica (ENEE), por tanto son muchas las comunidades y municipios que se encuentran sin el servicio de energía eléctrica y sin agua potable; así, este régimen militar tiene sometida a toda una población indefensa.

Muchos ciudadanos están denunciando a través de Radio Globo que la persecución es tanta, que llegan a las casas y no solo están capturando a personas que están cerca de la embajada, pues ya se dispersó la mayor parte de gente; ahora están yendo a barrios y colonias capitalinas, principalmente donde viven maestros y personas de la resistencia para capturarlos. De última hora, se supo que capturaron a la abuela de la resistencia, doña Dionisia Díaz, la anciana de 75 años que desde hace 86 días ha estado apoyando incansablemente, acompañando a la resistencia en las diferentes actividades, y sin respetar su condición de anciana le violentaron sus derechos, le amedrentaron, la llevaron presa no se sabe para donde.

Se informó que una de las personas fallecidas era un empleado del Instituto Nacional Agrario (INA); la otra persona aún no se sabe de quién se trata. También la ciudadanía hondureña está denunciando que muchos de los heridos están siendo sacados por la policía de los hospitales públicos y no se sabe a donde los están llevando. La comunicación esta difícil: los pocos medios que informan a la población, a cada momento son sacados del aire.

martes, 22 de septiembre de 2009




Honduras: ¿el principio del fin?

Rebelión...22/09/2009


Zelaya ya está en Tegucigalpa y su ingreso a Honduras, burlando las “medidas de seguridad” instaladas a lo largo de la frontera, debería marcar el comienzo del fin del régimen golpista. Son varias las razones que fundamentan esta esperanza, que sucintamente se exponen a continuación.

Primero, porque los gorilas hondureños y sus instigadores y protectores en Estados Unidos (principalmente en el Comando Sur y el Departamento de Estado) subestimaron la masividad, intensidad y perseverancia de la resistencia popular que día tras día, sin desmayos, manifestaría su oposición al golpe de estado. En realidad tamaño rechazo no estaba en los cálculos de nadie, si nos atenemos a la historia contemporánea de Honduras. Pero el nuevo rumbo decidido por Zelaya: su positiva respuesta ante largamente postergados reclamos populares y la reorientación de su inserción internacional en el marco del ALBA tuvieron un efecto pedagógico impresionante y desencadenaron una reacción popular inesperada para propios y ajenos.

Segundo: el régimen golpista demostró ser incapaz de romper un doble aislamiento. En el frente interno, quedando cada vez más en evidencia que su base social de sustentación se reducía a la oligarquía y algunos grupos subordinados a su hegemonía, incluyendo los medios de comunicación dominados sin contrapeso por el poder del capital. Además, el paso del tiempo lejos de debilitar la resistencia popular lo que hizo fue acotar cada vez más el apoyo social al régimen. En el flanco internacional el aislamiento de Micheletti y su banda es casi absoluto: salvo poquísimas excepciones toda la América Latina y el Caribe retiró sus embajadores, y lo propio hicieron varios de los países más gravitantes de Europa. La misma OEA adoptó una línea dura en contra del régimen y, a poco andar, el único apoyo externo con que contaba el gobierno provenía de Estados Unidos. Este sin embargo, siguió una trayectoria declinante que se fue acentuando con el paso del tiempo: desde la negación de visados al personal diplomático acreditado en Washington hasta medidas cada vez más exigentes en contra del propio Micheletti y sus colaboradores.

Tercero, porque las ambiguas políticas del gobierno de Estados Unidos -producto de la puja interna dentro de la administración- que facilitaron la perpetración del golpe de estado fueron lentamente definiéndose en una dirección contraria a los intereses de los usurpadores. Si el inicial rechazo al golpe manifestado por Obama fue luego atenuado y entibiado por su antigua (¿y actual?) rival, la Secretaria de Estado Hillary Clinton, el carácter indisimulablemente retrógrado de Micheletti y su entorno así como la interminable sucesión de exabruptos e insultos dirigidos a Obama cada vez que la Casa Blanca expresaba alguna crítica a Tegucigalpa y su manifiesta incapacidad para construir una base social, fueron lentamente inclinando el fiel de la balanza en contra de las posturas amadrinadas por la Secretaria de Estado y creando una atmósfera cada vez más antagónica en relación a los golpistas.

Cuarto y último: el régimen instaurado el 28 de Junio constituye un serio dolor de cabeza para Obama. En primer lugar, porque desmiente enfáticamente sus promesas de fundar una nueva relación entre Estados Unidos y los países del hemisferio. El apoyo inicial al golpe, puesto de manifiesto en la obstinada resistencia de Washington a caracterizarlo como un “golpe de estado”, la tibieza de la respuesta diplomática y la indiferencia ante las gravísimas violaciones a los derechos humanos perpetrada por Tegucigalpa dañó seriamente la imagen que Obama quería establecer en América Latina y el Caribe. La continuidad del régimen golpista haría aparecer a Obama como un político irresponsable y demagógico o, peor aún, como alguien incapaz de controlar lo que hacen y dicen sus subordinados en el Pentágono, el Comando Sur y el Departamento de Estado. Y esto se liga con otro asunto, el segundo, sumamente importante y que excede el marco de la política hemisférica: su credibilidad en la arena internacional. Al demostrar su impotencia para controlar lo que ocurre en su “patio trasero” los gobernantes de otros países –especialmente la China, Rusia y la India- tienen razones para sospechar que tampoco será capaz de controlar a los sectores más belicistas y reaccionarios de Estados Unidos, para quienes sus promesas de alentar el multilateralismo equivalen a una capitulación incondicional ante sus odiados enemigos. Esto es particularmente grave en momentos en que Obama está negociando con Rusia un nuevo acuerdo para reducir el arsenal nuclear de ambos países, algo que Washington necesita tanto o más que Moscú debido a la hemorragia económica producida por las guerras en Irak y Afganistán y al incontenible déficit fiscal norteamericano. El fracaso de este acuerdo tendría un costo económico enorme sobre el presupuesto público en momentos en que ese dinero se necesita para aventar los riesgos de una profundización de la crisis económica estallada en el 2008. Pero para persuadir a los rusos de que su plan de reducción de armamentos es viable tiene primero que demostrar que está en control de la situación y que sus halcones dentro del Pentágono no le quebrarán la mano. Cada día que permanezca Micheletti en el poder equivale a un mes más de difíciles conversaciones con Medvedev y Putin para convencerlos de que sus promesas se traducirán en hechos. Porque, si no puede controlar a los suyos en Honduras, ¿podrá hacerlo cuando se trate de una cuestión estratégica y vital para la seguridad nacional de Estados Unidos?





"El principal interés es romper el ALBA"

La economista Ana Esther Ceceña sobre el golpe de estado en Honduras y el panorama latinoamericano.

22/09/2009


Ana Esther Ceceña es Licenciada en Economía en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y Doctorada en Relaciones Internacionales de la Universidad de París I, La Sorbona. Es Investigadora del Grupo de Trabajo Economía Internacional de CLACSO, con sede en Río de Janeiro, Brasil.

¿Qué importancia estratrégica tiene Honduras para los Estados Unidos?

Honduras es importante por estar ubicado geográficamente entre México y Colombia, cuando hablamos de un bloque militarizado en proceso, que correspondería a México, Colombia- y Perú. Éste constituye una ‘correa’ de transmisión en América, a través del cual los Estados Unidos quiere contener los procesos de transformación en América Latina. En el año 2000 se inició todo este proceso de contención. Lo primero que se hizo fue implantar el Plan Colombia. Inicialmente con Ecuador y Perú. Hoy Ecuador está fuera pero este plan de militarización.

En países latinoamericanos como Colombia, México y Perú se han estado desarrollando muchas prácticas militares, como productos de compromisos de estos gobiernos con los Estados Unidos. Hay tareas de capacitación que han estado haciendo Estados Unidos con los cuerpos de seguridad de estos países. Pero hoy además, con el nuevo acuerdo con Colombia, la capacitación en contra “el terrorismo y el narcotráfico” se hace de manera directa, incluso sin la participación de Estados Unidos. Por ejemplo, Colombia capacita cuerpos de seguridad mexicanos porque tiene mucho más experiencia, más historia en toda esta lucha. Y así, de esta forma, los Estados Unidos están homogenizando las políticas y las prácticas de contrainsurgencia con la excusa de “combatir el terrorismo y el narcotráfico”, según lo que ellos dicen.

De ahí que les faltaba un eslabón en el área centroamericana. El golpe de Estado en Honduras, podría puede justamente constituir este eslabón. Por otro lado, Honduras constituye un punto importante en el ALBA, cosa que es una de las grandes preocupaciones de los Estados Unidos. La lucha norteamericana consiste en desiquilibrar las posibilidades de consolidación latinoamericanas y de crecimiento del ALBA. Y por eso golpea por el punto más débil que es “Honduras", con el fin de la articular este eslabón en el bloque México-Colombia-Perú.

¿ Cuáles son los principales intereses de Estados Unidos en la región?

Creo que el principal interés es romper el ALBA y amenazar los procesos que se dan en Venezuela, Bolivia y Ecuador. Estos procesos se están dando muy rápidamente, tanto así que pone en aprietos a los Estados Unidos, porque hace políticas contrarias a ellos. Están limitando la entrada de las transnacionales y se están perfilando direcciones que apuntan a restriciones mucho mayores. Por ejemplo en el caso de la minería en Ecuador o del gas en Bolivia. Eso les preocupa muchísimo a Estados Unidos y, por lo mismo, uno de sus intereses inmediatos es romper la solidez de estos procesos en la zona.

Venezuela, de algún modo, es el eje articulador de toda esta otra unidad del ALBA. Es un país muy rico en petróleo, lo que le permite dar apoyo a este tipo de procesos. El petróleo también interesa a los Estados Unidos ya que es un país que tiene demandas energéticas muy grandes y que vive una crisis energética desde hace ya varios años. Según informes del Departamento de Energía de los Estados Unidos, el año 2015 será un año límite. Venezuela tiene, además del petróleo que se ha explotado en la faja del Orinoco, una riqueza petrolera incluso mayor que la de Arabia Saudita. Tener “una Arabia Saudita” en este continente, que es considerado por los Estados Unidos como su espacio vital de reproducción, es algo valiosísimo. De ahí que, por supuesto, haya una disputa muy fuerte del porqué y del cómo usar este petróleo. Estados Unidos quiere disponer de esto como parte de sus acervos. Esto es un elemento de disputa muy fuerte.

¿ Actualmente, cuál es el mayor riesgo en la región?

En este momento, el problema que se tiene es que esta escalada que se inició en realidad en marzo del 2008 con el bombardeo Colombiano al norte de Ecuador, aunque podrímos decir, en realidad, por parte de los Estados Unidos con la mediación de Colombia. Este acontecimiento marcó una nueva etapa, hablando de las relaciones de Estados Unidos con América Latina. Aunque hubo un cambio de gobierno de gobierno en los Estados Unidos, en realidad, se trata de una política de estado que sufre “algunos cambios”, “matices”, pero que se ha mantenido. Hoy está muy claro y queda en evidencia el nuevo acuerdo entre Colombia y Estados Unidos. Hablamos de la legalización del uso de las bases militares por parte de las fuerzas armadas de los Estados Unidos. Esta es una amenaza mucho mayor, incluso mayor a la que se deja ver en el conflicto de Honduras, en el cual se se busca encontrar argumentos para derrocar a un gobierno constitucional, haciendo pasar esto como un restablecimiento de la democracia.

En el caso de acuerdo con Colombia, no hay ni siquiera una argumentación de este tipo, porque en el acuerdo con Colombia se da por sentado que hay la posibilidad que en América haya varios “estados fallidos” - según la política de seguridad del gobierno de George W. Bush. Hoy se establece que algunos estados, incluso con un funcionamento regular, sólo por colapso momentáneo, pueden pasar a ser “estados fallidos”, según la definición estadounidense. Entonces los Estados Unidos buscan la manera de hacer de Ecuador y sobre todo de Venezuela “estados fallidos.”

Al presidene ecuatoriano se le intentado recientemente involucrar directamente a la FARC. También se ha buscado un modo de involucrarlos con algunos actos de corrupción - cosa que no se ha logrado comprobar en ninguno de los dos casos. Por otro lado, se ha intentando convencer que la frontera entre Colombia y Ecuador es una frontera porosa, una frontera en la que se realizan actividades ílicitas, que no se pueden controlar y, en consecuencia, ponen en riesgo la seguridad del continente.

Una cosa similar se está haciendo hoy con Venezuela. Ahora se está diciendo que el Presidente Chávez ha proporcionado ayuda a la FARC, que en la frontera entre Colombia y Venezuela hay narcotráfico de ambas partes y que, por lo tanto, en esa frontera se perfila una situación de conflictos transfronterizos.

En estos momentos estamos en una situación realmente muy peligrosa en América Latina. Yo creo que en nuestra historia han habido pocos momentos tan peligrosos como éste, por todo lo que implica la militarización del continente. Es decir, a partir del momento que se da luz verde al establecimiento de estas acciones militares, en América Latina se perfila un panorama bastante riesgoso, porque nada nos dice que mañana no va a ocurrir lo mismo con Venezuela, en la frontera con Colombia. Estas prácticas pueden llevar realmente a un desastre político, social y ecológico que haga retroceder los procesos democráticos que han avanzado muy difícilmente en América Latina.



Oliver Stone, Hugo Chávez y la ex-izquierda mediática

Sin Permiso...22/09/2009


Está indignado Pierluigi Battista, el vicedirector del Corriere della sera. Un "ex" del Manifesto en tiempos lejanos (¡también él!) que, de mayor y tras sentar cabeza, al igual que aquel otro cuyo nombre es preferible callar, cada vez que oye pronunciar la palabra cultura –si de cultura de izquierdas se trata—, siente la tentación de echar mano a la pistola. Su pistola metafórica son los indignados artículos disparados contra presidentes, líder, escritores, personajes de más o menos relumbre y gente más o menos común que, tal como ha sucedido en Venecia, se postran "a los pies del caudillo".

En esta ocasión Battista se las tiene con el venezolano Hugo Chávez, con el director de cine Oliver Stone, con "la gente del cine que reverencia al dictador en ciernes" y, acogido en su dulce manida, acude solícito a secundar la deriva berlusconiana que ha adoptado también el viejo
Corriere del "ex" Ferruccio de Bertoli, arremetiendo contra la "cultura de izquierdas que aquí grita contra el régimen, pero no sabe ver la liquidación de todo contrapeso democrático en Venezuela".

El hecho es que el
Corriere fue el único diario italiano que "abrió portada" con el escándalo del festival: "Venecia se postra ante Chávez". El prestigioso Corriere les siega la hierba bajo sus pies a periodicuchos del tipo Libero y Periódico de familia.

Con una novedad. En otro tiempo el
Corriere creaba escuela, al menos en lo tocante a seriedad. Siempre desde una determinada toma de partido, pero estaba informado y era creíble. No hasta el grado del Times de Londres, que era artículo de fe ante los mismos tribunales, pero casi. Actualmente no le queda ya credibilidad alguna. Battista delira al hablar, y también al escribir, soltando una impresionante retahíla de chabacanerías. Habla de "una historia trágica que permanece, muda en el fondo", y pasa por alto que en Venezuela la totalidad de los principales medios de comunicación escritos y televisivos sigue en manos de la oligarquía "de antes", aquella que había hecho de la "Venezuela saudita" un país con un 80% de pobres.

Habla de "una pequeña burguesía reducida al hambre, como consecuencia de la expropiación revolucionaria", omitiendo que en Venezuela la única que no ha padecido hambre jamás es la burguesía, pequeña o grande, y que las expropiaciones cuyo fin es recuperar parte de los recursos saqueados durante los años del neoliberalismo que a Battista (y a Vargas Llosa, uno de sus ídolos) tanto le gusta, han sido religiosamente pagados hasta el último céntimo a sus propietarios, a menudo a precios superiores a los del mercado. Habla de "la liquidación de todo contrapeso democrático en Venezuela", cuando existen todavía, en aquel país, televisiones privadas que incitan lisa y llanamente a asesinar al presidente de la República (y esto vale también para Staino que, en
l´Unità, se atreve a presentar en la viñeta al viejo y afónico Bobo diciendo: "Hugo Chávez en Italia", y la nenita le responde: "¿Cómo crítico cinematográfico o como experto en libertad de prensa?"). Pero volviendo al Corriere, ¿Battista y los demás saben, acaso, qué es Venezuela? ¿Saben qué es lo que ha sucedido durante estos años en América Latina? Puede que no lo sepan. O puede que sí. Y resulta que no les gusta.
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Maurizio Matteuzzi es el editorialista para asuntos internacionales del cotidiano comunista italiano Il Manifesto.

Traducción para www.sinpermiso.info: Joaquín Miras
Fuente original: http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=2765

lunes, 21 de septiembre de 2009





Los estados canallas latinoamericanos.

La Jornada...21/09/2009



¿De qué otra forma puede denominarse a los estados cuyos principios tienen como fin cometer premeditadamente actos viles contra sus semejantes? La definición, propia del diccionario del uso del español de María Moliner, subraya: es el epíteto más duro aplicable contra un ser humano. Trasladado a un comportamiento de contenido político podría definir decisiones soeces colectivas tomadas conscientemente contra los conciudadanos. En este sentido, nos estamos refiriendo al cúmulo de medidas apoyadas por leyes, decretos y normas cuyo objetivo consolida en el poder a una elite plutocrática que se adueña de los recursos naturales, del gobierno, de las instituciones, del territorio en beneficio propio. Para conseguirlo no escatima esfuerzos represivos. Deja sin trabajo a millones de conciudadanos. Entrega la soberanía a potencias extranjeras para justificar guerras contrainsurgentes, antiterroristas o asesinar opositores. Vende, subasta o alquila a las empresas trasnacionales las riquezas del subsuelo y los mares a precio de saldo. Aplica políticas excluyentes, fomentando el miedo y la represión como estrategia de gobierno.

Sus hacedores se sienten cómodos practicando dichos principios. No les duelen prendas a la hora de esquilmar las arcas públicas en favor de sus amigos banqueros y empresarios. No sienten vergüenza si cobran comisiones por la realización de grandes megaproyectos inmobiliarios, construcción de autopistas o embalses. Reniegan de la inversión pública para salud o educación.

En el Estado canalla, la corrupción es una forma aceptada de convivencia social. No hay sanción política, sólo judicial y en casos extremos. Muy raramente se produce la inhabilitación de los imputados. La corrupción se configura como un engranaje desde el cual se proyecta la acción del Estado. La función pública se considera subsidiaria de la gestión privada, y pasa a regirse por los principios del beneficio económico. La aplicación de leyes redactadas ex profeso a tales efectos es la demostración de lo dicho. Cuando no es así, se da rienda suelta a los despachos de asesores jurídicos para otorgar cobertura a la violencia de Estado.

No hay que ir muy lejos para constatar el recorte de las libertades civiles y de los derechos democráticos de la población, sean obreros industriales, trabajadores autónomos, campesinos, mujeres o pueblos originarios. Se congelan sueldos, se fomenta el despido libre, la flexibilidad laboral y de paso se amenaza con el fin de las pensiones y los derechos laborales adquiridos durante décadas, por no decir siglos, como las pagas extraordinarias, el descanso dominical o el jornal de ocho horas diarias. Tampoco cumplen el principio: igual trabajo igual remuneración para hombres y mujeres. Las formas democráticas de negociación, mediación, participación, representación y coacción brillan por su ausencia.

Si vamos poniendo cara a estas políticas podemos visualizar posibles estados que caen bajo la denominación genérica de estados canallas. Colombia cede parte de su soberanía territorial y permite el uso de bases militares a Estados Unidos. Asimismo, con el pretexto de luchar contra el narcotráfico y la guerrilla, instaura un proyecto de democracia protegida donde las fuerzas armadas y los paramilitares se transforman en verdugos de su pueblo, asesinando campesinos, sembrando el terror en las ciudades y asesinando a quienes los denuncian. Colombia es el país, junto a México, donde más periodistas caen víctima de atentados por parte de los sicarios del Estado. Igualmente, en México, asistimos a una unión entre clase gobernante y mafia de narcotraficantes tendiente a destruir la conciencia nacional, desvirtuar la historia y avanzar en la política de exterminio de los pueblos indígenas. La guerra contrainsurgente contra el EZLN y sus comunidades, la acción calculada al milímetro para desarticular las organizaciones campesinas y la venta del país a la banca extranjera y las trasnacionales le sitúan en un lugar de privilegio como Estado canalla. En Chile se criminaliza la lucha del pueblo mapuche; aplicando la ley antiterrorista, es considerado un enemigo contra la seguridad nacional. Hay más de 200 líderes mapuches encarcelados bajo la política instaurada con el gobierno de Ricardo Lagos llamada Nuevo Trato y continuada por Michelle Bachelet. Una forma eufemística de expulsarlos de sus tierras y facilitar la represión bajo el allanamiento de sus hogares sin orden judicial, consumando las amenazas de detención y las acciones punitivas de las organizaciones paramilitares de los latifundistas y hacendados, entre ellos ni más ni menos que el ex ministro de la concertación Enrique Krauss, latifundista e impulsor de la aplicación de la ley pinochetista. También, el control de la prensa por parte de dos grupos monopólicos y la elite política demuestra la nula libertad de expresión y el miedo a la libertad de prensa. El caso Clarín lo atestigua. En Honduras tenemos otra demostración. El gobierno de facto, nacido de un golpe de Estado, instaura un orden ilegítimo, donde Roberto Micheletti es reconocido por una parte de la clase dominante interesada en proteger sus intereses y propiedades en contra del pueblo, que pide a voces el retorno del presidente constitucional. Las fuerzas armadas reprimen y asesinan selectivamente, dando la imagen de estabilidad con argumentos de ficción. En Perú se hacen oídos sordos a las demandas de autonomía de los pueblos originarios y se les combate para favorecer las prospecciones petroleras de las grandes compañías trasnacionales.

En todos los casos citados se toman decisiones cuya voluntad política va contra las clases populares; es decir, contra una mayoría de la población. Lo más significativo de los nuevos estados canallas se encuentra en la administración autocrática de lo cotidiano. Por este motivo no estamos hablando en América Latina de estados fallidos, sin capacidad de gobernar o escaso poder institucional. Por el contrario, son gobiernos fuertes, y se fundamentan en el desprecio por la democracia. Es la forma más perfecta de ejercer el poder una vez consolidada la refundación neooligárquica del orden político.